lunes, 23 de abril de 2018

Petro va ganando, duélale a quien le duela


La semana pasada hubo una columna “de veras iluminante” de Enrique Santos Molano en Eltiempo.com, titulada Encuestas, candidatos y programas, donde al referirse a las encuestas electorales afirmó que de un tiempo para acá “están destinadas no a mostrar la realidad de la intención de voto, sino a crear una tendencia virtual”. (Ver columna).

Ahí el articulista coincide con una columna anterior del suscrito, quien habló del crecimiento repentino y sospechoso de Iván Duque unos días antes de la elección del 11 de marzo y sostuvo que esas encuestas parecían “inducir al electorado a votar en la consulta (…) por el candidato de Uribe y no por la candidata de Andrés Pastrana”, como en efecto ocurrió. Santos Molano aterriza en cifras esa misma impresión al argumentar que “Iván Duque da un salto prodigioso en la garrocha de la opinión pública, y del 12% en que estaba trepa al 42%”, para quedarse de ahí en adelante en el supuesto primer lugar de las preferencias, hasta el día presente.

Pero donde pone el dedo en la llaga es cuando afirma que el modelo de encuestas de proyección que consulta la opinión de máximo 3.000 mil personas y sobre los resultados se deducen tendencias, “ya es obsoleto. Primero, porque han sido siempre manipulables; y, segundo, porque Internet ha introducido las encuestas en línea, atinadas en un ciento por ciento, pues llegan a un universo mucho más amplio, de lejos, que el de las encuestas tradicionales”.

Es verdad que en las encuestas on line solo votan los que tienen computador o celular con Internet y datos, pero igual es cierto que estas reflejan más fielmente las tendencias reales que aquellas que solo consultan a un número de personas que rara vez es superior a 3.000.

Basado precisamente en esa premisa, días atrás yo preguntaba en Twitter “¿por qué en todas las encuestas que hacen en las redes sociales siempre gana @petrogustavo, mientras en las que hacen las empresas encuestadoras siempre gana @IvanDuque?” (ver trino). Y mostré los resultados de una encuesta virtual realizada por Semana.com al día siguiente del debate presidencial organizado por ese medio y Teleantioquia, en la que participó la escandalosa cifra de… ¡148.845 votantes! y donde frente a la pregunta “¿Usted quién cree que ganó el debate?”, los resultados fueron: (Ver encuesta).

Gustavo Petro: 43%
Germán Vargas: 31%
Sergio Fajardo: 13%
Iván Duque: 13%

Haciendo claridad en que a ese debate no pudo asistir Humberto de la Calle porque su avión salió tarde, ¿es comprensible que la preferencia de casi 150.000 colombianos no constituya tendencia nacional, pero que sí la tenga una encuesta de proyección que solo consulta (y toca creerle) a solo 3.000 parroquianos…?

Dentro de la misma ‘tendencia’ Santos Molano citó otra encuesta virtual, esta vez de la revista Dinero, que luego de más de 200.000 votaciones arrojaba el siguiente resultado: Gustavo Petro, 62%; Sergio Fajardo, 17%; Iván Duque, 11%; Germán Vargas, 7%. Y puntualizaba que frente a ese panorama, “Gustavo Petro sería electo por mayoría absoluta presidente de la República en la primera vuelta”. (Por cierto, pongámonos de capciosos: entré a la página web de Dinero en busca de esa encuesta, que según el columnista debía cerrar urnas el 15 de mayo, pero no apareció por ningún lado. ¿Acaso fue retirada antes de tiempo porque contrariaba las expectativas de los dueños de ese medio?).

Están además las ‘encuestas’ de la gente que acude a manifestaciones en plaza pública, y encontramos que en estas también arrasa Gustavo Petro. Pero, vaya uno a saber por qué, rara vez son noticia para los grandes medios que divulgan con pitos y tambores los resultados de aquellas en las que siempre gana Iván Duque…

¿A qué extraño fenómeno obedece -se pregunta el columnista Enrique Santos en palabras que suscribo como propias- que mientras “las manifestaciones multitudinarias y rugientes de emoción democrática que aclaman a Petro” coinciden con lo que muestran las encuestas virtuales, las encuestas tradicionales caminan en contra evidencia total de esa realidad nacional?

Averígüelo Vargas… o Duque, o Fajardo, o De la Calle, o Morales, o Semana, o El Tiempo, o RCN…

DE REMATE: Al testigo antioqueño Carlos Enrique Areiza le pasó lo mismo que a Francisco Villalba, quien testificó contra Álvaro Uribe por lo de la masacre de El Aro: lo sacaron de la cárcel para poder matarlo.

En Twitter: @Jorgomezpinilla



lunes, 16 de abril de 2018

Los errores de Matador, Uribe, Petro y…


Esto de sostener una columna de opinión semanal y mantener una participación activa en el frenesí de las redes sociales es algo muy estimulante, y su máxima expresión en lo periodístico es la búsqueda de la originalidad: tratar de salir en cada artículo, en cada post de Facebook o en cada trino de Twitter con algo que a nadie más se le había ocurrido antes.

Es humano –demasiado humano- para un escritor o un artista querer mantener la atención de un público, agradarle, encantarlo con nuevos artificios, razonamientos o historias. Lo hacen el mago, el músico, el actor, la bailarina, el caricaturista, en fin. Esto exige una permanente renovación del repertorio, y en esa búsqueda constante se cometen errores.

Precisamente de un error me hizo caer en cuenta el caricaturista Matador, aunque sin proponérselo, cuando durante entrevista con Vicky Dávila a raíz de las amenazas que recibió de gente del Centro Democrático, mencionó una columna mía. Ella le preguntó si era cierto que en su Twitter había escrito “debemos silenciar a Uribe”, algo que los uribistas interpretaron como una amenaza contra su caudillo, y Matador le respondió:

- La cuestión con la gente en las redes sociales es que no lee. Cuando yo comparto un link, eso no es ningún delito. La columna se titulaba Hay que silenciar a Uribe, y la escribió un periodista de El Espectador.
      - ¡Ah, no era usted! –le interpeló Vicky.
      - No no no, de ninguna manera. Yo nunca haría una estupidez de esas- remató Matador.

Aquí entre nos, quedé con la ligerísima impresión de que Matador me había tratado de estúpido. La columna en realidad se tituló Debemos silenciar a Uribe, la publiqué el 17 de julio del año pasado y ahí dije: “En alguna ocasión el caricaturista Matador definió a Uribe como el tumor de Juan Manuel Santos, con el agravante de que el tumor no mata al paciente, pero no existe medicina que logre erradicarlo. Llegó ahí para quedarse. (Ver tumor)”.

He de suponer que por eso la compartió, pero lo importante no está ahí sino en que terminé por aceptar en mi fuero interno que Matador tenía razón: pudo ser una torpeza (majadería, estulticia, yerro, estupidez, imbecilidad) haberla titulado así, pues podía entenderse como una amenaza a Uribe, cuando bastaba leerla para descubrir que lo de ‘silenciarlo’ aludía era a dejar de hablar de él a toda hora. Por posar de original en el uso de la semántica, pasé a temerario. Sea como fuere, busqué a Matador y él me aclaró que no, que no me había tratado de estúpido. Se refería era a que “nunca cometería la estupidez de amenazar a alguien, menos a Uribe”.

Ahora bien, ya entrado en este mea culpa debo reconocer que hubo una torpeza mayor, cuando publiqué una columna sobre el mismo personaje con un título de corte escatológico, además ofensivo. (Ver columna). De ese título hoy me arrepiento, por las consecuencias negativas que me trajo, pero no me retracto en una sola letra de su contenido, sino del título.

Matador tiene razón en que la gente en las redes sociales no lee. Si hubieran leído la columna la habrían entendido, pero mi error estuvo en que debido al título, el rechazo instintivo de los uribistas les impedía pasar de ahí. Los demás –los no uribistas, quiero decir- sí la leyeron, y por eso ha sido hasta hoy mi columna más leída. Y eso no me enorgullece.

Todos en la vida cometemos errores, incluso Matador. Él mismo lo reconoció en la entrevista con Vicky cuando habló de un video-montaje que compartió contra Iván Duque, y que Uribe denunció en su cuenta de Twitter. Matador presentó disculpas a ambos y Uribe se las aceptó (Duque no), y luego el caricaturista se justificó diciendo que “hay compañeros que no cuidan sus comunicaciones”.

Equivocación, estupidez o como se le quiera llamar habría cometido también el senador Uribe –como recordó Matador- cuando lo pillaron diciéndole por teléfono a alguien que “nos están grabando esos hijueputas”. ¿Quiénes eran esos hijueputas? Nada menos que los honorables magistrados de la Corte Suprema de Justicia que lo estaban investigando…

Y está por último el error de Gustavo Petro, quien creyéndolo auténtico retuiteó un audio-montaje que le hicieron a Poncho Zuleta, donde este exclama frente a Iván Duque “¡viva la tierra paramilitar!”. Lo cual sí había dicho… solo que en un concierto de años atrás.

Petro presentó disculpas y retiró el trino, pero le ripostó muy ‘gallito’ Jerónimo Uribe con esto: “Dos montajes en dos semanas. Va quedando clara la estrategia de Petro y la izquierda para derrotar a Duque. Lamentable”. Petro no le reviró, pero sí lució de veras iluminante la respuesta de @NanyPardo: “Pille esto, joven Jerónimo: Mientras Petro admite de una el error cometido y se disculpa; su papá, rey de las infamias, (…) solo se retracta cuando lo demandan y una sentencia así lo obliga. Lo hace para no ir preso. ¿Ve la diferencia?”.

¿A dónde vamos con todo esto? A que no es justo que en las redes sociales nos sigamos matoneando, amenazando o insultando por lo que dijo este o aquel, a sabiendas de que nadie se salva de haber cometido algún error en su vida. Y si comenzamos por reconocerlo aprenderemos a convivir en un mundo más sano, con respeto y tolerancia con las ideas ajenas.

En acto de contrición y reparación por lo que me corresponde, quiero hacer pública esta amable solicitud al director de El Espectador, don Fidel Cano, para que sea cambiado el título escatológico de la columna arriba citada, por este: Soliloquio en torno a la ‘embarrada’ de Uribe en Atenas. Y si no es posible cambiarlo, que la columna sea retirada y de ella nunca más se vuelva a hablar, hasta el fin de los tiempos, para solaz del suscrito.

Fin del comunicado.

DE REMATE: Cuando me comuniqué con Matador para preguntarle por lo que había dicho de mí, me salió con que estaba pensando escribir una columna titulada “hay que silenciar a Pinilla”. No tengo aún claro si fue ofensa, injuria, calumnia, burla, escarnio, mofa, afrenta o atentado contra el buen nombre, pero lo consultaré con mi abogado.

lunes, 9 de abril de 2018

¿Y si la final fuera Petro – Vargas?




El ritmo vertiginoso de una campaña electoral a la Presidencia de la República hace que toda decisión de preferencia electoral pueda variar de un día a otro, dependiendo de la utilidad del voto.

Siempre he dicho que el mejor candidato es (fue) Humberto de la Calle, y por él quería votar en ambas vueltas. Pero hoy, después de que se frustró su unión con Sergio Fajardo y terminó convertido en un “comodín” del Partido Liberal –la expresión es de La Silla Vacía- mi voto ya no puede ser por él porque las urgencias son otras. Lástima, nada le convenía más a Colombia que un hombre como De la Calle; él encarnaba la esperanza de consolidar la paz, pero en forma irresponsable hemos dejado pasar esta oportunidad histórica. Patria boba, no. Patria babosa.

Repuestos del tramacazo por lo que pudo haber sido y no fue, hoy muchos colombianos sensatos cargan una incertidumbre en el alma: ¿cómo hacer para que la decisión del voto sea la más responsable, en cuanto a impedir que el monigote de Álvaro Uribe conquiste la presidencia? Monigote no en sentido ofensivo, sino en su acepción original: figura de postín.

Un hombre con ideas liberales es el que en mayo de 2012 le envía un trino con “Felicitaciones al presidente Obama por apoyar el matrimonio entre personas del mismo sexo” (ver trino), y una figura de postín es la que en abril de 2018, durante un debate de Teleantioquia, es el único candidato que no respalda el matrimonio gay. (Ver noticia).

Si de sensatez vamos a hablar, derrotado el ideal que encarnaba Humberto de la Calle y desinflado el tibio Fajardo, hay que ir pensando en lo pragmático, con dos nítidas opciones en primera vuelta: Gustavo Petro o Germán Vargas.

Coincido con Daniel Coronell en que “votar por Vargas Lleras sería una opción extrema para detener a Uribe”, pero difiero cuando agrega que “votar por Petro no detendría a Uribe”. (Ver trino). Es cierto que ante una segunda vuelta entre Petro y Duque todo el ‘establishment’ se iría con Duque, pero ello no se traduce en que Petro no tenga chance de ganar. Muchos pobres, muchos jóvenes, muchos ciudadanos con pensamiento liberal o progresista votarían por Petro, y con el paso de los días crece esa audiencia. Además, ¿para dónde cogerá la franja abstencionista? ¿Será que esta vez también le rehuye al voto? Y hacia Petro también mirarían los verdes, y los del Polo con Robledo a la cabeza, a no ser que este vuelva a cometer la torpeza –o la irresponsabilidad- de promover el voto en blanco.

Entiendo el temor de Coronell a una eventual presidencia de Petro por los desaciertos que mostró como ‘gerente’ de Bogotá, mientras que mi temor es por su dificultad para trabajar en equipo. Pero a diferencia de Coronell, yo sí estaría dispuesto a jugármela por Petro frente a un Duque o un Vargas Lleras, luego de elevar mis oraciones al Altísimo para que haya superado su síndrome de caudillo y entienda que hay gente dispuesta a aportarle, si acepta que él también puede equivocarse.

En alguna columna anterior dije que Petro fue alcalde de Bogotá gracias a la coalición de la que formaron parte amigos suyos como Antonio Navarro, Carlos Vicente de Roux, Daniel García-Peña o Guillermo Alfonso Jaramillo, pero ya posesionado no pudo entenderse con ninguno de ellos. Eso es precisamente lo que esperamos haya superado. (Ver columna).

Lo inadmisible de todos modos es que haya gente que juzgue preferible que gane Duque (Claudia López, por ejemplo) en lugar de brindarle la oportunidad a Petro para que, habiendo superado la soberbia que exhibió siendo alcalde, con humildad y sapiencia logre armar un equipo mundialista y saque adelante lo que promete ser un programa de gobierno ‘revolucionario’, no en lo de poner todo patas arriba sino en cuanto a cerrar la brecha de la escandalosa inequidad social y económica que impera en Colombia. Al menos eso.

Desde el primer día desconfié de las encuestas que sin ningún sustento lógico y a escasos días del 11 de marzo comenzaron a mostrar a Duque de primero, y lo ocurrido en Costa Rica es prueba de que en ellas no se debe creer, porque es muy fácil manipularlas. Las encuestas allá mostraban a Carlos Alvarado con una preferencia del 44%, pero fue quien resultó electo (¡con 20 puntos de diferencia!), mientras que el rezandero derechista Fabricio Alvarado perdió, siendo que aparecía ganador con el 56%. Por cierto, la principal bandera del perdedor era una férrea oposición al matrimonio gay, en coincidencia con lo que ahora piensa Duque.

Aquí también, como en Costa Rica, detrás de las ‘victoriosas’ encuestas se percibe el inmenso poder de los dueños de este país que quieren agradecerle a Álvaro Uribe por todos los favores recibidos, poniendo de presidente a su candidato para que recite el libreto que en caso de llegar al poder le garantizaría a su patrón impunidad perpetua.

Ese aire ‘triunfalista’ en torno al candidato de Uribe es componente orgánico de una campaña de propaganda política fríamente calculada, que en su fase actual consiste en hacer que todos hablemos bien o mal de Iván Duque, pero que hablemos de él: que se tinturó el pelo, que la factura electrónica, que los títulos de Harvard, que esto y aquello. Y todos caemos como idiotas.

Colombia no debe temerle al ‘castrochavismo’ sino a un modelo de sociedad con una abigarrada concentración de poderes en torno a un solo hombre: ¿el presidente Duque? No señores, el para-presidente Álvaro Uribe, eventual tirano en la sombra.

Esta columna es entonces un llamado a los sensatos: a los de la derecha que no simpatizan con una ‘extrema’ autoritaria, para que voten por Germán Vargas Lleras; y a los de la centro-izquierda que ven ya infructuosa cualquier posibilidad de que Fajardo o De la Calle lleguen a segunda vuelta, para que voten por Gustavo Petro.

Evitemos el regreso a la Presidencia de una fiera herida, con sed de venganza. No dejemos morir la esperanza de un país en paz.

DE REMATE: Informa El Espectador que la Cámara de Representantes dará celeridad al proceso contra el magistrado Gustavo Malo (ver noticia). ¿Por qué no hacen lo mismo con las 186 denuncias contra Álvaro Uribe que reposan el sueño del olvido en los anaqueles de la Comisión de Acusaciones, algunas de ellas por crímenes de lesa humanidad, ah?

martes, 3 de abril de 2018

Impunidad para Álvaro Uribe, ¿hasta cuándo?




No sería exagerado afirmar que esta frase, tomada de la columna ¿Dónde están que no los ven?... de don Guillermo Cano, fue la que provocó que Pablo Escobar ordenara su asesinato: “¿De qué raro y exótico privilegio disfrutan estos traficantes de la droga y mercaderes de la muerte para que contra ellos la justicia no logre avanzar un paso en el esclarecimiento de los delitos que se les atribuye y de los cuales parecen existir abundantes pruebas?”. (Ver columna).

El título aludía a que apenas ocho días antes la Cámara de Representantes le había levantado la inmunidad a Escobar, después de que un juez les impartiera orden de captura a él y su primo Gustavo por el asesinato de dos policías, pero ambos seguían apareciendo en público impunemente, como si la justicia no fuera para ellos. Igual ocurría con Carlos Lehder, a quien un mes atrás otro juez le había dictado auto de detención pero continuaba viviendo en su natal Armenia, a la vista de todos.

Es cierto que no podemos emparentar a Uribe con narcotraficantes puros (aunque sin olvidar que apareció en una lista de narcos de la Defense Intelligence Agency –DIA- como “el asociado 82”), pero sí sorprende hasta el asombro que pese a estar relacionado con múltiples crímenes (‘falsos positivos’, espionaje telefónico, guerra psicológica, compra de votos para reelegirse, corrupción administrativa, masacres de El Aro y La Granja, muerte de Pedro Juan Moreno y Jesús María Valle, violación carnal, etc.) y que en la actualidad es investigado por la Corte Suprema de Justicia, no solo fue recibido a cuerpo de rey en el despacho del Fiscal General para que abogara por paramilitares presos en cárceles de alta seguridad de EE.UU., sino que está a punto de poner como Presidente de la República a un monigote suyo y sigue mandando y desmandando a diestra y siniestra, como si fuera el ciudadano más ilustre y respetable de la nación… Y no lo es, sino todo lo contrario.

Con base en dichos agravantes, resulta lícito y pertinente parodiar de este modo la frase de don Guillermo Cano arriba citada: “¿De qué raro y exótico privilegio disfruta Álvaro Uribe Vélez para que contra él la justicia no logre avanzar un paso en el esclarecimiento de los delitos que se le atribuyen y de los cuales parecen existir abundantes pruebas?”.

Es cierto que a Uribe lo protege la presunción de inocencia, pero más lo protege el fuero que como expresidente lo salva de ser juzgado por la justicia ordinaria y somete al sueño del olvido las casi 300 denuncias que le han instaurado en la raquítica e inoperante –y más política que jurídica- “Comisión de Investigación y Acusación” (¡Ja!) de la Cámara de Representantes.

¡¿Hasta cuándo tanta impunidad rampante, Dios santo, hasta cuándo?! ¿A qué extraño infortunio o hechizo maléfico obedece que el país no sea consciente del peligro que representa para la legalidad y las instituciones que el candidato de Uribe logre ‘coronar’ la Presidencia de la República?

Uno podría pensar (ilusionado) que una vez Iván Duque sea presidente se le volteará a Uribe, siguiendo el ejemplo de Juan Manuel Santos, sumado a que Duque no parece tan derechista como Uribe, incluso menos que Santos. Pero hay una protuberante diferencia, y es que la bancada del Centro Democrático en el Congreso no la controla Duque sino Uribe, y con mano de hierro. Lo único propio de Duque sería la muda de ropa con la que llegue a posesionarse, todo lo demás sería de su patrón. Por tal motivo no se equivocan quienes dicen que sería el tercer periodo presidencial de Uribe, solo que en cuerpo ajeno.

Sumado a lo anterior, el poderío de Uribe en el Congreso no sería exclusivamente el de su bancada. Como su candidato está de favorito para ganar las elecciones, hoy todos los partidos con excepción de la centro-izquierda están corriendo afanosos a pegarse como lapas a la coalición triunfadora, para disfrutar de la nueva ‘mermelada’ del Estado. Esto le permitiría a Uribe armar una coalición similar a la que eligió a Santos en su segundo periodo (liberales, La U, conservadores, Cambio Radical) pero aún más poderosa, pues solo la centro-izquierda (Alianza Verde, el Polo y los ‘decentes’) conformaría una pequeña y debilitada oposición.

Así las cosas, si Uribe como presidente fue obsesivo en tratar de controlar los estamentos del Estado, esta vez los tendría a todos juntitos y obedientes a sus pies. El único que en su momento no logró avasallar fue el poder judicial, que le impidió ‘coronar’ un tercer período. ¿Qué pasaría ahora, después del 7 de agosto? Que trataría de sacar avante su anunciado proyecto de reestructurar las Altas Cortes, con el más neurálgico de todos los objetivos: impunidad jurídica para él y sus ‘asociados’, a perpetuidad.

Mejor dicho, al que quiera más… ¡que le piquen caña!

DE REMATE: Hablando de tribunales de justicia más políticos que jurídicos, el Consejo Nacional Electoral acaba de darles un portazo a Sergio Fajardo y Humberto de la Calle en su aparente voluntad de unión, pero es cuando más les corresponde actuar con firmeza. No deben dejarse embolatar la alianza que muchos colombianos les hemos ‘ordenado’, como un mandato de responsabilidad con el futuro de Colombia.

Coincido con Daniel Coronell en que la verdadera respuesta a la consulta que formuló De la Calle al CNE está en el tarjetón de la consulta liberal que lo eligió candidato, y que autoriza al ganador para acudir a una consulta interpartidista. Así lo señala el tarjetón de quienes ahí votaron: “¿Cuál de los siguientes ciudadanos liberales elige Usted, como candidato del Partido Liberal Colombiano para que participe en una consulta interpartidista que elija candidato único en coalición, o para ser el candidato único del Partido Liberal Colombiano en la elección de Presidencia de la República a celebrarse el 27 de mayo de 2018?”. (Ver tarjetón).

Considerando de todos modos que se trata de una unión tardía (si es que ‘cuaja’), Fajardo y De la Calle no parecen ser conscientes de la gravedad del momento. Ni siquiera ellos dos unidos lograrían desplazar a Petro, y sí puede ocurrir que por la tronera que deje la división de la centro-izquierda se cuelen Iván Duque y Germán Vargas. La urgencia es ganar en primera vuelta, pues en la segunda destrozarían a Petro. El mejor candidato era Humberto de la Calle, pero esta vez no se pudo. En tal medida, de este se requiere su grandeza de estadista para que convenza al caprichoso Fajardo de que sin trío no hay paraíso.

martes, 27 de marzo de 2018

“Salud y ataúd”, rectifico. Y ¿qué hacer con la vejez?



El pasado 7 de febrero publiqué una columna titulada Salud y ataúd, ahora en combo dos por uno, donde manifestaba mi extrañeza frente a un “Plan de prevención exequial integral” promovido por Colsanitas entre sus afiliados a medicina prepagada. Lo extraño o sorprendente residía en ver a una empresa cuya misión es la preservación de la salud de sus pacientes… ofreciendo servicios funerarios. (Ver columna).

Cuando pregunté a Colsanitas, respondieron: “se trata de un beneficio GRATUITO que la Empresa les otorga a partir de este año a todos sus afiliados”. Yo no creí lo de la gratuidad, y en tal sentido escribí que “lo único gratuito es la inscripción. Lo que hace Colsanitas es ‘direccionar’ al cliente hacia un proveedor determinado, con el cual establece un convenio de tipo comercial, por supuesto, pues no se ha visto la primera empresa que le guste trabajar a pérdida”.

Hoy tengo claro que el servicio sí es gratuito, y lo constaté luego de aceptar invitación a sus oficinas por parte del Presidente Ejecutivo de Colsanitas en Bogotá, Ignacio Correa Sebastián, y su Vicepresidente Comercial, Franck Harb (el primero español y el segundo sanandresano), poseedores ambos de un profundo respeto por las opiniones ajenas, motivo por el cual fue posible sostener una amena conversación, no solo en temas de salud.

Allí entendí por qué Colsanitas decidió embarcarse en el ofrecimiento de un servicio exequial, como valor agregado al plan de atención que cobija a sus usuarios, y a sabiendas de que la presentación de su “producto” habría de generar las prevenciones que precisamente motivaron mi columna.

En palabras de Ignacio Correa “sin costo adicional a su cuota de medicina Prepagada, la Previsión Exequial les permite a nuestros usuarios vivir su proceso de duelo sin tener otro tipo de preocupaciones. Los servicios exequiales completos se prestan sin límite de edad, incluyendo la movilización desde el lugar de fallecimiento hasta la ciudad o municipio del destino final a nivel nacional, una red exequial con cobertura en todo el territorio y la oportunidad de escoger entre cualquier funeraria o centro memorial de la red de Prever S.A.”.

Haciendo honor a la verdad, digamos entonces que en términos de calidad o eficiencia (entendida incluso como ‘fidelización’ más allá de la tumba) se anotan un punto, tras ser superado el resquemor que podría producir que “una empresa dedicada a preservar la salud de sus pacientes pretenda también lucrarse con la muerte de ellos”.

La anterior frase entre comillas fue lo que opiné en su momento, pero es de caballeros reconocer que estaba equivocado en lo de ver a la empresa generando una nueva fuente de ingresos mediante la prestación de servicios funerarios. No es cierto, pues tanto la inscripción como los servicios exequiales al momento del óbito son gratuitos, no representan un costo adicional para la familia del suscriptor fallecido.

Sea como fuere, el propósito que me animó a escribir la columna siempre fue acertado y legítimo, pues apunta a una obligada reflexión sobre un tema ineludible en nuestras vidas: la muerte. Y previa a esta la vejez, esa engorrosa ‘compañía’ que en forma lenta e inexorable nos aproxima al último instante de nuestras vidas, después del cual permanece la maldita incertidumbre de saber qué nos espera al otro lado, en consideración a que nadie ha regresado de allá para contarnos.

¿Qué hacer con la vejez? De la respuesta asistencialista habla Franck Harb para referirse al plan de Cuidados Paliativos de Colsanitas, el cual desemboca “por lógica simple y humana” en la cobertura de exequias. Cuidados paliativos quiere decir cuidado de la tercera edad, la de los sanos y de los que requieren atención domiciliaria, que ellos brindan.

Pero falta la respuesta existencial, la del que se pregunta a sí mismo qué hacer con su propia vejez. “Vejez es sinónimo de soledad”, dice Harb, saliéndose del libreto. Esto se traduce en que la vejez es aprender a sobrellevar no solo la carga del olvido (por ejemplo, de la familia que te abandona) sino el deterioro de tu propio cuerpo, al punto de temerle a seguir mirándose al espejo que te devuelve unos ojos alarmados –casi ofendidos- por la huella del tiempo en el rostro, para no ir más abajo.

Tal vez la única sabiduría posible es la del hombre o mujer que habiendo llegado a la vejez acepta la inminencia de la parca, y en tal medida dedica la vida que le queda al aprendizaje de la más grande verdad posible, la de su propia muerte. No soy viejo ni así me siento, pero sí comienzan a percibirse pasos de animal grande, o sea la proximidad de lo que el poeta León de Greiff definía como esa “señora muerte que se va llevando/ todo lo bueno que en nosotros topa”.
 
En consonancia con lo anterior, las empresas prestadoras de servicios de salud deberían desarrollar también planes de ‘mercadeo’ que incluyan brindarles a los viejos y a los ancianos un trato privilegiado, tan privilegiado como el que Colsanitas ha comenzado a brindarles a sus muertos.

Mejor en vida que difuntos. Si todos hemos de morirnos, que mientras estemos vivos tengamos al menos las condiciones elementales requeridas para afrontar una vejez llevadera y recibir la muerte con dignidad, cara al sol y frente en alto.

DE REMATE: La señora Christine Lagarde, presidente del Fondo Monetario Internacional (FMI), tiene 60 años y piensa que “los ancianos viven demasiado, son un riesgo para la economía global. ¡Hay que hacer algo ya”! En tal dirección reclama medidas drásticas, como el recorte de las prestaciones o aumentar la edad de jubilación, para “evitar el riesgo de que la gente viva más de lo estimado”. Moraleja y conclusión: el FMI nos quiere matar… del susto.

martes, 20 de marzo de 2018

Álvaro Gómez Hurtado y un crimen de lesa redacción


En días pasados llegó a mis manos la declaratoria de lesa humanidad que emitió la Fiscalía por el asesinato del líder conservador Álvaro Gómez Hurtado. Son 52 páginas y la primera impresión que queda de su lectura es que el fiscal Néstor Humberto Martínez no leyó el documento, o si lo leyó no se explica por qué dejó pasar tan numerosos y protuberantes errores de redacción y ortografía, por un lado, y tan bajísimo nivel de argumentación jurídica, por otro.

Las primeras nueve páginas son un verdadero zaperoco, sin hilo conductor y con un doble objetivo: desvirtuar las pruebas que condujeron a la condena de Héctor Paul Flórez (el único condenado, hoy defendido por un sobrino de la víctima), y eximir de culpa a los militares involucrados en la planeación del crimen, en particular el coronel Bernardo Ruiz y el general Rito Alejo del Río.

Para muestra del revoltillo y la pésima redacción, estos botones: sobre el testimonio de Mary Luz Cuadros dice que “fue elaborado en sus propias conjeturas o de interpretaciones que hizo de las noticias y retratos hablados que en la época divulgó (sic) los medios de comunicación”. Y del testigo Julio Ramón Carrillo afirma que “ninguna verosimilizad (sic) tienen las circunstancias que plantea”. (Ambos gazapos en página 7).

Súmenle a esto que en la página 35, al referirse a un editorial de Gómez Hurtado (Una causa desaforada) habla de “el ardí (sic, con tilde en la í) del presidente y de su apoderado para buscar una absolución”, mientras que en la 47 dice que Orlando Henao era “consiente” de la lucha que el Estado libraba contra él.

Un segundo aspecto llamativo tiene que ver con las inusuales y abundantes citas (nueve en total) al libro Memoria de un golpe, del político conservador Pablo Victoria. Inusuales porque de Victoria siempre se ha dicho que con su amigo y confidente el general Harold Bedoya fue participante activo del complot que intentó tumbar a Ernesto Samper “por los buenas o por las malas”, y el libro habría sido escrito con el expreso propósito de desvirtuar esos señalamientos.

Tan copiosas citas a ese libro encierran además una contradicción flagrante, teniendo en cuenta que su autor en la página 277 cuenta de una visita que le hizo el general Fernando Landazábal, donde le dijo: “Quiero hablar con usted, pero otro día, porque yo sé quién mandó asesinar a Álvaro Gómez”. Quedaron en que cinco días después hablarían sobre el tema, pero fue asesinado el día anterior, 12 de mayo de 1998. ¿Alguien se atreve a poner en duda que quienes lo mataron fueron los mismos ‘compañeros de armas’ que mataron a Gómez Hurtado, y por el mismo motivo, porque uno y otro sabían demasiado? ¿O acaso van a culpar también a Ernesto Samper del homicidio de Landazábal?

Otra cita igualmente llamativa es la que hacen de la periodista María Isabel Rueda –tan conservadora como Pablo Victoria- donde ella se refiere en elogiosos términos a su exjefe Álvaro Gómez (“él luchaba contra (…) las imbricaciones de la Política con la delincuencia”), pero sin que aporte ningún elemento novedoso en términos probatorios.

En síntesis, esas reiteradas citas son prueba fehaciente de la orientación ‘goda’ que respira la declaratoria de lesa humanidad emitida por la Fiscalía, y son a su vez la mejor expresión del grado de afinidad que hoy existe entre el ente acusador y la familia (y la ideología) del líder inmolado.

La segunda parte del documento está dedicada a demostrar por qué el crimen se debe declarar de lesa humanidad, y en este punto la “sistematicidad” juega un papel determinante. La Fiscalía no ve sistematicidad en los asesinatos que desde la firma del acuerdo de paz se vienen cometiendo de modo sistemático –valga la redundancia- contra líderes de derechos humanos, pero sí la ve al establecer conexión entre el asesinato de Álvaro Gómez y los de mafiosos como Pablo Escobar o Gonzalo Rodríguez Gacha contra políticos y/o periodistas, siendo que la intención entre uno y otros fue por completo diferente.

En este contexto es bien llamativo el olvido adrede que hacen de las declaraciones del exembajador de EE.UU. en Colombia, Myles Frechette, tanto a diferentes medios como en entrevista que me concedió en Washington tres meses antes de morir, donde habló de “militares que hicieron cosas brutales, pero lo hicieron por el bien de la patria”. Cuando le pregunté si entre esas cosas brutales estaba el asesinato de AGH, respondió: “No. Eso lo hicieron porque querían borrar su rastro. Borrar la conexión entre ellos y Álvaro Gómez. Cuando él les dijo que no (al golpe de Estado que preparaban), ellos pensaron “caracho, de pronto el tipo suelta la letra o se le sale algo. Y lo inmolaron”. Y agregó: “El autor material pudo ser cualquier persona, pero los autores intelectuales están ahí todavía. No sé adónde, pero están en Colombia. No han sido apresados, no han sido detenidos, nada”. (Ver entrevista).

Y el documento de declaratoria de lesa humanidad producida por la Fiscalía General parece orientado precisamente a ocultar el papel representado por esos “autores intelectuales”, cuyos nombres Frechette no quiso dar porque “hay secretos de Estado que no puedo contar”.

Pese a la importancia capital que las palabras de Frechette deberían tener en el esclarecimiento del crimen, por ser la persona mejor informada que hubo durante el gobierno de Samper, su nombre es mencionado una sola vez y de manera errada, cuando en la página 5 dicen que según Carlos Lugo “los autores del atentado eran personas vinculadas al ejército nacional, hipótesis compartida por el entonces embajador de Estados Unidos señor FRECHET (sic) quien le dijera a MARIA MERCEDES GÓMEZ ESCOBAR que para saber de dónde provenía el crimen indagara en la Brigada 20 con un señor de apellido RUIZ”.

Un asunto que falta dilucidar –como dije en columna anterior- es por qué la Fiscalía pretende utilizar la declaratoria de lesa humanidad para interceder ante la Corte Suprema por Héctor Paul Flórez, pese a que este ya cumplió las ¾ partes de la pena y se encuentra en libertad condicional. La única explicación que hallo, es que dicha condena constituye un obstáculo para que la familia de la víctima reciba una millonaria indemnización. Si estoy equivocado, permanezco atento a que se me demuestre el yerro.

DE REMATE: Si para la primera vuelta continúa la división suicida entre los tres grandes bloques de la centro-izquierda (Gustavo Petro, Humberto de la Calle, Sergio Fajardo), votaré por Petro. Es el que tiene más posibilidad de pasar a la siguiente ronda y no quiero botar mi voto. Con Petro al menos subsiste la esperanza de que yo esté equivocado sobre su dificultad para trabajar en equipo, y termine por armar el Equipo Mundialista.

lunes, 12 de marzo de 2018

Petro, Fajardo, De la Calle: ¡salven ustedes la Patria!




La elección que acaba de pasar constituye un campanazo de alerta para las fuerzas de centro-izquierda, pues permite apreciar que ni siquiera quien hoy encabeza las encuestas, Gustavo Petro, tiene garantizado el paso a la segunda vuelta. Fue ante todo un triunfo de las maquinarias, que pusieron como mayorías en el Congreso a dos partidos corruptos y venales al cual más –Centro Democrático y Cambio Radical-, en una jornada atravesada por fuertes sospechas de manipulación de encuestas primero, y de fraude electoral después.

Muchas de las cosas que están pasando en la arena política deberían ser motivo de asombro, por absurdas, pero la gente las toma como si fueran un paisaje más en el reino del absurdo cotidiano.

Absurda por ejemplo la trepada que se pega Iván Duque en dos encuestas previas al 11 de marzo, a las que hice referencia en mi última columna, y diríase inaudita la arrasadora diferencia que en votos le tomó este a Marta Lucía Ramírez, siendo que días antes esta lo superaba en 18 puntos (ver encuesta) y que muchos repetimos lo que hicimos en 2010, cuando votamos por Noemí Sanín para que no ganara Andrés Felipe Arias. Y lo logramos.

No es posible poner la mano en el fuego y asegurar que Duque ganó en franca lid, menos cuando en ese millón y medio de votos que obtuvo Marta Lucía no aparecen los de quienes votamos por ella para frenar el proyecto político de Uribe, los cuales deberían contarse por decenas de miles, como sí se contaron y aparecieron hace ocho años en las cuentas de Noemí. Ahí ni siquiera se refleja el total de votos que obtuvo Marta Lucía en la elección de 2014, cercano a los dos millones.

Sumado a lo anterior se presenta el bochornoso episodio por la falta de tarjetones en 26 puntos de votación, todos en llamativa coincidencia a la misma hora del mediodía, y la atropellada respuesta del Registrador Nacional es que saquen fotocopias y repartan, y comienza entonces la gente del Centro Democrático a repartir fotocopias como repartiendo yuca en plaza de mercado, según se aprecia en un video con diligentes voluntarios de ese partido en Bogotá. (Ver video).

Es aquí donde cobra sentido la denuncia que Gustavo Petro había hecho días atrás y se materializó el día de la elección, respecto a que no se digitalizaron los formularios E-14 y “los datos se dieron por teléfono, sin huella digital”. (Ver trino). No hay cómo probar, mejor dicho, que los resultados que se entregaron son fidedignos y de sana fuente.

En muchos aspectos la transparencia electoral brilló por su ausencia, y por eso me atreví a opinar que si hubiera ocurrido en Japón, el Registrador Nacional se habría hecho el harakiri. Es más: si nos ponemos de capciosos, lo de los tarjetones faltantes podría entenderse como un elemento distractor para esconder algo más grande, por ejemplo un fraude electoral a gran escala que al final del día haya dejado contentos a los amigos del 'establecimiento', excepto Petro. Todos poniendo carita de yo no fui, comenzando por la principal damnificada –que termina convertida en Vice- y continuando con Alejandro Ordóñez, quien todavía no es consciente de la ‘carbonizada’ que se pegó y en su delirio postraumático anda pidiendo la jefatura de debate de la campaña. 

Antes de que en artilugio mágico Iván Duque apareciera punteando las encuestas como conejo que sale del sombrero, la segunda vuelta se preveía entre Petro y Vargas Lleras, o en el mejor de los casos con Fajardo. Habrá que pedirle al señor Procurador que investigue tan extraña voltereta en las preferencias y las notorias irregularidades que se presentaron ese día, pero no es hora de llorar sobre la leche derramada sino de hacer cuentas con base en el nuevo balance de fuerzas.

El viernes anterior a la elección César Gaviria rompió cobijas con Juan Manuel Santos tras una agitada reunión en la que este quiso obtener para Germán Vargas el apoyo de los directorios aliados a su gobierno, y lo que obtuvo fue el retiro abrupto e indignado del liberalismo. El presidente Santos tiene una pelea casada –aún no resuelta- con Álvaro Uribe, y ante la debilidad electoral de Humberto de la Calle solo le queda Vargas Lleras para tratar de impedir que su archienemigo político recupere el solio de Bolívar.

Es previsible una desbandada tanto de la U como del conservatismo 'enmermelado' hacia Duque, por lo que de aquí a mayo Santos debe tratar de atraer hacia Vargas a todos los que no tienen cabida en el uribismo, y a las fuerzas de Fajardo que en segunda vuelta por nada del mundo se irían con Petro, y a los liberales que como Juan Fernando Cristo se le abrieron a De la Calle y hoy parecen más dispuestos a irse con Cambio Radical que con el candidato oficial de su partido. Sea como fuere, desde la trepada de Duque la suerte de Santos y la de Vargas Lleras han quedado unidas, se necesitan mutuamente.

En días venideros podría darse un acercamiento entre Fajardo y De la Calle que conduzca a algún acuerdo, pero ello no habrá de traducirse en que logren desplazar a Petro, sino en algo aún más azaroso: que por el boquete que en primera vuelta dejaría la repartición de votos entre Petro, Fajardo y De la Calle terminen por colarse a segunda vuelta los dos candidatos de la derecha, Duque y Vargas Lleras. Y ahí sí, apague y vámonos. (Por cierto, en ese caso... ¿para dónde agarrarían los votantes de Petro y Fajardo?).

El propósito de esta columna ha sido brindar claridad en que si el trío –no el dueto- de Gustavo Petro, Sergio Fajardo y Humberto de la Calle lograran afinar sus voces y ponerse de acuerdo para cantar en coro la misma melodía, lograrían en primera vuelta lo mismo que en apariencia acaba de hacer Iván Duque con Marta Lucía: arrollar.

¿Qué tan difícil puede ser que con base en un acuerdo programático se establezca entre los tres una repartición del poder y una asignación de funciones, y para adelante? Piénsenlo, es por el bien de la Patria. Se trata de sumar, no de restar.

Como dijo @eddmunoz en divertido trino: “Propongo encerrar a Petro, Fajardo, Claudia y De la Calle en una casa con pola, ron, bareta y no dejarlos salir hasta que lleguen a un acuerdo”. O como dijo Antanas Mockus, con llanto en los ojos: “Nos van a meter miedo de lado y lado: media sociedad se va a asustar frente a Petro y media sociedad se va a asustar frente a Duque. Pues no nos dejemos echar ese cuento. Escribamos otro cuento, que sea más bonito, que dé más orgullo, que nos una”. (Ver video).

DE REMATE: Es cierto que a los candidatos que se presentaron a consultas les está impedido cambiarse de partido o integrarse a otras candidaturas, a no ser que devuelvan el dinero que reciben por reposición de votos. Pero hay fórmulas que se deben intentar, se trata de ser creativos. Hay personas que pueden actuar en representación de otras y “en el camino se arreglan las cargas”.