lunes, 18 de septiembre de 2017

El fiscal Martínez, Uribe y 16 generales: tapen, tapen




No deja de ser una paradoja que a quienes más les disgustan los Derechos Humanos –y en consecuencia más los atropellan- es a los gobernantes matriculados en la extrema derecha. El caso de Álvaro Uribe es representativo, porque tras actuar veinte años como miembro del Partido Liberal llega a la Presidencia de la República a aplicar una política militarista y represiva, antípoda del liberalismo y solo equiparable con los abusos que se cometieron durante la feroz dictadura del general Augusto Pinochet en Chile, a la que este mismo calificó de ‘dictablanda’.

Mientras Pinochet desapareció a más de 3.000 personas, muchas arrojadas al mar desde aviones, el gobierno Uribe emitía desde el ministerio de Defensa directivas como la 029 de 2005, donde puso precio de $3.800.000 por cuerpo de guerrillero muerto, en aplicación de una escabrosa política de recompensas que según editorial de El Espectador “propició alianzas criminales dedicadas a la fabricación de cadáveres”. Con ello se referían a la genocida práctica de los ‘falsos positivos’, nombre eufemístico para los más de 4.000 asesinatos de jóvenes inermes que se presentaron en los ocho años del régimen de la mal llamada Seguridad Democrática.

Ese desprecio por los Derechos Humanos en el caso de Uribe se materializó además en persecución desde los aparatos del Estado, mediante interceptación de líneas telefónicas o guerra psicológica de la que fueron víctimas periodistas, defensores de derechos humanos, opositores y hasta la Corte Suprema de Justicia: sembraron micrófonos en sus salas de audiencia y escudriñaron hasta en el manejo de las finanzas de los magistrados.

No es por simple coincidencia que mientras Pinochet decía que “los derechos humanos son una invención de los marxistas”, hoy Uribe se defiende alegando que “todas las denuncias por supuesta persecución de defensores de derechos humanos se originaron como represalia a que siendo presidente, desenmascaré la estrategia utilizada por áulicos del terrorismo, de excusarse en la defensa de los derechos humanos”. Óigase bien: todas, absolutamente todas las demandas que tiene en su contra, son “represalia”. (Ver defensa de Uribe).

En los lomos de los expedientes que reposan el sueño de los lustros en los atiborrados anaqueles de la Comisión de Acusaciones de la Cámara, el nombre que más aparece es el de Álvaro Uribe Vélez. Está impreso 261 veces, en igual número de procesos inconclusos, sobre el renglón reservado para el ‘presunto sindicado’. (Ver noticia).

Sea como fuere, constituye una luz al final del túnel la visita que hizo a Colombia la fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), Fatou Bensouda, para indagar sobre “los pocos avances de la justicia nacional en los casos de ejecuciones extrajudiciales, sobre todo a la hora de encontrar a los máximos responsables de estos crímenes de lesa humanidad”, según informa El Espectador. (Ver noticia).

Dicha visita incluyó una reunión con su homólogo el Fiscal General de Colombia, Néstor Humberto Martínez. Al final del encuentro quedaron sembradas nubes negras, porque mientras este declaró socarronamente que “se estrecharon lazos de cooperación entre ambas instancias”, la CPI lo que menos encontró fue cooperación, según constancia que dejó en rueda de prensa al final de la jornada: “Necesitamos información tangible y específica que demuestre la existencia de pasos investigativos concretos adecuados para llevar esos casos a la justicia. La ausencia de información específica nos coloca en una posición muy incómoda”.

Según Fabricio Guariglia, director de la división de enjuiciamiento de la CPI que acompañó a Bensouda en la rueda de prensa, las investigaciones que ha hecho la justicia colombiana han permitido llegar “hasta los mandos intermedios de la cadena de mando". Esto significa que aún falta llegar a los 16 generales del Ejército, activos y retirados (entre ellos el actual Comandante de las FF MM, general Juan Pablo Rodríguez Barragán), sobre los cuales la Fiscalía de Eduardo Montealegre inició investigaciones, según informó Human Rights Watch (HRW) en informe titulado El rol de los altos mandos en falsos positivos. (Ver informe).

Constituye claro motivo de sospecha saber que fue en busca de esa información que la fiscal de la CPI visitó a Colombia, pero el fiscal Martínez Neira no quiso entregársela. Y sumado al desplante, tuvo además la desfachatez de pedirle “la evidencia que posea” sobre esos crímenes, lo cual suscitó este comentario de un espontáneo en Facebook: “¿Y eso, como para qué sería? ¿Quizá para advertirles a algunos generales o a determinado "patriota" de lo que les corre pierna arriba...?”

Lo de patriota, dicho por el mismo Martínez Neira sobre Uribe en abril de 2015 (“Uribe no se opone a la paz, es un patriota”), permite entender con claridad por qué doña Fatou abandonó el país con las manos vacías: se advierte una coincidencia de intereses entre la Fiscalía, los generales investigados y el mismo Álvaro Uribe, de cuya majestad presidencial habrían emanado las órdenes determinantes para la puesta en marcha de la salvaje máquina de muerte conocida como los ‘falsos positivos’, que sembró de dolor de madres todos los rincones de la geografía nacional, comenzando por Soacha.

Al día presente, todo indica que para salvar la institucionalidad se les quiere dar el carácter de ‘excesos’ a los crímenes de lesa humanidad que se cometieron durante el gobierno de Uribe. Como si ya supieran lo que a él le respira en la nuca, tratan de protegerlo. Uno ve al fiscal general con su falsa sonrisa de sainete ante la fiscal delegada de la CPI, y queda con la ominosa impresión de que lo pusieron ahí para tapar y proteger los mismos intereses que por identidad ideológica le son afines a la extrema derecha.

Pero amanecerá y veremos, como dijo el ciego. La CPI sigue haciendo su trabajo y, si de algo sirvió su visita, fue para constatar que a quienes tiene en la mira es a los mismos que la Fiscalía se empeña en sacar limpios de toda culpa. Impunes, como lo estuvo el general Pinochet hasta el final de sus días.

¿Lograrán el maquiavélico Álvaro Uribe, el cómplice fiscal Martínez y los 16 generales inculpados salirse con la suya…? O, ¿se atreverán esos altísimos oficiales a presentarse ante la Jurisdicción Especial de Paz (JEP) y contar lo que saben... para quedar limpios de culpa? No deje de ver el próximo capítulo de tan intrigante serie.

DE REMATE: Esta columna fue escrita a solicitud de la periodista Juliana García para el portal Hechoencali.com, especializado en Derechos Humanos. Debido a la relevancia y actualidad del tema, me he permitido compartirla también aquí.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Uribe y su malograda 'bendición' papal




En lo que algunos medios calificaron como un milagro, el día que llegó el papa Francisco a Colombia un habitante de Medellín se ganó la fabulosa suma de 62.000 millones de pesos en un Baloto. (Ver noticia).

Ese mismo día el senador Álvaro Uribe alcanzó a ilusionarse con que él también podría ganarse el Baloto de la política, cuando en compañía de su séquito de segundones se apostó a la orilla del camino por donde pasaría el Santo Padre, con dos pancartas por falta de una, en la primera de las cuales se leía “Queremos su bendición” y en la otra “Nuestro respeto y devoción”. ¿Cuál respeto, por cierto, si estaban ahí era para sacarle provecho político a un evento de carácter pastoral?

Me atrevo a pensar que la ‘bendición’ que esperaba Uribe fue fríamente calculada, por él o por sus asesores. Se trataba de apostarle a que el papa Francisco estuviera mirando hacia ese costado con la mano levantada al cielo en señal de saludo, y ese saludo coincidiera con la mano levantada de Uribe, y pareciera entonces que ambos se saludaban o que el papa bendecía a Uribe. Esa sola foto, habría podido asegurarle al Centro Democrático la presidencia del 2018: sería una imagen ‘bendita’, de esas que valen más que mil palabras, perfecta para masas ignorantes adocenadas por estructuras religiosas de pensamiento sujetas a la obediencia de quien demuestra mayor talante autoritario. Habría mostrado al guerrero ungido por el enviado de Yahvé, mejor dicho.

Según Semana en un artículo de claro tinte proselitista, “Uribe prometió lo que dijo: había señalado que no buscaría una cita privada con el papa Francisco, sino que saldría a recibirlo como un feligrés más. Quienes salieron a la calle 26 el miércoles en la tarde, comprobaron que esto era verdad”. Y más adelante, en el mismo tono zalamero, agrega: “Los congresistas (del CD) tenían reunión de bancada esa tarde en el hotel Habitel en la avenida el Dorado con carrera (sic) y por eso fueron casi los primeros que lo vieron pasar”. (Ver artículo).

Esto haría creer que fue por simple azar que Uribe estuvo a la vera del sendero que recorrería el papa, y dicha interpretación lo eximiría ante el país de asumir como un desplante –o grosería, que en últimas lo fue- su ausencia en el recibimiento oficial del papa el día siguiente, al que el Gobierno invitó por protocolo a las bancadas de todos los partidos con representación en el Congreso.

Es aquí donde la información de Semana adquiere más visos de publirreportaje que de crónica, cuando dice que “aunque tan solo fueron (sic) un par de minutos, pues él carros esa altura (sic) de la vía avanzaba con velocidad, quienes estuvieron cuentan que se vivieron momentos de emoción”. Aquí entre nos, eso parece redactado desde la oficina de Prensa del Centro Democrático, y por un(a) practicante. Y si no pasó por los ojos de un editor responsable, debió ser porque fue asumido como aviso publicitario.

Todo lo contrario a “emoción” (pasión primaria que guía a las recuas uribistas), lo que debió vivir su rebaño fue un sentimiento de frustración, y nada extraño sería que parte de la reparación moral que necesitaban se les hubiera dado en el sesgado artículo ya referido.

En consonancia con lo anterior –y en disonancia con Semana-, la reunión de los congresistas del CD en el hotel Habitel debió formar parte del engranaje para el aprovechamiento político y publicitario que quisieron darle a la visita del papa, y la prueba reina está en que las pancartas que exhibieron debieron ser encargadas, diseñadas y aprobadas con días de anticipación.

A ese engranaje se le debe dar el nombre de ardid, posiblemente ‘craneado’ por una agencia de marketing político, aunque la idea igual pudo salir del cacumen de un “mozalbete inteligentón” como Iván Duque, en consideración a que todos los miembros del círculo pretoriano de Uribe están en competencia (no del todo sana) a ver quién se gana los mejores favores de su amo y jefe. ¿Qué tal entonces que hubiera sido Duque el ‘creativo’, y el montaje de esa puesta en escena hubiera resultado exitoso?

Habría sido como cuando Juan Manuel Santos siendo ministro de Defensa, tras la apoteósica Operación Jaque le entregó a Uribe el rescate de Íngrid Betancourt y tres norteamericanos secuestrados, con lo cual se le abrieron las compuertas a convertirse en su sucesor.

Al mejor estilo Hercules Poirot, lo más llamativo es el instante en que Francisco prefiere mirar a la izquierda (como lo muestra este video) justo cuando el rabillo de su ojo le indica que se aproxima un letrero, y vuelve a saludar hacia el costado derecho en el momento milimétrico exacto en que lo ha sobrepasado. Ello indicaría que Francisco ya estaba advertido de no extender su mano hacia lugares con pancartas, pues podría estar avalando contenidos bizarros o ajenos a su prédica. “Esta es Colombia, Pacho”, debieron decirle al oído.

Sea como fuere, es más digno de condena que de bendición que alguien en su majestad de expresidente de la Nación se ubique como cualquier peatón sobre el andén al paso del papa con un perverso propósito político, y que para colmo (país enfermo) no haya recibido la debida sanción social ni la descalificación o censura ética que le corresponde practicar al periodismo ante tan evidente manejo político-tendencioso de la visita del Sumo Pontífice.

El senador Uribe y su tropilla de conmilitones son expertos en eso de andar robándose el show, así sea con babosadas. Y fue la aprobación tácita por parte de los medios a ese ‘pecado capital’ lo que hizo que, con motivo de la llegada del papa, los ojos de Colombia estuvieran puestos esa tarde en dos personas: Su Santidad Francisco y Álvaro Uribe.

A Dios Gracias el tiro le salió por la culata a la extrema derecha, pues lo que habían calculado como un poderoso fogonazo de ‘luz divina’ sobre la imagen de su Comandante en Jefe, en cosa de segundos se les convirtió en engorroso apagón.

DE REMATE: Tomado de la copla que a principios del siglo pasado le inventaron a la estatua de Bolívar en Bogotá, esta parodia del refranero popular:

y sin faltarle al respeto
resolvió voltearle el culo
al Uribe paraqueto”.

martes, 5 de septiembre de 2017

Columna con salpicón, a 50 manos




La página en blanco es un fantasma que recorre la inspiración de los escritores de novelas y paraliza su inspiración. A los columnistas también nos ocurre, pese a que la frenética realidad cambiante ofrece temas a granel. El intríngulis reside en que hay que tratar de decir algo original en cada columna, y la fidelidad a esta consigna puede tornarse fatigante.

Por eso, en días pasados tuve la feliz ocurrencia de contarles esto a mis amigos de Facebook: “Ando tan embolatado que no he tenido ni tiempo de pensar en tema para mi columna. ¿A alguno de ustedes se le ocurre algo?”.

El primero en meter la cucharada fue un tal Andrés Ferreira: “Ahí está pulpito, el partido de las Farc”. El tema no me interesó, pues para el miércoles ya se habrían escrito por lo menos diez columnas sobre eso. Pero más abajo Juan Camilo Escobar preguntó: “¿Por qué las Farc continúan con ese nombre para su partido? Se aferran a un terrible pasado.” Y ahí sí me pronuncié: que las Farc conserven su nombre es legítimo y respetable; el inconveniente es para sus víctimas, a las que esa sigla les seguirá taladrando en la cabeza cada vez que sea pronunciada. No es reconciliador, en suma. Parece más bien ligado a la vocación suicida de la izquierda. Como dato llamativo, Carolina Sanín anunció su voto por las Farc. Su motivo, obvio de toda obviedad: épater le bourgeois.

Hablando de suicidas, Mauricio Prieto terció: “¿Qué tal si escribe sobre el suicidio? Por lo de la pastilla. Una tía mía está interesada”. Se refería al artículo que habla de una asociación holandesa pro eutanasia que desarrolló un medicamento que hace que quien lo tome muera en el lapso de una hora, sin seguimiento médico ni psicológico. Adriana Salazar dijo que ya existe el cianuro, pero le aclaré: El cianuro es una opción dolorosa, torturadora, fulminante. En cambio esa pastilla te mata despacito, muy despacito. Interesante opción, por si las moscas. (Ver artículo).

Ante el desprestigio de los partidos un tema muy sonado fue la recolección de firmas para dar la apariencia de ser candidatos cívicos, y Luis Alfonso Gallo interrogó: “¿por qué el camaleónico Vargas Lleras se avergüenza de su partido? ¿Será porque muchos de sus miembros tienen cuentas pendientes con la justicia, o está buscando hacer como el hijo pródigo y volver donde su papá político, Álvaro Uribe?”. En lo primero tiene razón, en lo segundo no: si hay un partido desprestigiado es Cambio Radical, y eso lo obliga a despreciar a la criaturita que parió con tanto esfuerzo; pero no veo viable una alianza suya con Uribe, pues entre los dos existe una desconfianza imposible de subsanar, desde los días en que a Vargas trataron de matarlo con un carro bomba, cuando el director del DAS era el ‘buen muchacho’ Jorge Noguera. Para mayores informes, ver este artículo: Vargas Lleras y el "fuego amigo".

Sandra Sanjuanes dijo que “el silencio de los fusiles nos hizo escuchar el ruido de la corrupción. Nos tenían engañados con el cuentico de que el problema era la guerrilla”. Tiene razón, y es lo que en parte explica que un corrupto de la talla de Alejandro Ordóñez prefiera también lanzarse por firmas, ante el descrédito de su Partido Conservador, hoy dirigido por otro corrupto, el senador Hernán Andrade, de quien las grabaciones aportadas por la DEA dejarían ver que también pagó para que la Corte Suprema lo absolviera en un proceso relacionado con el desfalco a Cajanal. Pero asómbrense: pese a estos señalamientos… ¡la dirigencia conservadora le reiteró su apoyo!

En la misma línea, Luis Fernando García propone: “¿Qué tal si hablas de los argumentos en que se basó la Corte para no emitir orden de captura contra Musa Besaile, después de que confesó haber pagado la bobadita de 2.000 millones?” Ha lugar, como dicen los abogados, y agrego: el grado de culpa de Besaile reside en que si fuera inocente, no habría tenido que pagar para que no lo pusieran preso. Es más, un segundo grado de culpa se da en que abrió la boca para hablar de la supuesta 'extorsión' solo cuando se supo que él había pagado por su libertad. Para rematar, lo que dijo Semana al respecto: "De prosperar la teoría de que quienes han comprado a un juez lo han hecho bajo presión, todos los sobornadores de Colombia tendrían una coartada".

Oscar Alberto Montoya sugirió analizar el trino de Uribe donde pide a sus seguidores que lo perdonen por alguna acusación que al parecer viene en camino, y enseguida lo justifica con que entiendan que “el hombre quiere el país”. Bien llamativo, ciertamente, y es cuando Caro Martínez interpreta: “No lo puedo creer, ¡el supercaudillo está asustado!”. Así es, eso parece, pero lo llamativo es que su justificación se inscribe en el lema que practicaba el general Pinochet: “todo lo que sea por la patria, está permitido”. ¿Cómo los falsos positivos? Exacto, como eso. (Ver el trino de Uribe).

Apareció por último el tema Reficar, frente al cual Jorge Eliécer Buitrago afirmó que fue “el más grande robo en la historia de Colombia, hábilmente opacado por el Fiscal General con el show mediático de Odebrecht”. No creemos que un caso sea cortina de humo para opacar el otro, pero lo de Reficar sin duda constituye Guinness Record mundial de la corrupción cuando el Contralor Edgardo Maya anuncia que abrió un proceso de responsabilidad fiscal por 6.080 millones de dólares, o sea… ¡cerca de 17 billones de pesos! Comparado con lo de Odebrecht es, por supuesto, apenas un piropo.

Fueron exactamente 50 comentarios los que reportó mi post, a los que obviamente no pude dar acogida en el estrecho espacio de una columna. Pero me permitieron salir del estreñimiento creativo en que me hallaba, confeccionando un salpicón donde en cada párrafo se expusieron los temas que hoy más atraen la atención de la opinión pública nacional. Reconozco que fue más una labor de editar y pegar que de escribir, y espero les haya gustado el resultado.

Ah, y cuenten con que el día menos pensado repetiré tan productivo experimento.

DE REMATE: Cuando despertó del escándalo por los enredos del corrupto Luis Gustavo Moreno con los también corruptos magistrados que eligieron al Fiscal General de la Nación, el dinosaurio Néstor Humberto Martínez Neira seguía ahí. La corrupción permaneció impasible.

lunes, 28 de agosto de 2017

Vanguardia Liberal, ahora a la vanguardia de la construcción


A pasos agigantados y en una tónica donde la soberbia marca la pauta, el periódico Vanguardia Liberal representa hoy para el alcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández, lo que el canal RCN para el senador Álvaro Uribe: una catapulta mediática de su proyecto político.

La soberbia viene desde los días en que Alejandro Galvis renunció al Partido Liberal dando un portazo y rompió su amistad de décadas con Horacio Serpa debido al aval que éste le dio al hoy gobernador Didier Tavera, y ahora se hace patética con el despido de Jairo Alfonso Martínez Gómez, conocido bajo el seudónimo de Crótatas, un ameno columnista que hacía 22 años entretenía todos los sábados a sus lectores con buenas dosis de humor y afilada ironía. El motivo de su despido, evidente: Crótatas se hizo sentir como el crítico más agudo de Rodolfo Hernández, y los dueños de Vanguardia no estaban dispuestos a seguir tolerando una voz disidente tan fuerte dentro de sus páginas. Están en su derecho pero entonces deberían cambiar el nombre, pues eso no tiene nada de vanguardista, y menos de liberal.

¿Disidente Crótatas de qué? Pues de la estrecha alianza que hoy conforman el alcalde de Bucaramanga y Vanguardia Liberal, tanto en lo político como en lo económico, y hay cómo probarlo. En lo político hay coincidencia total en la identificación de un único enemigo, que para el caso que nos ocupa es el Partido Liberal, al que ambos quieren sacar a escobazos del departamento como si fuera la encarnación de todos los males.

Como dije en columna anterior, ese planteamiento maniqueo desconoce que la corrupción y las prácticas politiqueras son inherentes a todos los partidos, y si se enfocan de manera exclusiva en el Liberal, es porque en su desmedida ambición quieren aniquilar a la primera fuerza política de Santander para quedarse con todo. Es cierto que se han evidenciado prácticas corruptas en alcaldías anteriores, pero es de Perogrullo advertir que de eso debe encargarse la justicia, y el peligro para la buena marcha de las instituciones se presenta cuando desde un medio de comunicación o desde una instancia de poder como la alcaldía de Bucaramanga pretenden arrogarse la condición de jueces para destruir con ‘posverdades’ a sus rivales políticos, enarbolando banderas teñidas de una moralidad farisea.

El propio Crótatas fue el primero en señalar la catadura uribista de Rodolfo Hernández, cuando en marzo de 2015 dijo que éste “torció su ética y con horrorosa estética se lanzó en brazos de Uribe Vélez, ícono máximo de lo peor que ha dado el país y de lo que no queremos repetir los colombianos”. (Ver columna). En la práctica, ya dueños del poder, lo que se aprecia es la puesta en escena de una poderosa campaña de desprestigio contra la cabeza más visible del liberalismo en el departamento, Horacio Serpa, convencidos de que golpeando la cabeza inutilizan el resto del cuerpo.

Pero es ahí donde se les ve fuera de foco: si bien es innegable que la corrupción ha permeado todas las esferas públicas y privadas, entre los políticos en ejercicio Serpa es de los pocos a los que no se puede acusar de haber robado plata, y en su larguísima trayectoria nunca ha sido requerido por un juez ni le han abierto ningún proceso. Y agrego, en lo que constituye una opinión personal: hoy Andrés Pastrana y Álvaro Uribe conforman una alianza para poner presidente en 2018, pero a Colombia le habría ido mucho mejor si en alguna de las tres veces que los enfrentó, el presidente hubiera sido Serpa y no Pastrana o Uribe. Estaríamos contando otra historia.

Esa catadura uribista a la que se refirió Crótatas tiene su cuota más representativa con el secretario de Desarrollo Social, Jorge Figueroa Clausen, uribista de raca mandaca, de los que visitan al dueño del Centro Democrático en El Ubérrimo o reciben su visita en Bucaramanga. Y es obvio que la consigna “derrotemos a Serpa”, le favorece más al uribismo que al mismo Hernández. Y para no dejar duda del entuerto, durante el último año por lo menos en dos ocasiones Uribe ha visitado al alcalde en su apartamento. (Ver noticia).

Pero hablemos de negocios, porque dije arriba que la alianza se extiende también a lo económico. Según documentado artículo del portal Corrillos.com.co que no ha sido desmentido, Vanguardia Liberal y el ingeniero constructor Rodolfo Hernández tienen intereses comunes en el macroproyecto de Interés Social Nacional Pienta –Homenaje Comunero al Bicentenario- localizado en Piedecuesta, uno de los municipios que componen el área metropolitana de Bucaramanga.

Son cuatro los predios que componen este proyecto de 12.420 viviendas, y uno de esos, Hacienda Santa Rita de 50 hectáreas, constituye el 40 por ciento del terreno requerido. Ese predio era hasta el 26 de noviembre de 2009 de propiedad de Galvis Ramírez y Compañía SA, máxima accionista de Vanguardia Liberal, con 17,38 por ciento de la hacienda.

Sin embargo el 27 de abril de 2011, una vez anunciado el macroproyecto por parte del gobierno de Horacio Serpa, a través de una escisión la Inversora San Carlos SA (dueña del 33,33 por ciento) negoció la totalidad de su porcentaje con Casalinda SA, empresa esta que tiene entre sus socios a Manuel José Guarín Ruiz, abogado y amigo de toda la vida de Rodolfo Hernández; Socorro Oliveros de Hernández, esposa de Rodolfo Hernández; Rodolfo José Hernández Oliveros, hijo menor de Rodolfo Hernández; y hasta hace poco el propio Rodolfo Hernández, quien dejó su participación en manos de su hijo Rodolfo José.

Según Corrillos.com.co, “los documentos dejan en evidencia que desde 2011, Galvis Ramírez SA y Casalinda SA (compañía de la familia del alcalde Rodolfo Hernández) son socios dentro de un negocio por casi 1 billón de pesos, proyecto apalancado por el Gobierno Nacional, donde el Municipio de Piedecuesta se ha encargado de suministrar los servicios requeridos y el cambio en el uso del suelo necesarios para su ejecución, por lo que para los urbanizadores es un negocio seguro y sin pérdidas”. (Ver artículo).

Este indecoroso Editorial de Vanguardia Liberal, que parece redactado desde el despacho del Alcalde y fue publicado el domingo siguiente al despido de Crótatas, sirve para ayudar a entender por qué según ese periódico ‘Llegó la hora de las obras’. (Ver Editorial).

DE REMATE: Este lunes 28 el alcalde Rodolfo Hernández convocó a un desayuno de trabajo a los parlamentarios de Santander, en el emblemático Club del Comercio. De un total de trece, llegaron tres: los representantes Lina Barrera, Miguel Ángel Pinto y Édgar Gómez, alias el Pote. Dos liberales y una conservadora. Ningún senador. (Ver foto) El señor de gafas que preside la reunión es Rodrigo Fernández, asesor de contratación de la Alcaldía de Bucaramanga. No haré conjeturas.

lunes, 21 de agosto de 2017

Petro puntea porque polariza, por pendenciero




Gustavo Petro es alguien a quien admiro y aprecio. Lo conocí por los años en que intentamos, en compañía de mi profesor y amigo Carlos Vicente de Roux, que el Polo Democrático escogiera a María Emma Mejía como su candidata a la Alcaldía de Bogotá. (Ver foto).

Ocurrió hace diez años, en 2007. A pesar de que María Emma lo derrotaba en las encuestas, la consulta la ganó Samuel Moreno gracias a una jugada maquiavélica de Jaime Dussán: logró que el CNE definiera la consulta como interna. Esto se tradujo en que solo podían votar los afiliados a ese partido, y así sacó corriendo a los que en los estratos más altos simpatizaban con María Emma pero por nada del mundo se iban a matricular como militantes del Polo para votar por ella.

Debido a esa camisa de fuerza me afilié al Polo, voté por María Emma y unos días después me retiré dando un portazo, con una carta donde protesté por la treta que se inventó Dussán para dañarle el caminado a mi candidata: puso a votar a los profesores del Distrito que controlaba, y el resultado fue la estrepitosa alcaldía de Samuel Moreno, de la que el Polo no ha logrado reponerse. ¿Se imaginan la historia de Bogotá donde hubiera sido María Emma la alcaldesa? Pero bueno, no lloremos sobre la leche derramada.

Contra todo pronóstico, a Samuel lo sucedió Petro, y asistimos a cuatro años signados por la feroz persecución política que desató en contra suya el entonces procurador Alejandro Ordóñez, lo cual lo victimizó y le dio gran parte del capital político que hoy tiene, sumado a los éxitos inobjetables de su administración, por ejemplo el diseño del mejor metro posible para Bogotá.

Hay sin embargo un aspecto que no se puede omitir, y se relaciona con las dificultades que siempre tuvo Petro para conformar un gabinete estable. Se armó una coalición para llevarlo al poder y de ella formaron parte amigos suyos como Antonio Navarro, Carlos Vicente de Roux, Daniel García-Peña o Guillermo Alfonso Jaramillo, pero ya posesionado como alcalde no pudo entenderse con ninguno de ellos. Todos se le fueron retirando, unos en forma discreta como Navarro o De Roux, y otros de modo ruidoso como García-Peña, quien lo definió como un “déspota de izquierda” y en su carta de renuncia le espetó: “la repetida impuntualidad no es nada distinto a un profundo irrespeto por los demás”.

Gustavo Petro es un hombre brillante y talentoso, tal vez genio, pero carga con una gran limitación: su dificultad para relacionarse con los demás, tanto con sus opositores –apenas comprensible- como con sus pares, inadmisible. Nada más acertado que la Bogotá Humana en la que puso su mejor empeño, y que ahora extiende a la Colombia Humana; pero nada más desacertado que ese aire de caudillo que se trae, alimentado en parte por las encuestas y en parte por la nutrida cauda de seguidores que en las redes sociales practican el culto a su personalidad, como verdaderos Testigos de Jehová suyos: cada vez que alguien lo critica, el que lo defiende remata con la frase o el meme ‘Petro Presidente’, sin duda en cumplimiento de una consigna trazada desde arriba.


Hoy la realidad tozuda nos muestra que avanza con paso firme una gran coalición de centro-izquierda en defensa de la paz y contra la corrupción entre Humberto de la Calle (Liberal), Claudia López (Verde), Sergio Fajardo (Compromiso Ciudadano) y Jorge Robledo (Polo). Ahora bien, hay un segundo bloque comandado por Gustavo Petro, y el peligro latente reside en que si estos dos grandes bloques no logran ponerse de acuerdo antes de la primera vuelta, por el medio se colaría no uno sino dos de los tres candidatos de la derecha que con toda seguridad habrá: Germán Vargas, Alejandro Ordóñez o “el que diga Uribe”, en un escenario donde no se ve al Partido Conservador con candidato propio y Juan Carlos Pinzón –también derechista- es apenas un figurón sin partido.

Espero estar equivocado, pero llego a pensar que Gustavo Petro podría ser la piedra en el zapato de la coalición que se está armando, porque si no es con él a la cabeza, se negará a estar ahí. Mientras Petro polariza, De la Calle atrae a opuestos.

En busca de una solución concertada, podría pensarse en que la venidera elección legislativa de marzo sirva de plataforma para una consulta en la que participen De la Calle, Claudia López, Robledo, Fajardo, Petro y Clara López, sin que se descarte que para antes de esa fecha los cuatro primeros ya se hayan puesto de acuerdo en una fórmula de dos, que en dicho caso competiría con Petro y Clara.

Sea como fuere, lo único cierto e irrefutable es que para lograr la consolidación definitiva de la paz, el requisito sine qua non es que todos los que la defienden estén unidos en torno a un solo candidato para la primera vuelta. Y aquí le concedo la razón a Humberto de la Calle, cuando dice que en tal caso no habría segunda vuelta.

Ya después habrá tiempo de armar el gabinete ministerial de la reconciliación nacional, pero si pidieran mi humilde opinión empezaría a confeccionarlo así, con De la Calle en la Presidencia:

-          Ministro del Interior: Sergio Fajardo
-          Ministro de Educación: Gustavo Petro
-          Ministra de Justicia: Claudia López
-          Ministro de Hacienda: Jorge Enrique Robledo
-          Ministra del Trabajo: Clara López

Alguien por el interno sugiere a Claudia como ministra del Interior, pero otro (aterrizado) manifiesta que con el geniecito que ella se manda, no sería la indicada para representar al Presidente en su relación con los partidos. Y bueno, si ese fuera el motivo, Petro tampoco tendría el perfil requerido…

DE REMATE: Los magistrados Leonidas Bustos, Francisco Ricaurte y Camilo Tarquino ayudaron a elegir al actual Fiscal General, y el nombramiento del corrupto Luis Gustavo Moreno en la Unidad Anticorrupción fue precisamente una cuota de los dos primeros, en reconocimiento por dicho ‘empujoncito’. Lo que resulta asombroso, hasta el escándalo, es que esto no le acarree ninguna responsabilidad política a Néstor Humberto Martínez, a tal punto que conservó su puesto. ¿En qué país vivimos, ah?

martes, 15 de agosto de 2017

Libreto para video de Youtube: Por qué escribí ‘Me cago en la cara de Uribe’




ESCENA 1: Escritorio con portátil de trabajo. En ángulo de ¾, recostado sobre el posabrazos habla el suscrito a la cámara con mirada serena, dentro del espíritu de reconciliación que debe cobijarnos a todos.

Hola, soy Jorge Gómez Pinilla. Tal vez me recuerden por la columna que provocó mi salida de Semana, titulada María Isabel Rueda y su fábrica de mala leche. Pero lo que hoy nos reúne aquí no es esa sino otra columna, que me ha traído tal vez más dolores de cabeza, titulada Me cago en la cara de Uribe.

Lo primero que trajo fue una carta de la bancada del Centro Democrático a El Espectador, donde lamentaban la ausencia de censura. Lo segundo, una denuncia penal del abogado uribista Abelardo de la Espriella por calumnia e injuria. Lo tercero… Bueno, eso tercero me lo reservo por ahora. No le quiero meter ají al picante.

A los que no pasaron del título en esa columna, les aclaro: yo comencé hablando de una expresión que, para mi asombro, es de uso muy común en España: “¡me cago en la hostia!”. Ahí manifesté mi dificultad para entender por qué un español puede ofender algo tan sagrado como la hostia que representa el cuerpo de Jesucristo… ¡y no pasa nada!

Y hablé también de otra imprecación con alto contenido ofensivo, que es cuando un argentino dice “andate a la puta madre que te parió”, algo tan corriente allá que hasta lo cantan las ancianas gauchas. Miren que no miento.

Y bueno, en esa columna confesé que cuando supe que Uribe se había ido hasta Atenas a hablar mal de Colombia, a un foro internacional llamado Concordia –vaya paradoja, concordia-, lo primero que se me vino a la cabeza fue precisamente la imprecación argentina: “¡la puta madre que lo parió!”.

Y expliqué que eso mismo lo dijo la revista Semana, pero en términos indoloros. Dijo “a Uribe se le fue la mano”. Y agregó: “él tiene todo el derecho a desprestigiar al gobierno, pero no el de desprestigiar al país”. Y Matador lo pintó en pose de atleta olímpico sosteniendo un rollo de papel higiénico, para que limpie –supongo- la ‘cagada’ (entre comillas, ojo) que cometió con Colombia ante el mundo. (Ver caricatura)

Esto para que se entienda que yo no abrigaba ningún propósito ofensivo ni difamatorio, fue solo la expresión de una descarga emocional motivada por lo que percibí como una traición a la patria, pues es evidente que Uribe sometió a Colombia al escarnio público solo para satisfacer un apetito político egoísta, el de hacer quedar mal al presidente Juan Manuel Santos ante el planeta entero.

“¡La puta madre que lo parió!”, exclamaba yo para mis adentros. Ofendido, no he de negarlo. Y entonces recordé –y entendí- el sentimiento de indignación de un Tano Pasman, fanático del River Plate argentino que se hizo inmortal la tarde que puteó a su equipo durante la transmisión de un partido de ida contra el Belgrano. Vean.

Si se me permite una segunda confesión –por no decir infidencia- la primera reacción de desagrado hacia mi columna provino de la asistente personal del director de El Espectador, don Fidel Cano, a quien ella se la pasó (casi escandalizada) y me dijo “espere que la está leyendo”. Y yo callado durante casi diez eternos minutos con el teléfono pegado al oído, en una escena cargada de emoción y suspenso, hasta que María Isabel dijo “espere ya se lo paso”. Y me lo pasó, y don Fidel en su salomónico dictamen dijo “no veo ningún problema en publicarla”.

¿Significaba eso que el eminentísimo director de El Espectador se convirtió de la noche a la mañana en otro comunista solapado como Juan Manuel Santos, de esos que quieren convertir a Bogotá en cabeza de playa del castrochavismo internacional? No señores, yo creo que no. Significa fue que leyó la columna completa, y así venció el rechazo que por supuesto provoca el título (entre comillas, ojo), y si no me pidió que lo cambiara fue porque comprendió que era el más adecuado para la columna. Léanla y se convencerán.

Esto es como cuando en Gargantúa y Pantagruel, un clásico de la literatura universal escrito por François Rabelais en 1530, un caballero corteja así a una dama:
- “Sabed, señora, que estoy tan enamorado de vos que no puedo mear ni cagar. Como comprenderéis, puede sobrevenirme una enfermedad y, ¿qué ocurriría entonces?
- ¡Idos, idos! –le responde ella. Eso a mí no me importa. Dejadme rezar.
Pero el tipo insiste, y llevado por el afán de su apetencia carnal le ruega a la airosa dama: ¡Dadme, por favor, vuestro paternóster!
- Y la dama le responde: Ah, tomadlo pues, y no me importunéis más.”

“Vuestro paternóster”, háganme el favor. En pleno apogeo de la Santa Inquisición Rabelais tuvo la temeraria osadía (blasfemia, en últimas) de comparar el Padre Nuestro con la vulva femenina… ¡y no pasó nada! Y ella se dejó convencer… y le dio el paternóster.

En el caso que nos ocupa, solo aspiro a vuestra compresión para que entendáis que cuando dije “me cago en la cara de Uribe” fue en sentido coloquial, como entre amigos, solo que uno de ellos se expresó en Sol sostenido mayor, ofendido.

Es como cuando los costeños exclaman ¡Eche no joda, ese man sí manda es cáscara! O como cuando los argentinos gritan ¡la puta madre que lo parió! O como cuando los españoles dicen encojonados ¡me cago en la hostia!

Pero bueno, eso ya quedó atrás. Hoy estamos en plan de borrón y cuenta nueva, así que si a alguien ofendí, me disculpo y me retracto. Tratemos de vivir en paz, hagamos un país donde quepamos todos.

Ah, y no dejen de suscribirse a mi canal. Y esperen mi segundo libro".

domingo, 13 de agosto de 2017

El secreto (descifrable) que Frechette se llevó a la tumba




En preparación de un libro que viene en camino, luego de varias semanas de insistencia logré que Myles Frechette, embajador de Estados Unidos durante el gobierno de Ernesto Samper, me concediera una entrevista el pasado viernes 31 de marzo. Hablamos durante casi cuatros horas en la recepción del Hyatt Bethesda de Washington, sobre todo del asesinato del líder conservador Álvaro Gómez Hurtado, y nada me hizo pensar que tuviera una enfermedad terminal. (Ver entrevista).

Por el contrario, lo noté vigoroso y ágil de pensamiento, con algunas lagunas de memoria en ciertos nombres de colombianos, pero muy lúcido en sus planteamientos. Hoy pienso que si ya sabía que se acercaba su muerte, y si aceptó conceder la entrevista, fue porque había cosas que quería que se supieran, a sabiendas de que “hay secretos de Estado que no contaré”.

Una de las cosas que ocultó, fue la identidad del colombiano que una noche lo visitó en su residencia para preguntarle qué pensaría el gobierno de EE.UU. si se llevara a cabo un golpe contra Samper. Algo que, en la práctica, era como si le estuvieran pidiendo permiso para hacerlo.

Hay cosas que debo reservar para el libro en camino, pero resulta imposible sustraerse a la muerte de Myles Frechette sin dejar constancia de los esfuerzos que hice por tratar de sacarle quién fue ese misterioso personaje “de bastante influencia en Colombia”. Lean ustedes lo que aquí contó Frechette, a ver si con algo de espíritu detectivesco es posible llegar hasta su escondida identidad. Lo que sí afirmó sin subterfugios, es que era alguien que asistía a las tertulias que organizaba el humorista Jaime Garzón en su casa.

En su libro con Gerardo Reyes (Frechette se confiesa) usted cuenta que “llegó una persona distinguida de la sociedad colombiana y me dijo embajador, ¿cuál sería la reacción de Estados Unidos si hubiera un golpe contra Samper?”. ¿Cree usted que algún día sea posible saber quién fue esa persona… por ejemplo hoy?
Mire, a mí se me acercaban muchas personas, me preguntaban, me acechaban en cocteles, yo sabía lo que querían. Y yo les contestaba “EE UU no tiene nada que ver, nosotros no hacemos eso, olvídese, eso no tiene cabida, ni considerarlo”. Usted sabe, a los colombianos les encantan los chismes. Y el hecho de que hubiera llegado un montón de personas a hacerme la misma pregunta no era fundamento alguno para pensar que esa persona tenía alguna involucración o algún interés en un golpe de Estado. Es por eso que nunca he revelado quién fue, porque al revelarlo se puede disparar una marcha loca de acusaciones, y hacerle un grave daño a esa persona, quien por cierto era de bastante influencia en Colombia. Cuando esa persona vino a mi residencia, la admití porque era una persona muy importante. Me hizo la pregunta y le respondí “olvídese. Esos días de matar gente o de hacer golpes de Estado se acabaron”.

Pero a ver: el hecho de que usted cuente quién fue esa persona, no se traduce de inmediato en que quede señalada o acusada…
Yo sé muy bien cómo son los medios en Colombia. Ahí se va a disparar un corre-corre. Y no quiero hacerle daño a una persona que nunca me hizo daño a mí. Además, yo no tenía la menor sospecha de que tuviera algún interés en eso.

¿Esa persona era un civil o un militar?
Ah no, yo no hablé con militares. Yo como embajador tenía que tratar con el presidente y el ministro de Defensa, o con algún alto oficial jefe de la institución. Yo no hablaba mucho con gente del Ejército, ni en la Policía ni en la Armada. Lo mío era de gobierno a gobierno. No se lo voy a decir porque tengo un miedo tremendo, yo conozco a Colombia, claro, y lo que va a pasar es que va a haber una serie de acusaciones, que por qué esto y por qué lo otro. Y el pobre tipo se va a quedar diciendo “¿qué coños le hice yo al embajador Frechette para que fuera a soltar contra mí los perros?”.

¿Pero no será que al conocerse su nombre, esa misma persona puede ayudar a aclarar las cosas y llegar a la verdad?
Usted tiene que entender que yo tengo otro criterio. Podría ser, pero yo sé lo que realmente va a pasar. Eso podría propiciar una declaración de esa persona, sí, pero yo no quiero hacer ese tipo de daño en forma loca, como un carro desbocado.

¿Esa persona de la que me habla, usted considera que es alguien honorable…?
A ver: en términos colombianos, en política, muchas personas en EE UU podrían no ser personas honorables, pero en Colombia sí lo son. Gente de la alta sociedad, funcionarios, jefes de grandes compañías.

Correcto. Pero al menos permítame preguntarle si era políticamente contrario a Samper, o sea de la oposición.
Bueno, en las reuniones donde Jaime Garzón había mucha gente que hacía política contra Samper, y otras que eran más moderadas. Todos en la casa de Garzón hablando, relajándose, tomando trago, comiendo algo que nos había preparado la esposa de Garzón. Así que era una mezcla. Era una persona que yo conocí y que todo el mundo conoce, pero no hay razón para tirarle una piedra.

¿O sea que esa persona asistía a las reuniones donde Jaime Garzón…?
Sí señor.

Si es una persona honorable, sabrá dar las explicaciones del caso. ¿No le parece?
Yo viví cuatro años en Colombia y he visto personas que no han sabido defenderse, o que han sido acusadas por error. Uno no puede ir como embajador a un país y hacerle daño a una persona que no haya estado violando los acuerdos de Colombia con EEUU. Para ponerle un ejemplo: una persona que haya hecho chanchullo en asuntos financieros, bueno, de pronto. Pero no es una persona involucrada directamente en el narcotráfico. Yo no tenía ninguna razón para pensar mal. Claro, la gente que trabajaba en la embajada leía reportes de periódicos y me traían esas cosas…

O sea que si usted tuviera alguna sospecha de que esa persona que fue a consultarle tuviera algo que ver con algo indebido, ¿en ese caso sí revelaría su nombre?
Bueno, tendría que pensarlo bien. No quiero darle una respuesta a puertas abiertas. Pero yo lo hubiera pensado más, definitivamente. Una de las cosas que yo quería dejar muy claro en Colombia, era que los días de los golpes de Estado apoyados por EEUU, como fue el caso en Chile, se habían terminado. Ya no existía eso, el Congreso había hecho una gran investigación y todo eso había sido prohibido, incluso el asesinato de personas. Yo quería que la gente entendiera eso porque yo pensaba, caracho, yo conozco muy bien esta región. De repente la gente agarra a pensar como que aquí en Colombia EE UU tuvo el dedo metido, y yo no quiero que se piense eso.

¿En algún momento Álvaro Gómez le consultó sobre el tema, teniendo en cuenta que como usted mismo ha revelado, a él mismo le propusieron ese golpe de Estado?
No. Él nunca vino a verme a mi oficina ni a mi residencia. Lo veía en reuniones sociales y en esas reuniones todo el mundo se portaba muy bien.

¿Esa persona que lo fue a visitar… era del Partido Conservador?
No, no era de ningún partido en esa época.

¿Un empresario, entonces?
No, no, no. Era una persona que le interesaban todas esas cosas, pero no era miembro formal de ningún partido.

Deme su semblanza personal sobre Álvaro Gómez Hurtado
Álvaro era una persona muy de armas tomar en sus creencias políticas, como otros conservadores en Colombia, así que nunca hablamos mucho. Es decir, era un poco “no me toques, no me vayas a tiznar”.

¿Usted conoce a personas que hubieran ido a proponerle el golpe de Estado a Álvaro Gómez?
Lo que yo sé es que hubo militares que lo buscaron y le hicieron la pregunta. Yo no creo que fuera el tipo de persona que de entrada les hubiera dicho “absolutamente no”; les dijo “déjenme pensarlo”. Y creo que después de una cierta reflexión, él se dio cuenta de que por mucho que no le gustase Samper, él no haría eso. Y entonces les dijo a esas personas que habían ido a verle, que él no lo haría.

Una fuente colombiana de alto nivel me dijo que tiene información confiable según la cual a usted no fue a visitarlo una sola persona para consultarle lo del golpe, sino una comisión de conspiradores de alto nivel, y que entre ellos estaban Hernán Echavarría Olózaga, Enrique Gómez Hurtado y Juan Manuel Santos. ¿Se equivoca mi fuente?
Mentira total, eso no es cierto. La gente que me preguntó fue individualmente, y más o menos en secreto. Si estaba en una reunión social, por ejemplo, alguien me llevaba a un lugar apartado y allá me hacía la pregunta.

En el libro suyo con Reyes, cuando él le pregunta si cree que Samper estuvo involucrado en el asesinato de Gómez Hurtado, usted responde: “Samper puede ser muchas cosas pero no un asesino. Simplemente no le puedo decir por qué…”. Ahí, en ese “no le puedo decir por qué”, parecería que usted cometió un lapsus, como si se le hubiera soltado algo que no podía contar y hubiera tratado de corregirlo en el camino.
No es así. Ahí yo estaba diciendo la verdad.