lunes, 15 de enero de 2018

Empleadas sobreexplotadas, ¿hasta cuándo?




Hace unos meses me ocurrió algo más cercano a la literatura que a la cruda realidad, y lo consigno aquí como abrebocas a la verdadera historia: llegué a un almacén de un importante centro comercial del norte de Bogotá a comprar algo de ropa, y mientras probaba diferentes prendas observé que la empleada que me atendía me observaba con especial curiosidad, hasta que dijo: “tengo la impresión de haberlo visto antes, pero no recuerdo dónde”.

Cuando le dije que soy periodista y agregué mi nombre, de inmediato recordó: “Ah, ¡usted es el que le da tanto palo a Uribe! Yo lo leo los miércoles en El Espectador”. Mi ego quedó inflado hasta la estratosfera no solo porque conocía el día de mi columna, sino porque lo usual es que la gente reconozca a personajes de la farándula, no a un pinche columnista de prensa.

El asunto es que a partir de ese día comenzamos a charlar con relativa frecuencia, más a chatear que a vernos, debido a un horario de trabajo que a ella solo le permite un día de descanso a la semana, el cual le fue retirado en diciembre. Esto se traduce en que durante ese mes, del 1 al 31, Milena debió cumplir agotadoras jornadas de mínimo 10 horas, a veces 12 (10 a.m. a 10 p.m.), todo el tiempo de pie atendiendo clientes con su mejor sonrisa, sin un solo día de descanso.

Uno de esos escasos días en que pudimos conversar al calor de una cerveza, Milena (su nombre aquí es lo único ficticio) me dijo: “Lo que escribes deja ver que llevas una vida emocionante; por eso te leo. Dices cosas tenaces, te agarras con unos, te admiran o te insultan otros, te defiendes atacando o argumentando. Es emocionante. En cambio mi vida es del trabajo a la casa, de la casa al trabajo”.

Milena vive en un barrio de estrato 3, estudió dos semestres de Idiomas pero debió abandonar por falta de plata. Forma parte de una familia muy unida –tres hermanas y sus padres-, a la que además del amor filial los une el pago compartido de una deuda que todavía están pagando, después de que todos (o mejor, todas) juntaron sus ahorros y montaron un almacén… y quebraron. 

A falta de almacén propio hoy Milena trabaja en uno muy afamado que tiene sucursales regadas por todo el país, con un sueldo apenas cercano al millón de pesos y el horario ya descrito, que la tiene “del trabajo a la casa y de la casa al trabajo”.

Tal vez por la situación que de primera mano conocí en Milena, ahora cuando entro a un supermercado de esos que llaman ‘grandes superficies’ les pongo especial atención a los empleados que atienden y a sus condiciones materiales de trabajo.

Como resultado de esas ‘inspecciones’ he observado, por ejemplo, que las tiendas D1 y Justo & Bueno, que hoy compiten entre sí y en apariencia manejan precios bajos, ese bajo costo lo trasladan a la reducción del mobiliario al mínimo, cual si fueran tiendas cubanas.

Es así como, si uno se fija, a los empleados –en su inmensa mayoría mujeres- que atienden en las cajas no les es permitido sentarse durante sus ocho horas diarias de trabajo, por una razón sencilla: no tienen sillas, todo el tiempo deben permanecer de pie. ¿A qué puede obedecer esta situación, a todas luces injusta? (Ver foto).

Basta hacer cuentas para llegar al intríngulis: solamente D1 posee casi 600 tiendas en Colombia y si a cada una le calculamos por bajito tres cajas, serían tres sillas por cajera que, vistas en su conjunto, completan 1.800. Si a las sillas les ponemos un precio –también por lo bajito- de 100 mil pesos cada una, el resultado es contundente: por mantener en permanente incomodidad a sus cajeras, esa sola empresa se está ahorrando unos 180 millones de pesos.

No sabemos si frente a situaciones como esta podría –o debería- intervenir el Ministerio del Trabajo, lo mismo que frente a los agotadores horarios que les hacen padecer a empleadas como Milena, sin tiempo siquiera para compartir con su familia… ¡y menos con sus amigos!

No sabemos tampoco si por esto nos van a acusar de castrochavistas o de simpatizantes de la Farc, pero no podíamos terminar esta columna sin dejar sentada una enérgica voz de protesta por las deplorables condiciones de trabajo y los bajos sueldos que reciben todas esas legiones de operarias –y operarios- que con su abnegada labor contribuyen a enriquecer las arcas de los voraces dueños de esas grandes tiendas.

Solo esperamos que esta denuncia contribuya para que a las cajeras de Justo & Bueno y D1 les den sillas dónde sentarse (sería emocionante que así pasara), y rogamos al Altísimo para que no ocurra lo contrario: que otras cadenas comerciales como Metro, Jumbo o Carulla decidan seguir el ejemplo del ahorro y… les retiren sus sillas a las cajeras que ya las tienen.


DE REMATE: ¿Será que la influencia de la columnista conservadora María Isabel Rueda en la Fiscalía General está sirviendo hasta para que no judicialicen –como hasta ahora ha ocurrido- a Francisco y Catalina Uribe Noguera, hermanos de Rafael, el asesino y violador de Yuliana Samboní? ¿Será cierto además que tan eficaz intermediación obedece a que María Isabel es gran amiga (además del fiscal Néstor H Martínez) de Sergio Arboleda Casas, padre de la esposa de Francisco? Noticia en desarrollo. 

martes, 9 de enero de 2018

Álvaro Gómez debe de estar revolcándose en su tumba




Hubiera preferido dejar esto para el libro que preparo sobre el asesinato del líder conservador Álvaro Gómez Hurtado, pero un Confidencial en la primera edición de 2018 de Semana (número 1.862) enciende las alarmas y obliga a manifestarse.

Para entender el título que hoy escogí debo remitir a mi última columna, donde preguntaba: “Frente a la declaratoria de lesa humanidad que acaba de decretar el Fiscal, ¿significa eso que se cayó el proceso contra (Héctor Paul) Flórez y este fue declarado inocente…?”. La respuesta llegó en modo exprés, con este Confidencial: “Acusado de asesinato de Álvaro Gómez Hurtado al parecer era inocente”.

De entrada el título es inexacto pues el hombre no solo fue acusado, sino condenado a 40 años de cárcel. En busca de demostrar la inocencia de quien se probó había sido el que disparó sobre el líder inmolado, la familia Gómez Hurtado publicó el domingo 12 de octubre de 2014 lo que llamé un “publirreportaje judicial” en el programa Los Informantes de Caracol (dirigido por María Elvira Arango, exempleada del Noticiero 24 Horas), con un doble objetivo: airear ante la opinión pública la supuesta inocencia de quien llamaron “un chivo expiatorio”, y reiterar la tesis según la cual “la mafia mató a Álvaro Gómez a pedido del gobierno de turno”. (Ver programa).

¿En qué me baso para afirmar que la justicia probó que Héctor Paul Flórez Martínez fue quien disparó sobre AGH? En lo que escribí para Semana.com el 29 de octubre de 2014 titulado Los Informantes y el “chivo expiatorio”, eso no es periodismo: “no sabemos si Arango investigó al respecto, pero si lo hizo omitió contar que a sus 21 años Héctor Paul Flórez no era un “delincuente común” sino un asesino confeso. Aunque en la indagatoria negó su participación en el crimen de Gómez Hurtado, sí reconoció haber participado en organizaciones dedicadas al sicariato y “haber cometido el delito de homicidio en la persona de Ovidio Fernández en Carmen de Bolívar el 7 de enero de 1994 mediante el pago de un millón de pesos”, según el expediente.

También omitió contar María Elvira que luego de su captura, en fila de seis personas fue reconocido por numerosos testigos presenciales como uno de los tres que dispararon (uno con tiros al aire para distraer la atención, otro contra José del Cristo Huertas y Flórez contra Gómez Hurtado), y que entre los muchos testigos estuvo José Guillermo Vélez, quien “lo reconoció someramente pero cuando el acriminado asumió la actitud de disparar, el reconocedor rompió en llanto y excitación cuando observó el tatuaje con las iniciales RC que en la mano izquierda tiene Héctor Paul Flórez”.

Está además la confesión de su amigo Carlos Alberto Lugo (ver confesión), quien fue invitado a participar en el crimen pero se negó y luego declaró que Flórez le contó haber disparado el día anterior cuatro veces sobre su víctima, y “el hecho tuvo comprobación por el protocolo de necropsia visible a folio 104 del C.O. 1, en el que se dice que fueron 4 los tiros recibidos por el doctor Gómez Hurtado, con 4 orificios de entrada, ninguno de ellos en la cabeza”.

Es de veras sorprendente la información que trae el citado Confidencial de Semana, no solo porque omite contar que el hombre fue condenado y que la familia de Álvaro Gómez intervino desde el comienzo de la investigación con el abogado Hugo Escobar Sierra (q.e.p.d.), participó como parte civil y estuvo de acuerdo con la condena. Sorprende también –por aberrante- que quien hoy está al frente como apoderado para tumbar el proceso es nada menos que un sobrino de la víctima, Enrique Gómez Martínez, y la sorpresa crece hasta el escándalo cuando se lee al final del Confidencial que “la Fiscalía va a iniciar una acción de revisión ante la Corte Suprema de Justicia para demostrar que el señor Flórez Martínez es totalmente inocente de ese crimen”. Óigase bien: “totalmente”.

¿Qué se traen entre manos, ah? ¿En qué momento la Fiscalía pasó de ente acusador a entidad defensora de un convicto a quien no solo se le probó la culpa y la familia de la víctima estuvo de acuerdo, sino que hoy disfruta de libertad condicional tras pasar 18 años en presidio? ¿Y gracias a cuál arte de birlibirloque resulta el Fiscal General coincidiendo en todo con la tesis que más le conviene a la familia Gómez Hurtado…? ¿Tendrá algo que ver en ese súbito giro la discípula del inmolado Álvaro Gómez, la columnista alvarista María Isabel Rueda, reconocida como cercana amiga y consejera de Martínez Neira?

Sea como fuere, no se puede perder de vista que hace tres años la misma María Elvira Arango dio en el clavo cuando ‘sin querer queriendo’ explicó el motivo por el cual Gómez Martínez se convirtió en apoderado del asesino: porque “con Héctor Paul condenado… el crimen no puede ser declarado de lesa humanidad”.

A ver, barájenla más despacio: ¿la noticia de hace ocho días no era que la Fiscalía había declarado el crimen como de lesa humanidad? ¿Por qué aparece entonces ahora ante la Corte Suprema defendiendo a un presidiario que de algún modo ya cumplió su pena, y por qué emitió declaratoria de lesa humanidad para un crimen si por lo visto debía esperar a que la CSJ tumbara el proceso contra el único condenado que hubo? ¿Acaso el fiscal ensilló antes de traer las bestias…?

El asunto adquiere cierto tufillo de pesado hedor, como de cosa descompuesta, al observar que el Fiscal General de la Nación en su soberana potestad se puso la misma camiseta de Enrique Gómez Martínez (diferente a la camiseta de la víctima, ojo) y aboga por un asesino confeso ante la Corte Suprema, coincidiendo además con la estrategia periodística de la María Elvira Arango y María Isabel Rueda, ambas agradecidas ex subalternas de la familia Gómez Hurtado.

En referencia al Confidencial podría pensarse que Felipe López (dueño de Semana y autor de esas píldoras informativas) fue asaltado en su buena fe, pero el asunto se torna ‘intrigante’ al constatar que ocho días antes la portada de la edición 1.861 de Semana se tituló Los papeles del magnicidio, con este encabezado: “Semana revela la verdadera historia de cómo la Fiscalía pudo comenzar a esclarecer el magnicidio del líder conservador Álvaro Gómez Hurtado”.

Si el título del Confidencial era inexacto esto ya es sesgado, pues da a entender que la Fiscalía de Eduardo Montealegre y todas las anteriores estuvieron erradas o dando “palos de ciego” (la expresión es de Semana), pero bastó con que se pusiera al frente de la investigación un hombre como Néstor H Martínez Neira para que por fin se “empezara a esclarecer” lo ocurrido….

Semana está en libertad de decir un día una cosa y un tiempo después otra, pero es deber del periodista bien informado mostrar una contradicción donde se presenta. Hoy Semana acoge –en consonancia con el nuevo Fiscal- la versión de Hernando Gómez Bustamante, alias ‘Rasguño’, según la cual el asesinato de Álvaro Gómez fue un favor que el cartel del Norte del Valle le hizo al gobierno de Ernesto Samper: “El ‘Gordo’ y Horacio mandan la razón con el ‘Gordo Nacho’ (Ignacio Londoño) de que hagamos lo que sea para parar a Álvaro Gómez porque si hay un golpe militar van a extraditar a todo el mundo”.

La contradicción reside en que el mismo Felipe López, según me contó cuando le ofrecí la entrevista que le hice a Myles Frechette en abril del año pasado, escribió en febrero de 2010 un artículo sobre Rasguño que tituló “¡Está loco!”, cuyo encabezado decía: “Semana conoció la totalidad de la declaración de 'Rasguño' sobre el magnicidio de Álvaro Gómez. Salpica a medio país, dice todo tipo de mentiras y deja ver una siniestra intención de salvar a unos y hundir a otros. ¿Hay alguien detrás de esa estrategia?”. (Ver artículo).

Pertinente pregunta, porque después de observar que hoy coinciden al dedillo la familia Gómez Hurtado, la Fiscalía General de la Nación, las Marías –Elvira Arango e Isabel Rueda- y Semana (que recibe convenientes filtraciones sobre casos delicados como el atentado al Centro Andino), queda la nítida impresión de que hubiera una especie de mano negra detrás de “esa estrategia”.

Pertinente también es la columna que escribí hace dos meses, titulada Revista Semana, ¿vocera oficiosa de la Fiscalía? No quiero posar de iconoclasta, pero los sucesos atropellados de las últimas semanas de diciembre parecen concederme la razón cuando dije arriba que Álvaro Gómez Hurtado debe de estar revolcándose en su tumba.

DE REMATE: Cuenta el ideólogo conservador Pablo Victoria en su libro Memoria de un golpe que el general Fernando Landazábal fue a visitarlo a su oficina y le dijo, muy preocupado: “Quiero hablar con usted, pero otro día, porque yo sé quién mandó asesinar a Álvaro Gómez” (pág. 277). Quedaron en que cinco días después hablarían sobre el tema, pero fue asesinado el día anterior, el 12 de mayo de 1998. Y es cuando el lector perspicaz se pregunta: ¿por qué tenía que haber una cita posterior, en lugar de haberle contado ahí mismo? ¿O fue que en efecto le contó e ipso facto el general se convirtió –como Álvaro Gómez- en alguien que sabía demasiado? Y lo más raro: ¿quién y por qué asesinó al General Landazábal justo 24 horas antes del momento en que le revelaría a Victoria el gran secreto…?

lunes, 8 de enero de 2018

Quiero traducir un libro que mencionan en Los Simpson


Hace muchos años una amiga antropóloga me obsequió un libro en inglés sobre la marihuana, titulado A Child’s Garden of Grass. Toda una joya editorial de los años 70. En una primera lectura lo noté muy entretenido, de un humor irreverente, pero lo guardé en mi biblioteca como un tomo más. Solo empezó a llamar mi atención cuando me pareció que ese mismo libro era mencionado en algunos capítulos de la serie infantil Los Simpson, no con el mismo nombre pero sí en aproximaciones que comenzaban con “A Child’s Garden of…”
Intrigado comencé a mirar con más detenimiento, y al final de meses de minuciosas pesquisas comprobé que al menos en cuatro de sus capítulos aparecía ese mismo libro, como si el libretista –Matt Groening- hubiera querido rendirle un homenaje. De ahí en adelante, como periodista y editor asumí el reto de tratar de traducir ese libro al español, pues consideré que si Los Simpson le rendían homenajes camuflados a un libro que enseña a fumar marihuana, su traducción para el mundo hispano podría ser un verdadero éxito en ventas, además de constituirse en una llamativa curiosidad editorial.
Así que emprendí la búsqueda del autor del libro, para conseguir los derechos de traducción de su obra. Cuando por fin logré ubicar en una lejana aldea de Israel a Richard Clorfene, el único de sus dos autores aún vivo, él me habló de concederme eso derechos a cambio de 5.000 dólares.
Es esto lo que hoy me tiene aquí, frente a ustedes, solicitando su colaboración para completar esa suma y brindar tan divertida lectura a todos los hispanoparlantes de este planeta llamado Tierra.
A quienes no puedan colaborar, les hago una cordial invitación a que compartan este enlace o contribuyan a difundir mi mensaje. De algún modo, esta campaña pretende contribuir a abrir las compuertas hacia la legalización de una sustancia cuyo uso parece ser más benéfico que dañino para la humanidad. De otro modo, no tendría la acogida que desde hace muchos años está teniendo en numerosos capítulos de Los Simpson.
Para ver cómo puede contribuir, diríjase a este enlace:

lunes, 1 de enero de 2018

Julio Sánchez y María Isabel Rueda, hablemos de “canalladas”




Amordazar es taparle la boca a alguien con cualquier instrumento, real o virtual, para que no pueda hablar. Eso hicieron conmigo desde la W Radio Julio Sánchez Cristo y María Isabel Rueda el pasado 29 de diciembre, cuando trapearon con mi prestigio a raíz de la última columna que escribí para El Espectador, titulada El ‘carameleo’ de Mauricio Gómez y la muerte súbita de Myles Frechette, y no me permitieron defenderme de sus acusaciones. (Ver columna).

Ese día los oyentes despertaron escandalizados al enterarse de que un periodista de nombre Jorge Gómez Pinilla escribió esto: “Mi tesis es que la familia Gómez Hurtado está haciendo todo lo que tiene a su alcance para que lo declaren crimen de Estado (el asesinato de Álvaro Gómez) y así hacerse a una indemnización multimillonaria”. Obviaron, eso sí, citar lo que dije a continuación: “Según Carlos Castaño en su libro Mi confesión, “la verdad ya la conocen los afectados (o sea los familiares). Por una extraña razón, entre ellos y los victimarios parece que se hubiese pactado un armisticio sordo y rencoroso”. (Pág. 234).

Pacto sordo y rencoroso fue el que escenificaron María Isabel Rueda y Julio Sánchez, la primera afirmando que se trataba de “una canallada de un tamaño que me parece increíble que El Espectador la haya albergado”, mientras el segundo lo veía “muy doloroso para la familia de un líder tan representativo”, y el muy respetable Alberto Casas lo consideró (cuando lo acorralaron para que diera su opinión) algo “absurdo, desproporcionado e irrespetuoso”.

Absurdo, desproporcionado e irrespetuoso es que digan todas esas cosas contra mí y me nieguen el elemental derecho a la réplica. Y canallada es que manden al editor de W Radio a invitarme a hablar (ver invitación) y me hayan tenido horas enteras sin poder moverme, y al final salieran con que “queríamos hacer la entrevista al tiempo con Mauricio Gómez, pero él declinó la invitación. Por cuestión de equilibrio preferimos no hacer ahora el reportaje. Nos quedaremos solo con la mención hecha más temprano”. (Ver DM).

Eso sonó a otra burla, como la que me montó Mauricio Gómez desde su oficina en CM& para embolatarme el acceso a un video de vital importancia para mi investigación periodística. Por cierto: ¿por qué en su incoherente carta de protesta a El Espectador Gómez Escobar dice que yo le pedí que buscara en el archivo de 24 Horas, si ese nombre nunca se mencionó? Eso sería como si yo me pusiera a buscar una anterior columna mía para Semana… en los archivos de Cromos.

De otro lado: ¿cuál “equilibrio” puede haber en que Sánchez haya leído los apartes más lesivos a mi prestigio de la carta que Mauricio Gómez dirigió a El Espectador (que es como si él mismo hubiera hablado) y luego digan que se quedarán “con la mención hecha más temprano”? Es precisamente esa “mención” la que me perjudica, y constituye un atentado contra mi buen nombre que no se me respete el derecho a defenderme de semejante canallada. Aquí sí, canallada.

Así las cosas, puesto que desde esa emisora me amordazaron para impedirme ejercer mi defensa, me permito exponer por qué dije –y sostengo- que la familia Gómez Hurtado está en busca de “un botín”, expresión ésta usada por don Julito, pero igual la comparto.

Comienzo por aclarar que mi tesis no es nueva sino de tres años atrás, por los días en que doña María Isabel me hizo echar de Semana.com, y lo dije en dos columnas. Así que no entiendo por qué el escándalo lo arman ahora, si tuvieron suficiente tiempo para refutarme o llegado el caso demandarme por calumnia, injuria o atentado contra el buen nombre de esa familia.

La primera vez fue en Los Informantes y el “chivo expiatorio”: eso no es periodismo. Ahí llamé la atención sobre un capítulo de ese programa de María Elvira Arango dedicado a tratar de probar la inocencia de quien la justicia probó –valga la redundancia- sin margen de duda haber sido el que disparó las balas que mataron a Álvaro Gómez. Pero el motivo de mi asombro –y escándalo- no estuvo ahí, sino en constatar que según ese programa “Enrique Gómez Martínez, sobrino y abogado de la familia, hoy es su apoderado y lucha ahora desde el mismo bando”. (Ver columna). ¿Cómo es posible –me preguntaba- que justo el que disparó sobre la humanidad abaleada y doliente del líder conservador termine defendido por un miembro de esa misma familia?
 
A tan aberrante paradoja intenté darle explicación en Las dos Marías y los dos Enriques: engañando unidos (ver columna), donde informé de algo que había pasado desapercibido pero requiere atención, y sigue sin respuesta: ¿Por qué Enrique Gómez Hurtado se reunió en forma clandestina durante dos horas en su propia casa con el coronel Bernardo Ruiz Silva por los días en que este huía de la justicia tras ser cobijado con orden de detención, acusado de haber dirigido el complot para asesinar a su propio hermano…? Tratándose de un prófugo de la justicia ¿no era su deber ponerlo en conocimiento de la autoridad, y al omitirlo habría incurrido en el delito de encubrimiento?

Permítanme ahora remitirme al sobrino de la víctima: ¿cómo hace Enrique Gómez Martínez para no entrar en conflicto de intereses con su propia familia al representar al único condenado que hubo por el asesinato de su tío, en el trámite de un recurso de revisión que busca anular la sentencia, siendo que se trata de un proceso en el que la familia intervino con su entonces apoderado (Hugo Escobar Sierra) desde el comienzo de la investigación, participó como parte civil y estuvo de acuerdo con la condena? Eso de defender al que la justicia le probó su participación material en el magnicidio es precisamente lo que tiene relación con algo que dijo María Elvira Arango en Los Informantes citado: “El caso está a un año de prescribir, y con Héctor Paul condenado, el crimen no puede ser declarado de lesa humanidad”. Frente a la declaratoria de lesa humanidad que acaba de decretar el Fiscal, ¿significa eso que se cayó el proceso contra Flórez y este fue declarado inocente…?

Ya el proceso no va a prescribir, porque el fiscal Néstor Martínez Neira se acaba de casar con la tesis de la familia del inmolado –y por tanto con la versión de alias ‘Rasguño’- y lo declaró crimen de lesa humanidad, y al parecer ha desechado las declaraciones del recién fallecido exembajador Myles Frechette que habló de “militares retirados de derecha”. O sea que solo falta que este mismo fiscal lo declare crimen de Estado (pero no por lo de los militares sino por aparente culpa del gobierno donde se presentó dicho crimen), y entonces la familia de la víctima se haría a una jugosa indemnización, cuyo monto total ronda los 2.000 millones de pesos, según fuentes de alto crédito.

Respecto a la carta-protesta de Mauricio Gómez a don Fidel Cano, además de incoherente es irrespetuosa, por partida doble: con él, pues duda de su idoneidad como director cuando habla del “lamentable ejercicio de periodismo a sueldo que El Espectador patrocina”. Y conmigo, porque en lugar de rebatir los argumentos acude a la falacia ad hominem de señalarme como “asalariado de Horacio Serpa”. La verdad monda y lironda es que entre febrero de 2012 y septiembre de 2013 fui editor general y cofundador del portal Olapolitica.com, del cual me separé en parte por diferencias con su “Comité del Aplauso” (libro Objetivo: hundir a Serpa, pág. 32) y en parte porque el lanzamiento de Serpa al Senado me impidió continuar al frente de su revista virtual. Como escribí en amable carta de renuncia, “lo mío es el periodismo político, no el periodismo al servicio de una campaña política”.

Tengo por el doctor Horacio Serpa los mejores sentimientos de respeto, gratitud y admiración, y la amistad que nos une nunca ha sido obstáculo para expresarle con santandereana franqueza mis diferencias, cuando estas se presentan. Por ejemplo, a raíz de la onerosa consulta (onerosa sobre todo para la imagen del candidato) que nunca debió existir, pues el Partido Liberal debió rodear e impulsar la figura de Humberto de la Calle a la presidencia desde el primer día. Lo cierto es que en esa consulta yo voté por De la Calle, y Serpa por Juan Fernando Cristo. Y seguimos de amigos.

Ya para concluir, está lo que le pregunté a María Isabel Rueda antes de que me hiciera echar de Semana.com: Por qué el 4 de agosto de 2007 dijo esto en su columna de la edición 1.318 de Semana: “No creo que (Samper) haya tenido nada que ver con el asesinato de Álvaro Gómez”. Y por qué más abajo agregó: “Siempre he creído en la teoría de que un crimen de Estado acabó con la vida de Álvaro Gómez, entendiendo por ello la posibilidad de que miembros de las Fuerzas Armadas (…) sin conocimiento de Samper, hubieran planeado y efectuado el magnicidio”. Y por qué 7 años después, el 8 de noviembre de 2014, dijo esto: “Luis Hernando Gómez Bustamante, alias ‘Rasguño’ (…) ha hablado 4 veces ante la justicia. Ya dijo quién mató a Álvaro Gómez. Ya dijo por qué”. Como quien dice, ella ya sabe quién mandó matar a Álvaro Gómez, dónde está su asesino. Que lo diga. Seguimos atentos a su respuesta.


DE REMATE: Ante la negativa de Sergio Fajardo a medirse en una consulta con Humberto de la Calle, conviene aclararle que este se enfrentó a las maquinarias del Partido Liberal representadas en Juan Fernando Cristo y las derrotó. De la Calle representa más un baluarte (y socio) en defensa de la paz, que a su propio partido. Es casi obvio que ante una eventual consulta el 11 de marzo gana Fajardo, pero con De la Calle como su Vice la fórmula se haría arrolladora.

lunes, 25 de diciembre de 2017

El ‘carameleo’ de Mauricio Gómez y la muerte súbita de Myles Frechette




Estoy escribiendo un libro sobre el asesinato del dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado y, por paradojas del destino, un suceso de reciente ocurrencia con su hijo Mauricio lo tiene trancado. Si hoy lo cuento, es en busca de destrancarlo.

Hace unos meses recibí una comunicación anónima, de alguien que me recomendaba hacerle seguimiento al asesinato del abogado Marceliano Cabezas, ocurrido el 28 de junio de 1997 en Bogotá. Cabezas era el abogado defensor de una de las personas implicadas en el asesinato de Gómez Hurtado y en el atentado al abogado Antonio José Cancino, apoderado del presidente Ernesto Samper, ocurridos respectivamente el 2 de noviembre y el 27 de septiembre de 1995.

El día de su desaparición, al salir de su casa Cabezas paró un taxi y se subió. Tan pronto partió el vehículo llegó a la esquina una camioneta roja, recogió a dos hombres y comenzó a seguir el taxi. Su cuerpo fue encontrado al día siguiente en la calle 200 entre la carrera séptima y la autopista Norte. Presentaba señales de tortura, sus ojos fueron vendados con cinta adhesiva y sus manos amarradas a la espalda. Tenía dos tiros en la cabeza. Según su viuda en artículo de El Tiempo, luego de su muerte los vecinos le contaron que días atrás habían visto en turnos de dos a sujetos rondando por la cuadra, y al otro día los rotaban. Ello muestra un entramado criminal de alta capacidad logística.

La persona anónima habló también de una entrevista que el abogado había dado al noticiero CM& días antes del homicidio, de la que tengo certeza material de su ocurrencia y donde se habría referido a una supuesta participación de militares retirados en el asesinato de Álvaro Gómez.

Llevo varios años investigando el tema y nunca antes había escuchado el nombre de Marceliano Cabezas. Por eso me puse a la tarea de buscar esa grabación, convencido de que no tardaría más de una semana en dar con su paradero. En una primera comunicación fui remitido a la gerencia de CM&, donde unos días después de mi solicitud se me informó que la persona encargada sería, válgame Dios, el hijo de Álvaro Gómez… El asunto me causó profunda extrañeza, pues bastaba con comisionar al muchacho ‘patinador’ que en todo medio maneja el archivo y en tres patadas consigue el material que se le solicita, lo cual debe hacer con prontitud porque se trata de un noticiero, no de la Hemeroteca Nacional. Pero antes que un facilitador, me entregaron un obstáculo para llegar al material informativo.

Mauricio Gómez Escobar es un excelente periodista, realizador de unos informes regionales de impecable factura que han ganado varios premios, pero tuve la impresión de que era y sigue siendo la persona menos indicada para atender mi requerimiento, pues lo que siempre he expuesto en mis columnas sobre los posibles autores del crimen es por completo antagónico a lo que sostienen los deudos del líder inmolado. Mi tesis es que la familia Gómez Hurtado está haciendo todo lo que tiene a su alcance para que lo declaren crimen de Estado y así hacerse a una indemnización multimillonaria. Según Carlos Castaño en su libro Mi confesión, “la verdad ya la conocen los afectados (o sea los familiares). Por una extraña razón, entre ellos y los victimarios parece que se hubiese pactado un armisticio sordo y rencoroso”. Pág. 234.

Obligado como estaba a seguir un conducto ‘irregular’, llamé al conmutador de CM& a preguntar por Mauricio Gómez y me lo pasaron. Le conté lo del libro en torno al asesinato de su padre, él me escuchó en los más amables términos de bogotana cordialidad, no hizo mayores preguntas, me dijo que iba a averiguar por la cinta y que lo llamara unos días después.

Al final de esos días después me dijo que qué pena, que se le había olvidado mi encargo, que lo llamara otros días después, como en efecto hice. Y luego de los otros días después me volvió a preguntar como si no recordara nada de lo que ya le había contado, y así. El hecho es que han pasado casi tres meses en los que a cada llamada le atraviesa una justificación de por qué no ha podido encargarse de eso. A la última, el pasado jueves 21 de diciembre, ya le metió un impedimento repentino: a la persona encargada del archivo “se le quebró una pata, le dieron incapacidad y no tengo a nadie más, eso ya va a tocar es esperar hasta después del 9 de enero…”

Vi que no eligió la fecha al azar, pues el 9 es el día siguiente al lunes festivo de Reyes, pero constaté ante todo que yo estaba siendo sometido a una operación de carameleo, entendida por el diccionario RAE como la “acción de dilatar, diferir con engaños un asunto haciendo creer que pronto se va a solucionar”. Se trataba, en síntesis, de vencerme por la vía del cansancio.

Ahí ya entré en estado de alerta, no por la molestia derivada de la prolongación del tiempo sino porque presentía la nueva explicación que podría darme el 9 de enero: “hombre, qué pena con usted pero de regreso al noticiero me encuentro con que esa cinta no existe, o se desapareció, no sé, precisamente esa, oiga qué cosa tan extraña, así ni modo de seguir colaborándole…”.

Entendí entonces que debía contar a mis lectores lo ocurrido, como medida de salvaguarda del propósito periodístico que me anima, pues todo indica que esas declaraciones del abogado días antes de ser asesinado podrían arrojar alguna nueva luz sobre los móviles del crimen de Álvaro Gómez, mientras que su eventual desaparición solo arrojaría un nuevo manto de oscuridad.

Además de lo anterior, hay otro hecho que tampoco puede pasar desapercibido al objeto de  mi libro: el embajador de Estados Unidos en Colombia por los días en que ocurrió el homicidio de Álvaro Gómez era Myles Frechette (sin duda el hombre mejor informado durante los azarosos días del proceso 8.000), a quien entrevisté en Washington D.C. el 1 de abril y cuyas declaraciones generaron un gran revuelo nacional tras su publicación aquí, en El Espectador. (Ver entrevista).

Frechette murió exactamente tres meses después de esa entrevista, el 1 de julio. Eso en parte es extraño, pues yo noté a un hombre vigoroso y lúcido a punto de cumplir 81 años, no tenía el semblante de alguien que va a morir tres meses después. Pero más extraño aún es que su esposa Bárbara se demoró un mes en contar la noticia. Y yo me preguntaba: ¿cuándo se ha visto que alguien muere y callan el suceso tanto tiempo? ¿Qué hay detrás de ese silencio?

Por los días en que había muerto pero todavía no se sabía, intrigado al ver que Frechette no respondía algunos correos que le envié, decidí llamar a su casa en Bethesda. Contestó doña Bárbara, me identifiqué en inglés y le dije querer hablar con el exembajador, y esto me respondió:

He has died.

Antes de que pudiera responderle se soltó a llorar, y a continuación pronunció en inglés algunos balbuceos precipitados de los que solo pude reconocer las palabras Bogotá y Embassy, y colgó. No sé si esa llamada mía precipitó la divulgación de la noticia, pero no pasaron 48 horas cuando por fin se supo de su fallecimiento.

Sea como fuere, esas dos palabras identificables a mi oído de hispanoparlante darían para pensar que ante la Embajada de EE UU pudo presentarse alguna queja por las cosas que contó Frechette, unas sobre los posibles autores del magnicidio y otras sobre los vínculos que señaló entre Álvaro Uribe y el paramilitarismo. No olvidemos que éste desde su cuenta de Twitter le respondió a Frechette tratándolo de “sinvergüenza”. (Ver reacción). Puedo estar equivocado, pero no es descartable que considerando las buenas relaciones que mantiene Uribe con la derecha política asentada en el Departamento de Estado o dentro del mismo gobierno de Donald Trump, las hubiera aprovechado para provocar alguna reacción de alto nivel que le amargara el rato a Frechette.

Aquí la única fuente de primera mano para resolver el enigma es la misma viuda de Frechette, doña Bárbara. Después de esa última llamada, otras que le he hecho desde diferentes puntos de Colombia han sido en vano, como si ella identificara su origen y se abstuviera de responder. Pero avanzo en un plan B, convencido como estoy de algún factor sobreviniente que pudo agravar la salud del diplomático.

Así las cosas, tanto por la entrevista al occiso Marceliano Cabezas que Mauricio Gómez trata de embolatarme, como por el misterio que envuelve la muerte súbita de Myles Frechette, esta columna se convierte en una “noticia en desarrollo”.

martes, 19 de diciembre de 2017

Alcalde Rodolfo, hijos y esposa: ¡qué bonita familia!




¿En qué se parecen el exfiscal Luis Gustavo Moreno y el alcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández Suárez? En que ambos manejaban un discurso frontal contra la corrupción, hasta el día que se descubrió que era solo eso: un discurso. En el caso que hoy nos ocupa, estamos hablando de un contrato de corretaje descubierto y denunciado por la página Corrillos.com.co, donde se acordaba que uno de los hijos del alcalde Rodolfo Hernández y su esposa, Socorro Olivero, recibirían millonarias comisiones por el contrato de tecnificación de las basuras. (Ver artículo).

Por más que lo intente eludir, este escándalo trae fresco a la memoria el interés que siempre tuvo Hernández por el negocio de las basuras, desde los días de 2012 en que un Manolo Azuero convertido en Catón de la moral pública contaba en su columna de Vanguardia Liberal del sospechoso contubernio que se presentaba entre el entonces alcalde Lucho Bohórquez, Rodolfo Hernández y el exdirector de la Corporación de Defensa de la Meseta de Bucaramanga - CDMB, Fredy Anaya, en torno a la posibilidad de convertir un potrero de la vereda Chocoa a las afueras de Girón –Monumento Nacional- en el vertedero de las basuras de toda el área metropolitana: Bucaramanga, Girón, Piedecuesta y Floridablanca.

Según Azuero, “la empresa que desarrolla el relleno sanitario se denomina Entorno Verde S.A. Sus miembros de junta entre otros son Tatiana Villarreal (empleada de Fredy Anaya), Rodolfo Hernández Suárez y (su hijo) Rodolfo José Hernández”. (Ver columna).

Bien llamativo que en pasado y presente aparezcan sendos hijos involucrados en el negocio de las basuras, pero para la ocasión actual el alcalde se refugie en afirmar que “mi hijo no me contesta el teléfono desde que empezó esto, se escondió, no abre la puerta del apartamento". A otro perro con ese hueso, la primera impresión que de allí queda es que el alcalde quiso recuperar la cuantiosa inversión que se perdió en Chocoa, en parte debido a la empecinada oposición de los habitantes de Girón a que les metieran un basurero, y en parte por un pronunciamiento de la Procuraduría Delegada para Asuntos Ambientales que le pidió a la CDMB “suspender o cancelar el proyecto en razón a los graves problemas ambientales que presenta”.

En la situación presente a Rodolfo Hernández no solo se le cayó el negocio con la empresa Vitalogic (que escogió a dedo y de la que decía “va porque va”), sino la estantería completa de una administración que se hizo elegir bajo la consigna de luchar contra los corruptos. Sea como fuere, la suerte está de su lado cuando cuenta con la complicidad de un periodista-admirador como Julio Sánchez Cristo, quien en entrevista con La W comienza absolviéndolo así de toda culpa: “porque conocemos el estilo del alcalde, puede estar el hijo en esto pero el alcalde no va a dar un paso atrás en su lucha contra la corrupción”. (Ver entrevista).

Cosa diferente hizo Néstor Morales en Blu Radio, quien le preguntó sin ambages: “le pido la precisión: ¿la corrupción entró o no entró a su familia?” A lo que responde: “Timbró, pretendió entrar, pero le tiramos la puerta en la cara”. (Ver entrevista).

Falso de toda falsedad, no le tiraron la puerta en la cara: el mismo alcalde reconoció que en su propia casa se reunió “dos o tres veces” con José Manuel Hormaza, gerente de Vitalogic, la empresa que terminó como único proponente en el cuestionado proceso, y que su hijo, Luis Carlos Hernández, estuvo presente en una de las reuniones. Aclaró eso sí que su casa y su oficina están contiguas, apenas “pasando una puerta”, pero lo que despierta suspicacia es que se hayan reunido allí y no en el despacho de la Alcaldía, que es lo que le correspondería hacer a un funcionario que quiere demostrar con hechos –no con discursitos moralistas- su lucha contra los corruptos. Según el emperador Julio César “la mujer del César no sólo debe ser honesta, sino parecerlo”.

Son los hechos los que hablan por sí solos, por más que pretenda tapar lo que a todas luces fue un acto de corrupción de su hijo, signado por eso que los abogados llaman “intención de dolo”. Precisamente el documento salió a la luz pública porque uno de los gestores del contrato (Luis Andelfo Trujillo) se arrepintió y denunció al alcalde ante la Procuraduría, “bajo el argumento de que el mandatario sabía del acuerdo de corretaje y fue él mismo quien delegó a su hijo”.
Así las cosas, atrás van quedando los tiempos en que Rodolfo Hernández anunciaba en tono vigoroso que “vamos a derrotar a Serpa”, y estos son remplazados por la más demoledora de las evidencias: si de corrupción se ha de hablar, de esta no se salva ni su propia familia. En otras palabras, el alcalde quiso tirarles la puerta en la cara a los corruptos, pero los corruptos ya estaban adentro.
DE REMATE: A todas estas, ¿qué estará pensando el Jefe de Gobernanza de la alcaldía de Bucaramanga, Manolo Azuero, del escándalo que ha llegado a tocar hasta su propia oficina, apenas “pasando una puerta”? ¿Le dictará su conciencia una eventual renuncia…?

domingo, 10 de diciembre de 2017

Balance 2017: una noticia buena, otra mala y...




Hacer un balance político del año que termina, comienza por dos cosas: señalar como grave error de El Tiempo haber escogido al fiscal Néstor Humberto Martínez como el Personaje del 2017, y nominar a la Jurisdicción Especial de Paz (JEP) como la Víctima del Año.

Lo de El Tiempo clasifica como un tiro en el pie que se dio su dueño, Luis Carlos Sarmiento Angulo, pues Martínez Neira fue miembro de la junta directiva de El Tiempo (ver aquí) y asesor legal del Grupo AVAL en muy importantes negocios, razón por la cual se le conocía como "el hombre de Sarmiento". Sumado a que el banquero es uno de los socios del contrato de la Ruta del Sol 2 por medio de la sociedad Episol, filial de Corficolombiana, con una participación del 33 por ciento.

Lo de hombre del año se percibe entonces como la retribución a un favor, pues le sirvió a Sarmiento para que, pese a haber sido su abogado, Martínez no se declarara impedido frente a Odebrecht y terminara sacándolo limpio de semejante enredo. Según el columnista Alberto Donadío, “NHM desde el cargo de fiscal general siguió obrando como abogado del hombre más rico del país”. (Ver columna). Así las cosas, El Tiempo comienza 2018 herido en su credibilidad, y la credibilidad es el más importante ‘activo’ que posee un medio de comunicación.

Queda herido también –y de muerte- el tribunal de justicia acordado en La Habana como parte sustancial del Acuerdo y definido como Jurisdicción Especial de la Paz (JEP), el cual debía dedicarse a “investigar, esclarecer, perseguir, juzgar y sancionar las graves violaciones a los derechos humanos y las graves infracciones al Derecho Internacional Humanitario (DIH) que tuvieron lugar en el contexto y en razón del conflicto armado”.

Al finalizar 2017 la JEP termina violada, pisoteada y desmembrada por una clase política egoísta y mezquina que decretó absurdas inhabilidades para sus magistrados, y desfigurada por una Corte Constitucional que eximió de juzgamiento a los empresarios, ganaderos o industriales que patrocinaron grupos paramilitares, hoy llamados “terceros”. Nombre por cierto tan eufemístico como el de ‘falsos positivos’ para la máquina genocida de muerte que desató por todo el país el régimen de la Seguridad Democrática de Álvaro Uribe contra los miles de jóvenes que “no estaban recogiendo café”.

Continuando con el balance del año, arranca en situación deficitaria la campaña del Centro Democrático a la Presidencia con la postulación oficial de Iván Duque como su candidato. El saldo de la jornada es una profunda división interna, en la que muchos ven a Duque como un santista infiltrado (“comunista”, según Ricardo Puentes).

Uribe logró convertir en show mediático semanal la escogencia de su candidato, pero no es pensar con el deseo si decimos que se está quedando cada vez más solo, y parte de la prueba es el ‘trasteo’ de miles de votos de la Misión Carismática Internacional a las toldas de Cambio Radical. Mi impresión personal es que Uribe no confía en Duque, y podría terminar por 'sacrificarlo' en aras de fortalecer su alianza con Alejandro Ordóñez y Marta Lucía Ramírez. En tal dirección es previsible que se inicie una feroz campaña de propaganda negra contra Duque, fabricada en las cañerías de ese mismo partido y tendiente a forzar la escogencia de un candidato de coalición diferente a este.

Cambiando de tema –aunque no del todo- resulta bien llamativo ver cómo Germán Vargas le compite a Uribe en su propio terreno, se apropia del discurso uribista (hasta de sus tácticas de guerra sucia) y acapara caciques políticos por todo el país, convencidos estos de que cobijados bajo su manto protector no corren el riesgo de ser ‘tocados’ por la vara justiciera de su leal aliado el fiscal Néstor Humberto Martínez…


De otro lado, comienza 2018 con la nominación definitiva de Sergio Fajardo como el candidato de la alianza integrada por el Polo Democrático, Alianza Verde y Compromiso Ciudadano. Se abre así la puerta hacia una eventual coalición de centro-izquierda, a la que muy posiblemente se integre Humberto de la Calle, sometiéndose con Fajardo a una consulta el 11 de marzo, de la que saldría la fórmula Presi-Vice. Lo ideal sería que Gustavo Petro también logre integrarse, en cuyo caso se ganaría en primera vuelta. El problema de fondo es que cada uno se cree con la fuerza electoral requerida para pasar a la segunda vuelta y… he ahí el peligro. Sea como fuere, a Petro le corresponde entender que en la coyuntura actual él no es el más indicado para encabezar una coalición, por el grado de polarización que su nombre provoca. Y solo, no va a ningún Pereira.

En conclusión, mientras el 2016 terminó con la azarosa noticia del triunfo del NO que hizo avizorar un 2017 cargado de nubes negras (y las hubo por montón), el balance anual de P&G nos arroja una noticia buena y otra mala.

La mala: lo despedazada, violada, descuartizada y desmembrada que quedó la JEP para identificar a los culpables de crímenes de guerra en todos los bandos. Si esto no se endereza no será posible alcanzar una verdadera paz, pues la reconciliación de los espíritus solo se puede cimentar sobre el conocimiento de la verdad y el consiguiente perdón. Sin verdad, ¿cómo puede haber perdón?

La buena: si la lógica de las encuestas de fin de año se mantiene y no surge la clase de imprevistos a los que cierta ‘mano negra’ suele acudir para enderezar las cosas a su favor, en 2018 tendremos un presidente diferente a los peligrosos Germán Vargas Lleras o “el que elija Uribe”.

DE REMATE: El mismo día que El Tiempo eligió al fiscal Martínez Neira, El Espectador escogió como personaje del año a “Los silenciados (más de un centenar de líderes sociales asesinados en 2017) y los que resisten”. Es la diferencia que existe entre usar un medio de comunicación para promover las relaciones públicas de su dueño… y practicar un periodismo ético en defensa de seres humanos inermes, indefensos, desprotegidos por el Estado”.