lunes, 28 de diciembre de 2009

Se hundió el referendo


A raíz de un artículo que escribí , titulado "La Corte Constitucional tumbó el referendo", la revista Semana me encargó uno para su edición de Inocentes, que se titulara "Se hundió el referendo". Aquí está:

Un verdadero terremoto político produjo el fallo proferido por la Corte Constitucional, cuando, luego de un proceso de revisión largo y dispendioso, declaró “jurídicamente inexequible” el referendo, por los que consideró un “cúmulo de errores” de procedimiento.

Sin entrar en los detalles técnico-jurídicos que tuvo en cuenta la alta Corte para proferir su fallo -y que todo el mundo ya conoce-, la mayoría de analistas coincide en que primó la línea formalista del magistrado ponente, Humberto Porto Sierra, pues puso especial énfasis en revisar que los procesos de aprobación de las leyes se hubiesen cumplido con rigor, encontrando más de una inconsistencia.

http://www.semana.com/noticias-politica/hundio-referendo/133212.aspx

La reacción más esperada provino de la Casa de Nariño, que guardó silencio casi 24 horas, durante las cuales desfilaron por sus pasillos diversos consejeros y personalidades, así como miembros del alto mando militar. Parecían “guardando luto”, según el abogado y columnista Ramiro Bejarano. Hasta que por fin puso la cara el ministro del Interior y Justicia, Fabio Valencia Cossio, para decir que “el gobierno es respetuoso de las instituciones y acata el fallo, siendo consciente eso sí que (sic) hay cinco millones de colombianos que no lo comparten”. Dos días después, a la salida de una misa el presidente Álvaro Uribe manifestó que “se resolvió en parte la encrucijada del alma. Ahora, a seguir trabajando por esta Patria querida, confiando en Dios nuestro Señor”. ¿Qué quiso decir con “en parte”?, se preguntaba un analista capcioso.

Más enérgica fue la reacción de un desencajado José Obdulio Gaviria, quien afirmó que “esto ya es el acabose. Es un golpe de Estado contra el sentir nacional. No sé como van a hacer esas inmensas mayorías defraudadas para que se respete su voluntad”. La réplica no se hizo esperar del candidato liberal, Rafael Pardo Rueda: “aquí no hay ningún acabose. Por el contrario, estamos ante un mejorose”. Para el candidato del Polo Democrático, Gustavo Petro, la Corte Constitucional “obró en estricto derecho, lo cual representa un alivio para la democracia. Si el fallo hubiera sido a favor de la reelección, la Corte habría cargado con la responsabilidad histórica de abrirle las puertas a la dictadura”.

En medio de la batahola que se formó, medios informados centran su mirada sobre la reciente aparición en Facebook de la página Me comprometo a reelegir a Uribe, que a ocho días de su creación ya registra casi dos millones de inscritos. En lo que algunos mal pensados han interpretado como la activación del Plan B del uribismo, los creadores de la página están convocando a una Gran Marcha Nacional, bajo esta frase de batalla: “La tercera es la vencida”. Con ello aluden a las dos grandes marchas anteriores (en las que Facebook también tuvo papel decisivo), la multitudinaria del 4 de febrero de 2008 contra las Farc y la del 6 de marzo del mismo año contra el paramilitarismo. Hoy están convencidos de que la tercera las superará, para sentar un precedente inamovible, con miras al objetivo trazado: “reelegir a Uribe”.

Quizá en respuesta a este movimiento de propaganda mediática, el ex presidente César Gaviria salió del silencio en que se había recluido luego de entregar la presidencia de su partido, y expidió esta declaración: "Respetamos el fallo de la Corte Constitucional. Sea el momento para invitar al presidente Uribe a que haga lo propio, a que manifieste que también lo acatará. Confiamos en que no incurrirá en acciones que lleven al traste nuestro Estado de Derecho, en nombre del tal Estado de opinión, que no es otra cosa que el abuso del poder presidencial".

Se dice –aunque no está confirmado- que la respuesta del Presidente se dio en reciente consejo de ministros. Cuando alguien le preguntó qué opinaba del éxito inusitado de la página (Me comprometo a reelegir a Uribe), esto habría respondido: “pues, parece que el asuntico ese de la reelección ahora está en manos del pueblo, de Facebook y de la voluntad de Dios.”

Mientras tanto, ajenos a los alcances que pudiera traer esta carga de profundidad, los candidatos de la oposición hacen cuentas alegres. Contrario a lo que se esperaba, las coaliciones quedaron supeditadas a los resultados de la primera vuelta electoral, a la que ahora todos quieren ir solos, a ver quién se alza ganador de la piñata.

Por los lados de la coalición uribista, el sorpresivo triunfo de Andrés Felipe Arias sobre Noemí Sanín en la reciente consulta conservadora, sigue inclinando las fichas a favor de Uribe. Dicen que desde Casa de Nariño se aceitó la maquinaria a favor del Uribito, y no es difícil de creer. Lo cierto es que los dos grandes damnificados de la jornada fueron Noemí y Germán Vargas Lleras, la primera porque no le funcionó su discurso de uribista a medias tintas, y el segundo por la misma razón. Este último sigue sin registrar puntos de importancia en las encuestas, por lo que mantiene la misma cercanía –y distancia- con el partido Liberal que con el de la U, atento a la evolución de los acontecimientos.

Si las cosas funcionaran al derecho, el duelo oficial del uribismo en la primera vuelta correría a cargo de Andrés Felipe Arias y Juan Manuel Santos. Pero, oh sorpresa, el primero insiste en que sigue prefiriendo a su mentor (cual si renegara de su candidatura), mientras el ex ministro de Defensa no cabe de la dicha y ya anunció que no asistirá a la Gran Marcha, porque acata la Constitución. Según el escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal, periodista de La luciérnaga de Caracol, “la ambigua posición de Arias demuestra que éste siempre fue un calanchín de Uribe, mientras con Santos queda confirmado que es básicamente un hombre desleal”.

Hechas las nuevas cuentas, la primera vuelta a la Presidencia se librará (si no se presentan imprevistos) entre Juan Manuel Santos por el Partido de la U, Andrés Felipe Arias por el conservatismo, Sergio Fajardo como independiente, Gustavo Petro por el Polo Democrático, Rafael Pardo por el partido Liberal y Germán Vargas Lleras por Cambio Radical.

Por el Partido Verde Antanas Mockus es su candidato, pero sigue pensando si acepta el cupo a la vicepresidencia que le ofreció Sergio Fajardo, en cuyo caso la dupla quedaría conformada entre dos ex alcaldes y matemáticos a la vez. Por ese mismo partido Enrique Peñalosa buscará la alcaldía de Bogotá, y Lucho Garzón encabeza lista al Senado, como ya se sabe.

En lo referente a alianzas, está la del Partido Verde con Fajardo –ya sin discusión sobre quién va a la Presidencia-, cada uno con listas independientes a Senado y Cámara. Y pare de contar. Como se recordará, los intentos de acercamiento entre Cambio Radical y el liberalismo no progresaron, debido a los intensos coqueteos (políticos, obvio) entre Gustavo Petro y Rafael Pardo, que se mantienen.

Si las encuestas no fallan, tendríamos entonces que Sergio Fajardo pasará a la segunda vuelta, enfrentado a Juan Manuel Santos, y dando por descontado que éste derrotará a Arias. También se da por descontado que Fajardo contará con el apoyo de Petro y Pardo (en lo que sería la verdadera coalición democrática opositora), mientras que Vargas Lleras se iría con Santos, ideológicamente afines.

Pero la discusión es hoy de otro calado, por el peso y la trascendencia política que pretenden darle a la tan publicitada Gran Marcha Nacional, como expresión (“integérrima”, según Fernando Londoño) del Estado de opinión, al que quieren ahora sacar a la calle, visibilizarlo. Algo que para los voceros de la oposición no es otra cosa que un Estado de emoción prefabricada, y que fuerzas oscuras de la derecha podrían querer transformar en un Estado de indignación general, según analistas. Sea como fuere, hay consenso en que esa página de Facebook encierra un elemento altamente perturbador, in crescendo, dependiendo de cuántas personas –y en qué grado de emotividad- se sumen a la marcha.

Al respecto, un severo editorial de El Espectador se preguntaba si “¿puede una manifestación popular, por multitudinaria que llegue a ser, echar atrás una decisión soberana de la justicia y forzar la continuidad de un mandatario en el poder?”

Aunque ya hay voces de la misma coalición uribista que se atreven a disentir –como las de los dos (y hay más) Santos Calderón- y en el plano internacional hasta Barack Obama ha hecho de nuevo las advertencias de rigor, ciertos movimientos que se vienen dando en torno al juego electoral que se avecina, conducen a preguntarse si no habrá algún tallador que carga más de un as bajo la manga…

viernes, 20 de noviembre de 2009

Un paranoico volando puentes

Pese a que encierra enorme dificultad encontrar algo en torno a lo cual se puede estar de acuerdo con este gobierno, tiene razón el ministro de Defensa de Colombia, Gabriel Silva, cuando dice que la voladura de dos puentes peatonales en la frontera colombo venezolana constituye una “agresión contra la población civil”. La excusa oficial –consistente en afirmar que esos pasos eran usados para el contrabando y el narcotráfico- no sólo no contempla el daño que en efecto se les hace a pobladores de ambas naciones, sino que en últimas revela el creciente estado de paranoia que envuelve por estos días al Comandante en Jefe de la Revolución Bolivariana, coronel Hugo Chávez Frías.

Dicha paranoia se exacerbó –con sobrada razón, también- a raíz de la firma del “tratado de cooperación militar” entre Colombia y Estados Unidos, que contempla el uso por parte de estos de siete (¡siete!) bases militares colombianas. A nadie le cabe en la cabeza que Barack Obama usará este abrirse de piernas del gobierno Uribe para invadir a Venezuela, pero no dejará de aprovechar semejante ‘papayazo’ para espiarlo. Según Noticias Uno y otros medios bien informados, un documento del Departamento de la Fuerza Aérea de EE.UU. dice textualmente que el pacto militar que estableció ese país con Colombia, en especial el referente al acondicionamiento de la base de Palanquero (con una inversión de 46 millones de dólares), podría incluir “acciones de Inteligencia, Espionaje y Reconocimiento (IER)” contra países del continente, específicamente contra “los gobiernos antiestadounidenses”.*

Para no dejar dudas al respecto, el documento establece que la base de Palanquero “apoya a las misiones de movilidad, porque garantiza el acceso a todo el continente, con excepción de la región de Cabo de Hornos, si el combustible está disponible, y más de la mitad del continente sin tener que reabastecerse". Saber esto de las propias fuentes americanas no nos convierte en aliados de la subversión, pero sí nos recuerda al filósofo Carlos Marx cuando decía que “la verdadera historia es clandestina”. Porque una cosa es lo que dice la letra de un tratado, y otra sus alcances en la práctica. Y son esos alcances los que siguen sin gustar a otros países de la región –como Argentina, Chile o Brasil-, y son los mismos que no percibe El Tiempo cuando ve como “sorprendente que un bloque de países que se movilizó ante el anuncio del acuerdo que permite el uso de bases aéreas colombianas por parte de tropas estadounidenses, ahora mantenga la boca cerrada ante la que debería ser, sin duda, la principal preocupación regional”. (Nov. 20-09).

Esos países “en bloque” parecieran entender entonces los motivos por los cuales Chávez anda paranoico: porque saben que el lenguaraz, ciclotímico, emotivo, narcisista y rabioso Presidente de Venezuela ahora sí tiene motivos para preocuparse. Ahora que el Imperio del que tanto denuesta ha comenzado a respirarle en la nuca, comprende que sus también clandestinas relaciones de apoyo a los grupos irregulares de izquierda podrían con mayor facilidad ser develadas o, lo que sería peor para su visión estratégica del conflicto, neutralizadas.

Porque, no nos llamemos a engaños, si algo podría desbaratar la ayuda militar de Estados Unidos a Colombia son los lazos de amistad y cooperación que desde años atrás se sospecha existen entre la cúpula del gobierno chavista y la insurgencia colombiana, en particular las FARC. Así que clandestinas habrán de ser –en reciprocidad- las acciones que contra él adelanten las fuerzas ‘imperialistas’, sea para tumbarlo o, al menos, para frenar la expansión de su proyecto revolucionario.

En cierta ocasión se le escuchó decir al siquiatra y hoy presidente del Partido de la U, Luis Carlos Restrepo, que “el hecho de ser paranoico no significa que no te estén persiguiendo”. Por estos días Hugo Chávez ha descubierto en carne propia la validez tautológica de esa frase, y es eso lo que lo tiene volando puentes en la frontera.

jorgegomezpinilla@yahoo.es

* Al retirarse de la Presidencia en 1961, Dwight D. Eisenhower pronunció un discurso que se considera esencial en la política mundial, donde elaboró la tesis sobre el contubernio que existe entre la industria militar y los empresarios que hacen la industria de la guerra. Lo llamó Military Industrial Complex, y sostuvo que era “el verdadero poder en los Estados Unidos”. Barack Obama tampoco controla ese poder, por mucho Nobel de Paz que lo respalde.

jueves, 22 de octubre de 2009

Uribe depende de 'Uribito'


En entrevista para la revista Ahora, el periodista Hernando Corral le preguntó al presidente Álvaro Uribe por posibles sucesores, y esto respondió: “Tengo la creencia de que este país tiene muy buena gente; lo que pasa es que todavía hay muchos que no están en la primera plana de la figuración, pero llegarán”.
En el contexto de dicha frase, míresele por donde se le mire, la suerte del referendo reeleccionista está ligada casi de modo indisoluble a la candidatura a la presidencia de Andrés Felipe Arias. Es por eso que Uribe ha puesto tanto empeño en la defensa de su ex ministro de Agricultura, al punto de llevarlo aupado a un consejo comunal para que durante casi 20 minutos se defendiera de las acusaciones que viene recibiendo por los manejos del programa Agro Ingreso Seguro (AIS). Porque si Arias se viera obligado a abandonar su candidatura, Uribe se vería obligado, a como diera lugar, a hacerse reelegir.

No es un asunto de poca monta, y es aquí donde está su verdadera encrucijada del alma: en que necesita que sea Arias el que tome el portaestandarte de su doctrina de la Seguridad Democrática, por ser el único de los uribistas en quien realmente confía. Es claro que en tales condiciones podría seguir gobernando en cuerpo ajeno, a través de un clon político al que le daría todas las instrucciones sobre el qué hacer, sin el más mínimo temor a que se saliera de la línea trazada. Por eso tiene tanto interés en que el actual ministro de Agricultura, Andrés Fernández, alga airoso de la moción de censura que le quiere imponer la oposición en el Senado: porque si éste se viera obligado a renunciar a su cartera, sería un golpe demoledor para la candidatura de su protegido Arias, y de contera para sus planes de dejar ‘en buenas manos’ la Presidencia, en caso de que la Corte Constitucional no avale el referendo.

No olvidemos que fue el propio Uribe el que lanzó la candidatura de su pupilo durante un congreso de biocombustibles en Cartagena (cuando le dijo que debía “irse preparando”), señalando así al unigénito en quien ponía todas sus complacencias. Dicho lanzamiento tuvo un propósito adicional, cual era el de atajar la candidatura de su entonces ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, quien para la fecha ya había manifestado interés en sucederlo, y a quien Uribe se ha visto obligado a defender por el auto de detención que le profirieron en Ecuador, pero en quien no confía del todo.

La encrucijada de fondo está entonces en que si no prospera el referendo, a Uribe no le gustaría que nadie diferente a Andrés Felipe Arias fuera su sucesor. Pero el reciente escándalo por el AIS lo ha puesto contra las cuerdas, y ello explica que el propio mandatario se haya fajado tan a fondo en la defensa de su sparring. Porque hay quienes dicen que el quid en torno a una eventual segunda reelección no está en si quiere o no quiere repetir Presidencia en el 2010, sino en que sí no es Arias, a él le toca, a como dé lugar.

Aquí las opiniones van desde los que piensan que Uribe no se puede retirar del poder mientras no les resuelva la situación a los 'goodfellas' que quedan en la cárcel por el asunto de la 'parapolítica' (y que de ahí el interés en hacer nombrar un Fiscal General sacado de su bolsillo), hasta los que –más osados- se atreven a afirmar que a lo que de verdad le teme, es a la Corte Penal Internacional (CPI). A estos últimos pareciera darles la razón el mismísimo Fernando Londoño Hoyos, cuando en su columna de este jueves en EL TIEMPO (22/10/09) dice que “dos mil asesinatos cometidos fuera de combate en eso que llaman alternativamente los falsos positivos o las ejecuciones extrajudiciales, ya es un buen comienzo”.

Sea como fuere, está visto que detrás de la candidatura de Andrés Felipe Arias no sólo estaría en juego la suerte del Presidente, sino –eventualmente- la defensa misma de la democracia…

miércoles, 14 de octubre de 2009

"Eso se les va a devolver"


A un comentarista de la actualidad nacional se le escuchó decir –cual si llegara a una brillante conclusión- que El Tiempo se metió un autogol con la salida intempestiva de Claudia López, pues eso tendería a fortalecer el medio a donde ella iría a parar. Agregaba el reputado analista que habían cometido craso error, y que en su ofuscación habían reaccionado “con la cabeza caliente” cuando reemplazaron la que habría podido ser una cortés carta de despido con una nota destemplada al final de la columna: “El Tiempo rechaza por falsas, malintencionadas y calumniosas las afirmaciones de Claudia López”. Y ponía como prueba de la equivocación los más de 1.700 comentarios –todo un record- que la mentada columna había recibido ese día, la mayoría a favor de la columnista, en lo que habría sido una especie de flagelación para ese medio.

Es posible que no hayan encontrado la justificación mas acertada al ver supuesta falsedad, mala intención o calumnias en lo que no pasó de ser uno de los tantos juiciosos análisis a los que nos tiene acostumbrados la López, donde lo que quizá mas les dolió fue “recordar que a El Tiempo nunca se le ocurrió preguntarles a sus foristas si Juan Manuel Santos debía renunciar por el escándalo de los falsos positivos.” Pero de ahí a decir que hubo ofuscación o cabeza caliente en la decisión tomada, hay un largo trecho. Porque una cosa es que les haya disgustado que la columnista se hubiera valido de su tribuna de opinión para develar los intereses que esa casa periodística tiene en el tercer canal (algo que cualquier lector desprevenido percibe en la sesgada titulación que aplican cuando temen molestar al Presidente en temas de su ínterin) y otra que haya sido la propia columnista la que dio ‘papaya’ para su salida.

En otras palabras, lo que le da la razón a esa columna de Claudia López es que la hayan sacado por la puerta de atrás, pues esto se traduce en un ‘gesto’ que agrada a los detractores de la columnista, o sea al furibismo reinante, o sea a los potenciales donantes del tercer canal. No se requiere aplicar malicia indígena para apreciar que El Tiempo ha venido ‘depurando’ su línea editorial con la exclusión de columnistas críticos como María Jimena Duzán (y ahora Claudia López), y la inclusión de otros de marcada tendencia pro Uribe como Fernando Londoño, José Obdulio Gaviria, Plinio Apuleyo Mendoza, María Isabel Rueda o Mauricio Vargas. Así las cosas, la columna citada les cayó como anillo al dedo para prescindir de sus servicios, de modo que siguen llenando los requisitos para hacerse merecedores al tan anhelado premio, en la medida en que se rasgaron las vestiduras, y eso incrementa el mérito.

No quiere decir lo anterior que esa casa periodística no haya sufrido una mella en su prestigio, porque se destapó como practicante de la censura de prensa, justo en momentos en que uno de sus ex codirectores, Enrique Santos Calderón –y columnista, además- preside la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Pero es un desprestigio que sólo cunde entre un público habitualmente crítico, tanto de la prepotencia de ese medio como del gobierno Uribe, de modo que en la relación costo-beneficio salen gananciosos.

Sea como fuere, el lapo que se acaban de dar habrá de representarles un costo a mediano plazo, no necesariamente en lo económico (todo lo contrario), pero si en lo periodístico. Baste citar las palabras del ex ministro Rudolf Hommes –también columnista de El Tiempo, y quizá próximo a seguir los pasos de la defenestrada- a quien RCN Radio le preguntó por las consecuencias que traería la salida intempestiva de Claudia López, y esto respondió:

“Eso se les va a devolver, pues uno no hace eso impunemente”.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Estado de opinión actuante


La declaración del ministro del Interior y Justicia, Fabio Valencia Cossio, según la cual “es función exclusiva de la Corte Suprema de Justicia elegir al Fiscal General de la Nación de la terna enviada por el Presidente de la República”, tiene tela de dónde cortar. ¿Quién dijo, para empezar, que la Corte está obligada a escoger el Fiscal de una terna en la que ninguno de los candidatos reúne los requisitos mínimos para ocupar tan alto cargo? Elegir de donde no hay nadie elegible encarnaría una gravísima irresponsabilidad con la Nación y, aquí sí, un riesgo de “quebrantamiento del orden institucional”.

Del mismo modo que el Presidente Uribe pretende hacerse reelegir bajo el supuesto de que no hay quién pueda reemplazarlo, su negativa a cambiar la terna conlleva el imperativo de que nadie diferente a Camilo Ospina puede ser el Fiscal General, pues los otros dos ya quedaron descartados, por simple sustracción de materia (jurídica, académica y penal). Bastó escucharlos en la audiencia televisada en la que cada uno expuso sus ‘méritos’, para saber que el Gobierno envió terna de uno, donde la descalificación de ese uno proviene en gran parte de su falta de experiencia en derecho penal y en su aparente cercanía con el zar de las esmeraldas, Víctor Carranza.

Hablando de cercanías, son precisamente las que los tres tienen con el Presidente lo que los descalifica de entrada, pues el cargo requiere de alguien que maneje las funciones inherentes a la rama judicial con independencia de los poderes ejecutivo y legislativo. Es cuestión de sentido común, por estos días el menos común de los sentidos. Pero no sería éste el obstáculo principal, sino el hecho de que trece de los veintiún magistrados de la Sala Plena consideraron a la terna “inviable”. ¿Significa entonces que la Corte debe darle la razón a la minoría, o sea a los ocho magistrados que votaron contra el parecer mayoritario? Eso es, en penúltimas, lo que pretende el Gobierno: que los ocho que sí estuvieron de acuerdo con la terna lleven las de ganar. El mundo al revés, mejor dicho.

La abusiva e indelicada injerencia del Ejecutivo sobre el poder Judicial responde, en últimas, a que tiene supuestas abrumadoras mayorías de aprobación en las encuestas, y asume que esto le da carta blanca para pisotear la institucionalidad inherente a una decisión autónoma de la Corte Suprema. Baste anotar que ésta tiene más que ninguna otra la potestad de rechazar una terna coja en cada una de sus tres patas, así contraríe las expectativas de un gobernante que se cree arropado por el Estado de opinión para seguir cometiendo tropelías.

OTROSÍ: ¿Cuánto tiempo más demorará el partido Conservador en pronunciarse en torno a los líos penales en que se halla involucrado su vicepresidente, el senador Alirio Villamizar?

martes, 8 de septiembre de 2009

El toche y las guayabas maduras



El 4 de enero del año en curso el gobernador de Santander, Horacio Serpa Uribe, concedió una entrevista a El Espectador donde afirmó que “si el Presidente es candidato, mi opinión —sin que sea electoral, pues ahí no puedo participar—, mi convicción política y de conciencia es que las fuerzas progresistas, empezando por las de mi propio partido, no tengan candidato”. Basó su afirmación en que “no hay forma de luchar electoralmente contra quien está en la Presidencia de la República”. Cuando el periodista le preguntó si creía que Uribe de nuevo candidato sería como pelea de toche con guayaba madura, por lo que sería mejor retirar la guayaba, Serpa remató: “sí señor. Yo hice de guayaba la vez pasada, y así no hay chance”.

Estas declaraciones provocaron una fuerte reacción de María Elvira Samper, quien en columna de la revista Cambio (De oveja arisca a cordero manso, 07/01/09) dijo de él que es “lamentable su nuevo talante: tibio, acomodado, derrotista, derrotado... Increíble que considere que el liberalismo debe tirar la toalla, dejarle el campo libre a Uribe y declararse vencido antes de dar la pelea”. Más adelante, la columnista se preguntaba si “¿no es acaso de la búsqueda del poder de lo que se trata la política? ¿El liberalismo no tiene nada qué ofrecer? ¿No puede capitalizar el desgaste del teflón, jugarle a que en la carrera de obstáculos que debe atravesar el referendo reeleccionista (…) Uribe no las tenga todas consigo?”

En su momento, cuando conocimos la declaración de Serpa y la vigorosa respuesta de la columnista, nos parecía que a ésta le cabía toda la razón, pues “hay que apostarle a la derrota del toche, recuperar la línea reformista, democrática y progresista del liberalismo, abrir espacios de participación independientemente de cálculos electorales, de triunfos y derrotas”. Pero hoy las cosas son a otro precio, a tal punto que la vergonzosa aprobación del referendo por parte de la aplanadora uribista llevó a que por primera vez en la historia de EL TIEMPO, cuatro de sus columnistas –Enrique Santos Calderón, Daniel Samper Pizano, María Isabel Rueda (!) y Salud Hernández-Mora- coincidieran el mismo domingo (06/09/09), todos a una, tanto en rechazar los términos en que ésta se dio, como en avizorar un panorama oscuro para la Nación a partir de ese día.

Santos acusó al Presidente de “estar castrando toda posibilidad de alternación democrática en el poder”, Samper vaticinó que “el país saltará al abismo”, Rueda sintió que “no se respiran aires de sanidad política ni administrativa”, y Hernández-Mora encontró que “nos convertimos en una republiquita bananera gemela del vecino de la boina roja”. Tales consideraciones, sumadas al hecho de que el presidente de la Corte Constitucional, Nilson Pinilla Pinilla, ya anunció (coincidiendo con el Estado de opinión) que “el poder está en cabeza del pueblo que es soberano” (El Espectador, 06/09/09), llevan a pensar si no será que Horacio Serpa tiene hoy más razón que la que tenía a principio de año, cuando pidió que la oposición se abstenga de lanzar candidato.

La propuesta de Serpa estaba dirigida a su propio partido, pero habría que ver si a “las fuerzas progresistas” les conviene dar la batalla electoral sobre arenas movedizas, en la medida en que toda la atención de aquí a diciembre estará centrada en el trámite del referendo en la Corte Constitucional, mientras los reflectores se posarán de nuevo sobre lo que Uribe dice o deja de decir y no en torno a las propuestas de los candidatos, y con nadadito de perro seguirá avanzando la idea de podar el umbral del censo electoral, algo que según EL TIEMPO “debe ser intocable” (04/09/09). Por cierto, ¿hay algo intocable para este Gobierno?

En momentos en que los candidatos de la oposición (los de la coalición uribista quedaron todos congelados) parecen coincidir en la convocatoria a abstenerse de votar el referendo –dando así por descontado que la Corte lo validará-, las condiciones estarían más bien dadas para hacer extensiva la abstención al lanzamiento de sus candidaturas, como simple cuestión de dignidad, en la medida que las cartas están cada día más marcadas a favor del tallador y su presencia en la contienda electoral los convierte en idiotas útiles a las ansias de Uribe de perpetuarse en el poder. Su existencia como contraparte legaliza al oponente, diríamos.

Así las cosas, puesto que las reglas del juego han sido acomodadas para favorecer al Presidente, a los precandidatos y precandidatas habría que invitarlos (e invitarlas) a reflexionar en torno a si no estarán jugando el papel de guayabas maduras, todas puestas ahí para legitimar el apetito voraz del toche…

viernes, 28 de agosto de 2009

El Yidisgate y la verdad desnuda



“He volado demasiado alto con alas prestadas”
Charles Van Doren

Hay dos películas que el Ministerio de Educación Nacional debería incluir con carácter obligatorio en el currículo académico: El dilema (Robert Redford, 1994) porque enseña a vivir dignamente, y Las invasiones bárbaras (Denys Arcand, 2003) porque enseña a morir ídem. Hoy hablaremos de la primera, en atención al asombroso paralelo que brinda con el Yidisgate, referente a las dádivas que en 2002 habría recibido la entonces representante Yidis Medina para cambiar su voto de negativo a positivo, a favor de la reelección del presidente Álvaro Uribe.

http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/otroscolumnistas/el-yidisgate-y-la-verdad-desnuda_4353720-1

El título original de la cinta es Quiz Show y alude al escándalo que se desató en Estados Unidos en 1958, cuando se supo que el más popular programa de concurso de la NBC (“Twenty One”) había acudido a una trampa para reemplazar a un concursante –Herbert Stempel- por otro de noble familia y mejor registro visual –Charles Van Doren-, con el único propósito de aumentar la audiencia. Stempel viene a ser como el Yidis de la trama, pues le prometen que le darán su propio programa de televisión si “se tira a la lona”, para lo cual debe responder equivocadamente a una pregunta sencilla: ¿Cuál película ganó el Óscar a mejor film en 1955? Él sabía que había sido “Marty”, pero le obligan a decir que “Nido de ratas” (On the waterfront), la ganadora del año anterior.

El asunto es que el hombre queda ‘ardido’ porque pasan los meses y no le cumplen el trato, y hace “17 llamadas” al canal, donde deja dicho en son de amenaza que “aquí va a pasar algo”, pero no le pasan al teléfono. Así que decide irse hasta la oficina del productor, Dan Enright, para decirle que “yo necesito volver a la televisión. Consígueme un programa o te arrastro conmigo a la mierda. ¡Hazlo, o todos sabrán del fraude!” Lo que Stempel no sabe es que lo están grabando, e incluso conservan las facturas del siquiatra que como ‘cortesía de la casa’ decidieron pagarle cuando lo echaron del programa, y que éste acogió de buena gana.

Mientras tanto, la atención nacional se desplaza hacia el nuevo concursante, Charles Van Doren (Ralph Fiennes, el de El paciente inglés), profesor de idiomas de la universidad de Columbia, quien se convierte en una especie de Joe Di Maggio del intelecto gracias a que semana tras semana responde acertadamente las más variadas y difíciles preguntas, a tal punto que su propio padre se sorprende cuando le escucha responder acertadamente sobre los nombres de los tres campeones mundiales de boxeo que precedieron a Joe Louis: “James D. Braddock… Max Baer y… y… ¿Primo Carnera?”.


Otro sorprendido es un joven abogado recién egresado de Harvard, Richard Goodwin, quien ocupa una ‘corbata’ como miembro del Comité de Supervisión Legislativa del Congreso y se entera de que Stempel presentó denuncia por fraude ante un Gran Jurado, y le da por investigar si será posible tanta belleza, sabiduría y talento en dicho programa. Así que comienza por preguntarle a Charles Van Doren si conoce la queja del concursante anterior, según la cual lo obligaron a perder para que él pudiera entrar, y éste manifiesta no saber nada al respecto.

Goodwin se dirige entonces a Stempel (un hombre emocionalmente inestable, interpretado a la perfección por John Turturro), quien le abre las puertas de su desordenada casa, le explica cómo lo hicieron perder y le dice que “el concurso es una farsa”, de modo que “si acabas con Van Doren, serás más famoso que el Sputnik”. Pero al investigador no le interesa perjudicar al exitoso concursante, pues incluso ha desarrollado hacia él una solidaridad de clase que terminará en amistad y servirá para tratar de protegerlo. Lo que quiere es llegar a la verdad, por lo que toca a las puertas del canal. Allí le hacen escuchar la grabación, le muestran los recibos de las “cinco sesiones semanales” con el siquiatra y le hablan del “estado de enajenación mental” del individuo, así como de su “rencor irracional” hacia el programa. Cualquier parecido con la realidad nacional…

Cuando las cosas parecen haber llegado a un callejón sin salida, ante los reclamos que Goodwin le hace a Stempel por haber ocultado lo del siquiatra y lo del chantaje “(consígueme un programa o…”), éste decide autoinculparse –al mejor estilo Yidis, de nuevo- y contarle que “a mí me daban las respuestas”. De aquí en adelante la película de Redford adquiere la dinámica de una bola de nieve que arrastra todo a su paso, pues después de que el investigador le transmite a Van Doren lo que le ha dicho Stempel, vemos al catedrático atravesando por una crisis de conciencia que lo obliga a pedirles a los realizadores del concurso que ya no le den las respuestas, sino “sólo las preguntas”.

Pero aquí no para la cosa, pues faltaba la prueba reina: un concursante de años atrás, James Snodgrass (y aquí debemos anotar que todos los nombres y sucesos son reales) le entrega a Goodwin un sobre sellado, mientras le explica que se trata de un correo certificado que él mismo se envió un 11 de enero, 48 horas antes del programa en el que él concursaba, con las respuestas a las preguntas que le harían el día 13. Lo cual –puesto que estamos de parangón- nos remonta al video con la entrevista que Yidis había grabado desde un comienzo para Noticias Uno, contando lo que diferentes funcionarios del Gobierno colombiano le habrían ofrecido a cambio de su voto.

Es entonces cuando, a medida que la verdad aflora, queda claro por qué la película se llama “El dilema”. Porque llega el momento en que el hombre más querido y con mayor reputación comprende que el cerco se va cerrando en torno a él, y se ve ante la disyuntiva de seguir mintiendo o… quedar como un ‘cuero’. El propio investigador intenta confrontarlo con la verdad, mediante la narración de una anécdota familiar: un tío que le había sido infiel a su mujer confesó la culpa ocho años después, debido a que “le remordía la conciencia de haberse salido con la suya”. Y a continuación le entrega un citatorio para el Comité, advirtiéndole que “si quieres ser un caballero, pórtate como tal”.

En ese mismo contexto, Van Doren recibe la visita del presidente de la NBC, Robert Kintner, quien le pide firmar una declaración eximiendo de culpa al canal, a la vez que lo invita a convocar a los medios para negar cualquier implicación suya como concursante, no sin antes recordarle que “¿no te hemos tratado como a un miembro de la familia?” Nunca se sabe si en tal condición también tenía comunicación directa con los hijos del presidente del canal (ni siquiera sabremos si éste tenía hijos), pero lo cierto es que el hombre firma el papel, aunque se niega a dar la rueda de prensa, pues cree que “no hay nada más sospechoso que un hombre que no ha sido acusado, declare su inocencia.”

Es sólo ante su padre –Mark Van Doren, doctor en Literatura- que se atreve a desnudar su drama interior, en un vibrante diálogo entre el íntegro moral y el pecador, que este breve espacio nos impide apreciarlo en su totalidad, pero que remata de este modo:

- ¿Te pagaron entonces por engañar al público?

Y el hijo pródigo responde:

- Sí, padre.

Ya frente al estrado, el protagonista del escándalo lee una extensa declaración en la que reconoce que “le mentí al país sobre lo que sabía y sobre lo que no sabía”, y al final es felicitado por los miembros del Comité, quienes alaban su “espíritu gallardo”, su “valentía” y su “caballerosidad, con excepción de uno que se aparta de tanto aplauso porque juzga que “un hombre no puede ser felicitado por decir la verdad”.

En síntesis, El dilema (o Quiz Show) es una película con un guión soberbio, de hondo calado ético, que si pudieran verla todos los involucrados en el Yidisgate con seguridad provocaría un remezón en sus conciencias, pues trata de la importancia de ser honestos y de las complicaciones que trae el faltar a la verdad, en cualquier circunstancia de la vida.

sábado, 27 de junio de 2009

Técnicamente hablando



En su intento por tapar el sol de la recesión con una mano, el ministro de Hacienda, Óscar Iván Zuluaga, manifestó que “técnicamente” no se puede hablar de recesión, porque ésta se define como dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo respecto al trimestre inmediatamente anterior, y no como hizo el DANE, con dos datos trimestrales seguidos de crecimiento anual negativo. Vistas las cosas sin malicia, esto significaría que “técnicamente” Colombia es una ínsula, ajena casi por completo a la crisis económica global. Si nos ceñimos a tan singular retórica, son muchas las cosas que técnicamente no serían lo que parecen ser, sino lo que el Gobierno cree que son. Para la muestra, algunos botones:

Técnicamente en Colombia no existen desplazados, sino “migrantes”.
Técnicamente no hay conflicto interno, sino “amenaza terrorista”.
Técnicamente no hay oposición democrática, sino resentidos y aliados del terrorismo.
Técnicamente no se han presentado ejecuciones extrajudiciales, sino montajes de las Farc.
Técnicamente no existen víctimas, sino culpables de lo que les pasa.

Técnicamente no es que el Presidente se quiera hacer reelegir, sino que no puede desoír el mandato de cuatro millones de firmantes.

Técnicamente no es que las cuentas del Referendo no cuadren, sino que los enemigos de la reelección quieren enredarlas a como dé lugar.

Técnicamente los hijos del Presidente no practican tráfico de influencias, sino relaciones públicas.

Técnicamente este Gobierno no reparte puestos, notarías y dádivas entre sus aliados del Congreso, sino reconocimientos y aplausos.

Técnicamente Álvaro Uribe no es un autócrata, sino un caudillo con mano firme y corazón grande.

Técnicamente no es que la Corte Suprema esté cumpliendo con su deber constitucional, sino que le tiene ‘tirria’ al Gobierno.

Técnicamente el TLC no está enredado, sino en stand by.

Técnicamente Jorge Noguera no es un ex director del DAS acusado de homicidios y otros crímenes, sino “un buen muchacho”.

Técnicamente no se está presentando una reactivación de la actividad subversiva, sino una aproximación al “final del final” del terrorismo.

Técnicamente las ‘chuzadas’ telefónicas no fueron parte de una campaña de persecución de la Casa de Nariño contra magistrados y opositores, sino que fueron realizadas por unos cuantos ‘loquitos’ infiltrados en el DAS, que así querían desprestigiar al Gobierno.

Técnicamente no puede haber ley de Víctimas, sino una muestra de “solidaridad” que no le salga cara al fisco.

sábado, 30 de mayo de 2009

El bosque uribista no deja ver los árboles


En un contexto geográfico se dice que "los árboles no dejan ver el bosque" para referirse a que los accidentes del paisaje dificultan la visión de la panorámica global, pero en un contexto metafórico alude a que los detalles impiden ver el conjunto de cualquier cuestión. Con el gobierno de Álvaro Uribe la fórmula se invierte, pues es el bosque el que no deja ver los árboles: gracias a su inmenso prestigio, ante la opinión pública pasan desapercibidos los innumerables escándalos que en circunstancias normales obstaculizarían cualquier gestión o la harían ingobernable. Escándalos referentes a los vínculos de autoridades, funcionarios, amigos y/o políticos de la coalición uribista con grupos paramilitares unas veces, y otras con narcotraficantes puros, sin que estos hechos –que superan en ocho mil veces o más lo ocurrido durante el proceso 8.000- hayan afectado mayormente su imagen.

La comparación con el gobierno de Ernesto Samper es obligada, pues en ambos casos el narcotráfico permeó sus campañas o su accionar político. La diferencia de fondo radica en una paradoja colosal, como es que el gobierno quizá peor rodeado (de delincuentes de diversa laya) es el que mayor prestigio en la historia de Colombia ha tenido, mientras que lo que le ocurrió a Samper –comparado con los escándalos que hoy a diario revientan- no pasaría de ser un pecadillo venial.

Samper gastó su mandato defendiéndose de las acusaciones y de las invitaciones a renunciar que desde todos los medios le hacían, por cuenta de una suma cercana a seis millones de dólares, aportada por los hermanos Rodríguez Orejuela. Por su parte, el Gobierno de Uribe se defiende acudiendo a mentiras verdaderas, pues mezcla cosas ciertas del pasado (como que muchas alianzas entre políticos y ‘paras’ se dieron antes de su gobierno) con protuberantes hechos del presente que pretende minimizar, como los lazos de cooperación entre su director del DAS y el narcoparamilitar Jorge 40 (quien supuestamente pudo disponer del aparato de inteligencia del Estado para cometer masacres con base en listas que entregaba el DAS), o los imputados crímenes al ex gobernador de Sucre, Salvador Arana (a quien nombró cónsul en Chile para protegerlo), o la colaboración que el ex fiscal Luis Camilo Osorio (a quien nombró embajador en México y de quien dijo “deberían clonarlo”) le habría brindado al paramilitarismo en general y al general Rito Alejo del Río en particular, o el cohecho practicado en Yidis Medina para facilitar su reelección, o las chuzadas ilegales desde el DAS (que sólo a Uribe podían serle útiles), o las visitas clandestinas de mafiosos a Palacio, o los negocios de sus hijos con terrenos que se valorizaron de la noche a la mañana, para mencionar sólo unos pocos escándalos y no alargar la lista. (Y sin mencionar los centenares de ejecuciones extrajudiciales, mal llamadas falsos positivos).

Ya es hora entonces de que se hagan visibles todos los árboles que el tupido bosque tejido por el mesiánico prestigio de Álvaro Uribe no ha dejado ver, para que este gobierno adquiera en la historia el verdadero sitial que se merece.

domingo, 10 de mayo de 2009

Watergate, DAS-Gate...


Vistas las cosas con detenimiento, el caso Watergate –de cuando unas simples escuchas telefónicas condujeron a la renuncia del Presidente de Estados Unidos- guarda ciertas similitudes con el expediente que cursa en Colombia por las chuzadas ilegales del DAS, y es la razón para que algunos columnistas de prensa lo hayan llamado el DAS-Gate. Hay una excelente película de Ron Howard que nos brinda luces al respecto, de la que hablaremos más adelante.

Por ahora, baste recordar que el Watergate tuvo su detonante en una serie de escándalos políticos durante la presidencia de Richard Nixon, que acabaron con una imputación criminal a consejeros como Bob Haldeman y John Ehrlichman, y la dimisión del propio Presidente el 8 de agosto de 1974, hace 35 años. Los escándalos comenzaron con el arresto de cinco individuos que entraron a la sede del Comité Demócrata Nacional, en el edificio Watergate, en Washington, el 17 de junio de 1972. Las investigaciones llevadas a cabo por el FBI y después por el Comité de Watergate en el Senado, revelaron que ese robo fue sólo una de las múltiples actividades ilegales autorizadas y ejecutadas por el equipo de Nixon. También revelaron el alcance de sus crímenes y abusos, que incluían fraude en la campaña, espionaje político y sabotaje, intrusiones ilegales, auditorías de impuestos y escuchas ilegales a gran escala.

La película a la que hacíamos referencia se llama Frost versus Nixon y muestra el enfrentamiento en el que al final se convirtió una entrevista pagada –por Frost a Nixon-, donde el primero termina por arrancarle al Presidente dimitente una confesión de culpa.

En los tres años posteriores a su renuncia, Richard Nixon permaneció en silencio. Sin embargo, en el verano de 1977, el hombre aceptó conceder una única entrevista y contestar a preguntas acerca de su mandato y del escándalo Watergate. Nixon sorprendió a todos al escoger a David Frost como confesor televisivo, seguro de que podría con quien era un alegre presentador británico de televisión, y se ganaría los corazones y las mentes de los estadounidenses. Fueron cuatro entrevistas de una hora cada una, que obtuvieron la mayor audiencia de un programa de noticias en la historia de la televisión norteamericana. Más de 45 millones de telespectadores se sentaron ante el televisor para ver cómo Nixon y Frost se enfrentaban en un fascinante duelo verbal durante cuatro noches. Los dos hombres eran conscientes de que sólo podía haber un ganador, como en efecto lo hubo: Frost.

Podríamos extendernos narrando con deleite los preparativos de las entrevistas y el desarrollo que ya en escena se le dio a cada tema, pero la limitación de espacio nos lo impide. Por ello nos remitimos a transcribir de la última entrevista, lo pertinente al momento en que Nixon confiesa su culpa, con la seguridad de que algo puede aportar a la historia de Colombia:

FROST: Si Haldeman y Erlichman eran los responsables cuando usted se enteró ¿por qué no los mandó a arrestar? ¿No es eso encubrimiento?

NIXON: Quizá debí haber hecho eso. Llamar al FBI y decir “ahí están”. Tómenles las huellas digitales y enciérrenlos. Yo no soy así. Yo conocía las familias de Haldeman y Ehrlichman desde que eran chicos. Y la presión para incriminarlos se hizo abrumadora. Así que lo hice: corté un brazo, luego el otro. Siempre he dicho que lo que hicimos no era criminal. Cuando uno es presidente debe hacer muchas cosas que no son, en el sentido más estricto, legales. Pero las hace porque es lo mejor para la Nación.

F: Espere, ¿está diciendo que en ciertas situaciones el presidente puede decidir si beneficia al país hacer algo ilegal?

N: Cuando lo hace el Presidente, significa que no es ilegal. Eso es lo que creo. Pero me doy cuenta de que nadie más comparte ese punto de vista.

F: ¿En ese caso aceptará, para aclarar las cosas de una vez por todas, que fue parte de un encubrimiento y que sí violó la ley?

En ese momento su asistente Jack Brennan interrumpe la entrevista y se lleva a Nixon a una habitación vecina. “¿Qué pasó? ¿Arrojaste la toalla? ¿Te compadeciste de mí?” le pregunta Nixon, y Brennan le responde: “sólo sentí que si iba a hacer alguna revelación emocional, debería tomarse un momento para planearla. ¿Cuántas consecuencias devastadores podrían tener las revelaciones no planeadas?” Pero continúa la entrevista:

FROST: Discutíamos el periodo del 21 de marzo al 30 de abril, y los errores que cometió, y me preguntaba: ¿los describiría como más que “errores”? Esa palabra no parece ser suficiente…

NIXON: ¿Qué palabra usaría usted?

F: Creo que hay tres cosas que a la gente le gustaría oír: una, que hubo más que errores. Hubo actividad ilegal, y quizá haya sido un delito. Segunda, que “sí abusé del poder que tenía como Presidente”. Y tercera: “el pueblo americano padeció una agonía innecesaria y pido perdón por eso”.

N: Bueno, es verdad, cometí errores. Errores poco dignos de un Presidente, que no alcanzaron el nivel de excelencia con que soñé cuando era joven. Hubo momentos cuando no asumí esa responsabilidad y estuve involucrado en un encubrimiento, como usted lo llama. Y por todos esos errores siento un pesar muy profundo. Nadie puede saber qué se siente renunciar a la Presidencia.

F: ¿Y el pueblo americano?

N: Lo defraudé. Defraudé a mis amigos. Defraudé al país. Y lo peor de todo, defraudé a nuestro sistema de gobierno. Ahora pienso, “todo es demasiado corrupto”. Defraudé al pueblo americano y tengo que cargar con ese peso el resto de mi vida. Mi vida política se acabó…

Un primer plano final muestra la cara de Richard Nixon hinchada y devastada por la soledad, la autocompasión y la derrota. Y pensar que todo fue por unas simples chuzadas al partido rival…

miércoles, 22 de abril de 2009

El 'show' debe seguir


Tal vez el principal motivo por el cual los colombianos clasificamos –según encuestas- entre los más felices del planeta, radica en que el país vive un punto de quiebre permanente, en el que no pasa semana sin que estalle un nuevo escándalo de alquilar balcón. Es algo que pondría de punta los pelos a un predecible suizo o a un gélido danés, pero por tratarse de Colombia cada escándalo termina transformado en un verdadero show, donde hay desde el empresario del espectáculo que maneja los hilos, pasando por los que componen la tramoya bajo órdenes suyas, hasta el público que ávido de emociones observa entre complacido y atónito al maestro de todas las ceremonias.

La rebaja de 400 pesos en el precio del galón de gasolina (a punto de comenzar el paro de los transportadores de carga y a horitas de haber estallado el escándalo por un lote de los hijos del Presidente) es parte de ese mismo show, al que muchos medios de comunicación se pliegan de manera entusiasta e irresponsable. Entre unos y otros se ha perdido el espíritu crítico, conditio sine qua non para la conformación de una masa cada día más inerme e informe, sólo consciente de que el show debe seguir, porque a eso la tienen acostumbrada.

Hace unos meses David Murcia Guzmán se metió con la familia de Álvaro Uribe y quiso darle a éste lecciones de comunicación familiar (“no sé cómo será la relación del Presidente con sus hijos, pero definitivamente no está enterado de lo que hacen…”) y al día siguiente era apresado en Panamá y traído de inmediato a Colombia, en muestra clara de la capacidad de reacción que tiene el personaje a quien Murcia quiso poner en apuros. Ahora el escándalo es por un terreno de 32 hectáreas en Mosquera -que de tener uso rural pasó a convertirse en zona franca-, pero este nuevo asunto en lo más mínimo trasnocha al Presidente, pues lo hemos visto capoteando temporales y tormentas de mayor calado.

Lo verdaderamente asombroso es que ante el cúmulo de escándalos (chuzadas ilegales del DAS, referendo defectuoso, falsos positivos, parapolítica, DMG, visita de mafiosos a Palacio, yidispolítica, etc.) el Gobierno le vaya dando a cada uno su consabido trámite mediático, como si se tratara de un menester más de la vida cotidiana, y la gente quede tan conforme. Es quizá porque se sabe de antemano que en efecto el show continúa, sin que cada nuevo escándalo produzca consecuencias reales (todo pareciera ficción) para complacencia de la galería, desde luneta hasta gallinero.

A esta telenovela de interminables capítulos hoy se suman los hijos del galán, quienes han dicho que “nosotros tenemos por norma contarle todo a mi papá", y de paso han aclarado que su padre se mostró contrario al negocio del lote. Pero ellos le replicaron, cual hijos de tigre: “papá, es que nosotros también somos empresarios; es un derecho que tenemos''.

Y el show continuó.

domingo, 12 de abril de 2009

Un error calculado



Tal vez tiene razón el columnista Saúl Hernández ('El debate de la dosis mínima', EL TIEMPO, 30 de marzo de 2009) cuando escribe que "quienes pretenden dirimir el tema de la penalización de la dosis mínima son consumidores que se favorecen con el permiso de comprarla, portarla y meterla sin ser molestados por las autoridades". Tiene razón, sí, porque es factible que haya uno que otro columnista, director de medio, editor o caricaturista que eventualmente consuma alguna sustancia prohibida, y en ocasiones basta con leerlos para saber si prefieren la hierba o el perico, por mencionar solo las dos de uso más frecuente. En ánimo de acertar se diría que el asunto no se restringe a los medios, sino que se extiende a todas las esferas de la vida social, y el columnista que se escandalice -como Hernández- es porque prefiere cual avestruz esconder la cabeza en el hueco, pues pretende desconocer un fenómeno que al parecer escapa a su comprensión.

En medio de su delirio, afirma olímpicamente que "a este paso, quienes van a decidir lo del referendo de prisión perpetua para violadores de niños van a ser el monstruo de Mariquita y Luis Alfredo Garavito". Expresión no solo tremendista y exagerada sino discriminatoria y de mal gusto, pues emparienta a dos reconocidos violadores con el que se mete -o metió, pero dejó de hacerlo- un pase de cocaína o un barillo de marihuana en algún momento de su proceso creativo, o como pudo darse en la que Héctor Abad tituló como su "columna enmarihuanada", a quien reconocemos la valentía de su confesión, en un medio tan macartizado.

Parte de la confusión del columnista citado se hace palpable en una frase que encierra la madre de todas las contradicciones, pues parte de una premisa evidente cuando sostiene que "se ha exacerbado el contradictorio mensaje de que todos tenemos derecho a darnos en la cabeza", siendo que en efecto todos tenemos derecho a darnos en la cabeza, sea literalmente contra las paredes o en el sentido sicodélico que quiso darle. Premisa además hipócrita, pues se asume casto y pulcro sin ver la viga en el ojo propio, ante un Gobierno cuyas ideas defiende y al que en el fondo no le interesa saber si tiene o no la razón en lo de la penalización del consumo, porque lo único importante es que tienen a la gente pensando en eso.

Debería tratarse de un tema irrelevante y circunscrito a la vida privada de las personas (si uno quiere trabarse o pararse en la cabeza o colgarse de ella), pero nos lo han vuelto un asunto policivo, porque nuestro Presidente así lo ha querido. Es una batalla mediática, en la que con cara no pierde Uribe y con sello gana él.

Para rematar, sostiene el columnista Hernández que "(se ha exacerbado el contradictorio mensaje de que) si uno es un adicto -o sea un enfermo- no lo pueden obligar a curarse". Cae aquí de nuevo en el mismo solipsismo de su insolente ignorancia, pues la lógica de la razón nos obliga -aquí también- a creer que nadie puede ser obligado a abandonar una adicción, como tampoco a actuar contra sí mismo. Es una perogrullada decir que no ha habido el primer alcohólico al que lo hayan obligado a curarse, pero no servirá de prueba a nuestro propósito, pues solo nos quieren tener hablando de eso.

Motivo por el cual, ante la imposibilidad de advertir sobre tan tremendo error de percepción, lo mejor es callar.

martes, 17 de marzo de 2009

El póquer de Juan Manuel


Especial para UN PASQUÍN

Chapeau, dicen los franceses cuando en gesto simbólico se quitan el sombrero ante algo que los impresiona positivamente, así mantengan puntos de vista contrarios al personaje o suceso en cuestión. Algo así podría decirse –sin negar que con gran esfuerzo- ante las más recientes declaraciones y actuaciones del ministro de Defensa de Colombia, Juan Manuel Santos, con las consecuentes reacciones que éstas han provocado.

Comencemos por decir que no es correcto que Santos esté utilizando su ministerio para posicionarse políticamente antes de salir a buscar la Presidencia de la República, pero continuemos agregando que los pasos que ha dado se encaminan en la dirección estratégicamente acertada, disgústele a quien le disguste. No es nuevo saber que Juan Manuel Santos es con Rafael Correa y Hugo Chávez como el agua y el aceite, pero sí es nuevo cuando el primero decide revolver agua y aceite en pleno uso de sus facultades mentales, con el –si se quiere perverso- propósito de que su nombre suene duro en un terreno donde a Uribe le ha tocado morigerarse, porque las relaciones comerciales con las naciones vecinas así se lo exigen.

Cuando a su regreso de Washington el ministro agita el cotarro regional invocando legítima defensa y dejando claro que en tal perspectiva estaría dispuesto a ir por los cinco cabecillas de las Farc que según informes de inteligencia estarían en Venezuela; cuando a continuación se reúne con la cúpula militar y los convence de pedirle al Presidente Uribe que convoque el Consejo de Seguridad, es porque decidió tallar fuerte en la partida, a tal punto que jugó sus restos… y ganó. El reciente acuerdo suscrito con el gobierno de Brasil para permitir que aviones militares de uno u otro país puedan adentrarse hasta 60 km en sus respectivas fronteras para eventuales persecuciones a terroristas o criminales, se inscribe en este contexto.

Parte de su triunfo estriba en lograr que Chávez despotrique de él, porque igual al presidente de Venezuela también le escuchan ahora criticar duramente a Barack Obama, de modo que la ganancia está en que hablen mal de Santos, sí, pero que hablen. Flaco favor, pues, el que Chávez se hace cada vez que menciona a su enemigo político e ideológico, pues lo engrandece.

Y Juan Manuel lo sabe, como sabe también cuánto les desagrada –casi por igual- a los presidentes Álvaro Uribe y Hugo Chávez la septembrina “oligarquía bogotana”, a la que el ministro Santos y su primo el Vice pertenecen, y a la que Uribe procura neutralizar para que no se le atraviese en su anhelo de un tercer período, porque sabe que “a los enemigos, mejor tenerlos cerca”.

Y sigue la partida…

sábado, 14 de marzo de 2009

“Me arrepentiré toda la vida”: Yidis Medina


Especial para EL ESPECTADOR

Por simple coincidencia, Yidis Medina Padilla vive en detención domiciliaria en un apartamento situado a unos pasos de la Fiscalía General de la Nación, cual si ésta siguiera los suyos a tan corta distancia. Pero no es por coincidencia que en días pasados esa misma Fiscalía le dictó nueva medida de aseguramiento, en este caso por los delitos de rebelión y secuestro extorsivo agravado, debido a hechos ocurridos el 21 de diciembre de 2000, cuando fueron secuestrados por milicias urbanas del ELN el entonces alcalde encargado de Barrancabermeja, Ricardo Sequea Cristancho (quien nueve años después entabló la denuncia contra Yidis), el tesorero municipal, Juan Carlos Carvajal Torres, y el diputado de Santander, Luis Francisco Guarín.
Días antes de conocerse el pronunciamiento de la Procuraduría respecto a la yidispolítica, la controvertida ex representante Yidis Medina habló con El Espectador y se sostuvo en sus acusaciones de que se dejó comprar del Gobierno y que como retaliación a sus denuncias fue objeto de un montaje que hoy la tiene procesada además por secuestro.
¿Cómo explica que esté condenada pero libres quienes supuestamente la llevaron a cometer el delito?
Si el Fiscal actúa con transparencia, se va a poder saber que ellos me ofrecieron y que yo recibí. Espero que se haga justicia, porque es imposible que yo haya ido a las instituciones a concretar los nombramientos de las personas por encima de los ministros.

Cuando aceptó las prebendas del Gobierno, ¿pensó que se beneficiaría más si no le cumplían, y por eso grabó un video con Noticias Uno?
Cuando yo grabé ese video lo hice porque estaba amenazada. Si el Gobierno fue capaz de ponerme abogados para que yo le dijera mentiras a la Corte Suprema, puede ser capaz de muchas cosas. Yo no pagué esos abogados, no los conocía, me los presentó Héctor Echeverri, hermano de Fabio Echeverri, muy cercano al Presidente.

Pero usted ha sido calificada como “una mujer calculadora”.
Si hubiera sido una mujer calculadora no habría hecho una negociación tan picha.

¿Negociación picha con quién?
Con el Gobierno, porque me dejé comprar. Llegué a creer que yo era la octava maravilla por haber votado a favor de la reelección. Es algo de lo cual me arrepentiré toda la vida.

No podrá negar que fue un error haber dicho que no había llamado al hijo del Presidente, cuando resultó que sí...
No recordaba el asunto, como tampoco el Presidente recordó que me había hecho ofrecimientos y después dijo que me había pedido que votara a favor de la reelección, para ayudar al Magdalena Medio.

¿Es verdad que una vez el Presidente le dijo “ayúdeme a que no gane el Polo en Barranca”?
Cuando yo era Yidis la buena y llevaba a José Obdulio a Barrancabermeja a hacer lanzamiento de sus libros, con más de 1.500 personas en el hotel Pipatón, hasta el Presidente me decía que había que trabajar duro para que no ganara la oposición.

Hace poco le dictaron medida de aseguramiento por el secuestro de unos funcionarios en Barrancabermeja. ¿Cómo toma esa decisión?
Es una de las cosas más injustas que pretende endilgarme el Gobierno por haber dicho la verdad. Nunca he tenido un brazalete ni de la guerrilla ni de los paramilitares. Voy a tratar primero de quitarme el montaje que me tienen de secuestradora. Después, ya veré.

¿En qué le ha servido a usted esta experiencia?
En todo. Por ejemplo en aprender a ser una mamá más responsable. En lo personal he descubierto que tengo cierto talento para pintar. Además he aprendido a conocer más a Dios.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Rojas Birry y DMG


Especial para EL TIEMPO

Hacen bien –en el sentido ético y moral- el senador Gustavo Petro y el concejal Carlos Vicente de Roux al pedir la renuncia del Personero de Bogotá, Francisco Rojas Birry, por las implicaciones que tiene una conversación telefónica en la que dos funcionarios de DMG alistan el envío de 200 millones de pesos a su residencia particular. Lo sorprendente es que sean sólo ellos dos los miembros visibles del Polo que salgan en defensa de la decencia administrativa, ante un suceso en todo comparable a lo que le ocurrió al ex director del Invías, Daniel García, quien pretendió atornillarse a su puesto pese al mar de evidencias, gracias a que siempre contó con la complicidad del uribismo y la aquiescencia de sus jefes inmediatos, el ministro de Transportes y el mismo Presidente de la República.



En el caso que hoy nos ocupa, basta una pequeña dosis de malicia indígena –la que no tuvo el indígena Rojas Birry- para saber que alguien tuvo que haberles pedido esa plata a los de DMG, y que ese alguien fue muy presumiblemente el mismo alguien que les suministró la dirección exacta de su conjunto residencial, con el número de la casa. Su permanencia en el cargo no tendría entonces connotación diferente a la de ‘darles papaya’ a los críticos de la alcaldía de Samuel Moreno (y del mismo partido que los representa), entre ellos al ex alcalde Enrique Peñalosa, quien con tal conocimiento de causa le afirmó a la revista Semana que “las medidas del Alcalde muestran que el Polo es de derecha”. Medidas como la de haber promovido en el concejo la elección de Rojas Birry al cargo de Personero, a sabiendas de que sus funciones tienen que ver con el control de los funcionarios y las entidades del Distrito, y pese a tratarse –el elegido- de un amigo suyo, con quien trabajó hombro con hombro en la campaña.

Falta sólo por ver cómo actuará la bancada del Polo en el Concejo de Bogotá, ante el debate que la oposición piensa hacerle al Personero en próximos días. Esta actuación de sus copartidarios es decisiva para conocer hasta qué punto tiene razón las voces –de dentro y fuera- que hablan de la ‘clientelización’ y la ‘anapización’ del PDA. Sea como fuere, Francisco Rojas Birry está en mora de conjugar la r de renunciar, por el bien no sólo de la imagen de la administración de su buen amigo Samuel, sino del Partido que ambos representan. Y por el suyo propio, si algo le queda de decoro político.


OTROSÍ: Inteligente decisión la de Germán Vargas Lleras al querer someterse a una consulta con los precandidatos del Partido Conservador. Él necesita atajar desde el partidor a Andrés Felipe Arias, el candidato más potencialmente fuerte entre todos los uribistas confesos, si lo dejan abrir sus alas. Es un pichón que con gran rapidez se transformaría en águila, contando con las bendiciones de su protector. Interesante además la invitación que le hace Juan Manuel Santos a Vargas Lleras para que “trabajemos juntos” (El Espectador, 01-03-08). Ellos terminarán por necesitarse mutuamente.


martes, 3 de marzo de 2009

Ocho mil veces 8.000


Especial para UN PASQUÍN

A nadie tanto como al presidente Uribe podían servirle las interceptaciones telefónicas o 'chuzadas' a los más variados personajes de la vida nacional, que reveló la revista Semana. Pero si nos atenemos a la información suministrada por los grandes medios, la única interesada en esas voces de las vidas de otros sería “una red mafiosa” que quizá interceptaba por hobby, porque a ellos de poco o nada podían servirles los contenidos de esas grabaciones. A excepción de los ya reconocidos mafiosos –como alias ‘Cuchillo’ y alias ‘el Mellizo’- que pagaban por interceptar a otros mafiosos, sólo que éstas chuzadas eran más bien contrataciones free lance que los ‘chuzadores’ ejercían en sus ratos libres.
La gran paradoja: no hay organismo del Estado que dependa tan directamente del Presidente de la República como el DAS, pero es el que más escándalos –y de más alto nivel- le ha aportado a su gestión, y siempre se nos quiere hacer creer que la Presidencia nada ha tenido que ver con esto. Si de responsabilidades políticas se trata, tanto este escándalo como el primero –relativo a la supuesta actuación orquestada de Jorge Noguera con grupos paramilitares de la costa Caribe- son de un tamaño protuberantemente mayor al escándalo que le reventó a Ernesto Samper por el ingreso de miserables seis millones de dólares del narcotráfico a su campaña, en lo que se conoció como el Proceso 8.000.

¿No es acaso ocho mil veces peor lo que está ocurriendo durante este Gobierno? Primero fue la mano derecha de Álvaro Uribe en asuntos de inteligencia, Jorge Noguera, y esta vez son los respectivos jefes de inteligencia y contrainteligencia del DAS, Fernando Tabares y Jorge Alberto Lagos. Pero aquí no ha pasado nada. Ahora nos los harán pasar como delincuentes comunes, y no sería extraño incluso que recuperaran su libertad (¡aún no tienen orden de captura!) por falta de pruebas, o por vencimiento de términos.

Y esta vez también estaremos obligados a creer que todo fue a espaldas del Presidente. Ah nefasto precedente…

Esto significa –a diferencia del caso anterior- que nos está gobernando alguien al parecer rodeado de las peores compañías posibles, y esto es posible porque aquí el estallido de escándalos (amén de otros estallidos) se volvió el pan de cada día, sin que nada pase. ¿Qué tal los ministros del Interior y de Defensa al unísono con el recién desempacado director del DAS, Felipe Muñoz, todos poniendo la misma cara de yo no fui? Entonces, ¿quién nos está gobernando, si aquí nadie responde por nada?

Cualquier parecido con Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos… ¿es pura coincidencia?


jorgegomezpinilla@yahoo.es

domingo, 15 de febrero de 2009

Gustavo Petro y su cambio radical


Grueso favor el que la división del Polo Democrático le está haciendo al gobierno de la Seguridad Democrática, por cuenta de la pelea que han casado los sectores que encabezan Gustavo Petro y Carlos Gaviria, donde para nadie es un secreto que lo que está en juego es la candidatura a la Presidencia de la República. Lucho Garzón está más afuera que adentro desde el día en que amenazó con crear el partido de la Calle si no le daban la candidatura, y no se la dieron, por lo que se fue a hacerle ojitos al Partido Liberal, y ahí sí le pararon bolas. Pero lo que pasa entre Petro y Gaviria tiene directa incidencia sobre la vida nacional, en la medida en que hablamos del partido que en la pasada elección presidencial puso la segunda votación más alta, y cualquier decisión que se tome en su Congreso del 26 de febrero alterará la composición de fichas sobre la mesa del póker que desde Palacio intenta controlar el presidente Uribe.

Es de esperar que las ambiciones personales de uno y otro no arrojen por la borda los propósitos de unidad con que nació el PDA, pues si no aprovechan la oportunidad dorada que la coyuntura hoy les ofrece, pasarán lustros para recomponerse como alternativa política, mientras van en busca del tiempo perdido. Lo irónico del asunto es que ambos parecieran tener la razón, pues mientras adquiere sentido el llamado de urgencia que hace Petro a la búsqueda de un candidato interpartidista mediante una gran convergencia de fuerzas opuestas a Uribe (donde caben hasta los “uribistas arrepentidos”), también tiene sentido que el sector que encabeza Gaviria quiera mostrar desde el principio un candidato propio, para que no se desdibuje el Polo como opción de izquierda democrática, en medio de la montonera. Vistas pues las cosas desde una óptica pragmática, se diría que la propuesta de Petro es la correcta si el candidato a enfrentar fuera Uribe, pero la de Carlos Gaviria sería la acertada si el contendiente fuese un uribista confeso.

Petro ha decidido coquetearle al centro no porque se haya vuelto liberal (¿o sí?), sino porque sabe que necesitará millones de votos de uribistas arrepentidos si quiere un día siquiera acariciar la Presidencia (no ahora, sino en el 2014), y sabe además que al Congreso del Polo no llega con los necesarios para alzarse con la candidatura, mientras que Carlos Gaviria sí. Por eso prefiere aparecer hoy como coalicionista (antes que como radical), mientras le llega su cuarto de hora.

Qué bueno sería entonces si por el bien de su propio partido (así fuera sólo por eso) se pusieran de acuerdo, para que sus rencillas internas no terminaran por favorecer al Príncipe de Maquiavelo, en lo referente a la máxima del “divide y reinarás”. El presidente Uribe sabe que no las tiene todas a favor de su apetito ya desmesurado de poder, pero juega las cartas con la audacia del más habilidoso prestidigitador. La más reciente –en figura de as- fue el lanzamiento de la candidatura de Andrés Felipe Arias, quien al contrario de Petro (y de Gaviria) sí las tiene todas a su favor, pues sólo cuando se le cierren todas las vías –legales y de las otras- a un eventual tercer período de Uribe, éste entregará a su pupilo el portaestandarte de la Seguridad Democrática y pondrá en él todas sus complacencias.

Por ahora, valdría la pena preguntarse si candidatos de la talla de un Juan Manuel Santos o un Germán Vargas Lleras estarían dispuestos (los demás uribistas sí, por supuesto) a someterse a una consulta abierta en compañía de Arias, después de recibir éste el guiño que lo acredite como el verdadero Príncipe de la Casa Real. Es aquí donde el Polo tendría que meditar en torno a qué sería lo más conveniente para enfrentar al ‘uribito’ de marras, si un hombre valiente, brillante y analítico –aunque impetuoso- como Gustavo Petro, o la reposadas experiencia y erudición de un ex magistrado y Presidente de la Corte Constitucional, con los más honrosos títulos en Jurisprudencia de la Universidad de Harvard, a quien se le debería encomendar la misión de virar el rumbo del país hacia un verdadero Estado de Derecho.

Sea como fuere, hay tiempo para ambos. No es sino cuestión de establecer turnos.

jorgegomezpinilla@yahoo.es

lunes, 2 de febrero de 2009

Ante la tumba de Jesús

Publicado en eltiempo.com el lunes 31 de marzo de 2008. No se encontró rastro de su publicación en la red, ni en el archivo electrónico de El Tiempo.




Dice el padre Alfonso Llano S.J. que “el final de Jesús ofrece una doble dimensión, humana y divina”. A la parte humana le dedicó tiempo atrás unas líneas sinceras, que le ocasionaron un sonado veto de la jerarquía católica. Hoy, vuelto por sus fueros (El Tiempo, 23 de marzo de 2008) afirma que “Jesús muere realmente”, y que “su final fue precipitado, oscuro, absurdo, doloroso en grado sumo”.

Con ello pretende hacer claridad en que el Hijo de Dios no murió “en apariencia”, como habría ocurrido si para cumplir el designio de la resurrección se hubiese representado su muerte, como fórmula de redención divina. La intriga en torno al tema es teológica, puesto que se mueve en una dimensión “sólo perceptible con la fe”. Pero es una fe que aporta incluso la fecha, con día y hora exactos de su muerte: “hacia las tres de la tarde del viernes 7 de abril del año 30 de nuestra era, víspera de la pascua judía”, según LLano.

En aras de esa misma exactitud cronológica –y científica, en últimas- el debate se torna aún más intrigante con el polémico documental que realizó James Cameron (el mismo de Titanic, sí) sobre el hallazgo de una tumba familiar en Talpiot Hills, un moderno suburbio de Jerusalén, hace más de 20 años. Allí, las osamentas estaban enterradas en sarcófagos acompañados por estos nombres: "José, María, Jesús -hijo de José-, Mariamne (según el documental, María Magdalena) y Judá -hijo de Jesús-". Antes, un equipo de investigación liderado por Simcha Jacobovici (quien luego trabajó con Cameron) había concluido que los huesos sí pertenecían a la época en que vivió Jesús. Eso, sumado a los sarcófagos identificados con todos los nombres del clan, despertó muchas inquietudes*.

Las revelaciones fueron hechas en un documental que vio una breve luz el 4 de marzo de 2007 por Discovery Channel –financista del proyecto-, en una única emisión que provocó un tsunami de protestas religiosas a lo largo y ancho del planeta, al punto que el canal prefirió enterrar el tema en el olvido. Y así habría quedado, si no fuera porque el trabajo de Cameron cayó en manos del profesor y ministro metodista James Charlesworth (del Seminario Teológico de Princeton), experto en el Nuevo Testamento aunque escéptico por principio, quien urgió a una exploración más profunda. Así que entre el 13 y el 16 de enero pasados reunió en Jerusalén a un panel de 50 arqueólogos expertos en ADN, estadística, cerámica y lenguas antiguas, donde –según revela la revista Cambio- se pasó de decir “es imposible que sea la tumba de la familia de Jesús”, a “es posible que sea".

La discusión no es de poca monta, pues está atada a uno de los pilares de la fe católica, como es la resurrección de Cristo, y de contera a casi 2.000 años de civilización cristiana. De cualquier modo, no es hora de sacar conclusiones apresuradas. Cualquier avance científico notable pasaría por desenterrar la tumba, lo cual demorará más de lo esperado, debido a que implicaría demoler la parte del conjunto residencial que –pese al hallazgo- le edificaron encima.

Los judíos residentes en Talpiot Hills no tienen dificultad para conciliar el sueño, pues la religión que profesan les dice que su Mesías no ha llegado. Pero ¿qué podría ocurrir en el mundo católico si –hechas las comprobaciones científicas de rigor- resultara que esa tumba contuvo en efecto los restos de Jesús de Nazareth y su familia?

Elemental, mi querido Watson: habría que comenzar por reescribir la Historia.
* Las osamentas y demás evidencias fueron llevadas a un anticuario judío, donde estuvieron varios años. Algunas ya desaparecieron, junto con los planos que mostraban la ubicación de los sarcófagos.

sábado, 31 de enero de 2009

La trastienda de Transmilenio


Con todo el respeto que inspira la opción política que representa Samuel Moreno Rojas y el partido que lo acompaña, la reciente medida del Pico y Placa para los bogotanos, extendida a todo el día dos veces a la semana, terminará por darles la razón a los que creían que el camino hacia el infierno está empedrado de buenas intenciones. El primero que lo dijo fue Lutero (no Dante, como podría pensarse), pero igual podrían pensarlo hoy las víctimas del recorte a su libertad para desplazarse, y cuyas protestas y consecuencias estarán al orden del día por tratarse de una medida no sólo impopular –sumado a que ningún gremio la respalda- sino inadecuada.

http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/otroscolumnistas/la-trastienda-de-transmilenio_4782506-1

El asunto podría servir de tema para agudos caricaturistas, pues encierra una doble paradoja: si a Enrique Peñalosa lo señalaban como el enemigo público número uno del carro particular –por lo de los bolardos y los andenes despejados-, Moreno le arrebata este sitial al ex alcalde con su reciente movida en torno al Pico y Placa, que además lo enfrenta a la odiosa tarea de vigilar que los conductores no compren más carros, para que así no le fabriquen la trampa a la medida. (Imagínense: ilegal hacer compras…)

Es inocultable que la gente que basa en el vehículo particular su subsistencia o su constante movilidad, estará tentada a comprar otro o a adquirir una moto de diferente dígito en la placa, para así evitarse las molestias en un desplazamiento diario que no quiere interrumpir, pues afectaría su economía o, por qué no, hasta el libre desarrollo de su personalidad. La conclusión más lógica –en medio de tanta ilógica- es que aumentará el parque automotor, o sea lo que precisamente se pretende evitar con la aplicación de tan draconiana norma. Y no sólo habrá más carros, sino también más motos.

Doble paradoja, sí, porque la solución más a la mano en términos de movilidad podría brindarla precisamente Transmilenio, la obra insignia del ex alcalde Peñalosa que tanto criticó Moreno durante su campaña. Es una verdad de Perogrullo que hay un alarmante exceso de vehículos en las calles, y que por tanto se debe desestimular su uso, y con esa finalidad comenzó a operar Transmilenio. Y nadie se negaría a dejar el carro en casa si supiera que puede levantarse sin prisa y ahorrar gasolina, porque en la estación (así esté algo lejana) lo espera un bus que sin peligrosos tumultos lo trasladará de modo rápido, relativamente cómodo y seguro. Pero la realidad es otra, específicamente desde la alcaldía de Lucho Garzón, cuando el prestigio de Transmilenio se vino a pique en parte por las losas quebradas y en parte por una deficiente Gerencia, que trastocó las aspiraciones de su creador a una segunda alcaldía y allanó el camino para el nieto del general Rojas Pinilla, montado sobre el caballito del Metro para todos.

Triple paradoja si se quiere, pues la mejor gerencia de Transmilenio la ejerció –y lo dice un asiduo usuario- quien desde hace unos días se desempeña como Secretario de la Movilidad, Fernando Álvarez. Lo cual podría resultar benéfico, pues sabe a qué nos referimos si le hablamos de incrementar hasta el tope el número de frecuencias y extender las rutas de los alimentadores a nuevos sectores, y traer buses de donde no los tengan y adelantar una ‘agresiva’ campaña de promoción (de su uso), de modo que rescate su lado amable y eficiente, para bien de tirios y troyanos. Es obvio que ello obligaría a los dueños de los buses de Transmilenio a reducir su rentabilidad financiera, consistente en que a más pasajeros apiñados y menos buses circulando, mayores ganancias. ¿Estaría acaso el Distrito dispuesto a subsidiar esa diferencia, en aras de garantizar una mejor movilidad?

Una cuarta paradoja radica en que los embotellamientos que hoy se presentan están ligados a la ejecución de la Fase III de Transmilenio, sobre la calle 26 y la carrera 10º, mientras muchos pragmáticos se preguntan si lo ideal no habría sido –ya entrados en gastos- empatar esta última con la carrera Séptima en lo que sería una previsible fase IV, en lugar de esperar un eventual Metro que (en caso de concretarse) obligaría al usuario de Transmilenio que va por la 10º a bajarse de éste y caminar en busca del vagón del Metro para continuar su camino hacia el norte, en fin…

A riesgo de equivocarnos, pues, diríamos que si no se ha acudido más a Transmilenio como solución a la crisis de movilidad no es porque resulte un recurso inútil, sino porque parecería políticamente incorrecto invocar su ayuda, en un momento en que se da por descontado que se trata de un medio de transporte con mediocre imagen, por peligroso y por congestionado. ¿Por qué no mejorarlo entonces en grado sumo, en lugar de mantenerlo en la trastienda?