domingo, 18 de febrero de 2018

Uribe – Fiscal: indebida y pecaminosa cercanía



A menudo en Colombia ocurren situaciones que se inscriben en el reino del absurdo, pero que por tratarse de un país enfermo se asumen como normales. Una de ellas es la visita que el pasado miércoles –de ceniza- 14 de febrero le hizo Álvaro Uribe Vélez al fiscal Néstor Humberto Martínez Neira, de la cual Noticias Caracol reseñó que “estuvo casi todo el día y tuvo tiempo para todo (…) hasta para que le pusieran la ceniza con la señal de la Santa Cruz".

Comencemos por decir que el noticiero pisó la cascarita ‘religiosa’, pues la intención del astuto visitante era la de hacerse ver como un hombre piadoso. Sea como fuere, el Fiscal General de la Nación no debería tener potestad para recibir en su despacho a un individuo tan cuestionado: masacre del Aro, falsos positivos, chuzadas, corrupción rampante en su gobierno, etc. En cualquier país respetuoso de la legalidad, eso habría dado para que la Corte Suprema de Justicia llamara a Martínez Neira a rendir cuentas por permitir que alguien investigado por la misma Corte utilice su despacho con una intención propagandística, por completo contraria a las funciones del ente acusador.

La reseña de Código Caracol contó que Uribe “asistió (…) para pedirle a la Fiscalía que tramite un convenio con Estados Unidos para otorgarle rebaja de penas a dos paramilitares extraditados” (Ramón Quintero alias ‘Diego Rasguño’ y Diego Pérez alias ‘Diego Rastrojo’), porque supuestamente tendrían valiosa información sobre el asesinato del líder conservador Álvaro Gómez Hurtado y sobre su hermano Santiago, hoy preso bajo acusaciones de conformación de grupos paramilitares, homicidios y desapariciones.

Lo primero a preguntarnos es qué clase de vínculos tiene Uribe con personas presas en EE.UU. y por qué consigue de ellos información privilegiada con tan asombrosa facilidad, inclusive la carta de uno de ellos debidamente apostillada (la del narco Ramón Quintero) haciendo ofrecimientos al Fiscal colombiano.

Por cierto, ¿a qué puede obedecer el repentino el interés de Uribe en el proceso por el magnicidio de Álvaro Gómez Hurtado? ¿A quién pretende enlodar o favorecer? ¿Y qué tiene que decir el Departamento de Estado norteamericano ante el hecho de que un senador colombiano ande ahora de intermediario de reos confinados en cárceles de alta seguridad? ¿Sera que Uribe contó con el visto bueno del Departamento de Estado para hacer esas indagaciones carcelarias y obtener la carta de un narco dirigida al Fiscal Martínez?

De otro lado, ¿cómo hizo para que a la velocidad del rayo alias ‘don Berna’ –otro de los presos- se haya retractado (con impecable redacción) de un correo de incuestionable procedencia suya, dirigido a la abogada e investigadora Maria McFarland, donde acusó a Uribe de haber ordenado el asesinato de Pedro Juan Moreno?: “la muerte de El fue producto de un saboteo al Elicoptero (sic) donde se movilizaba. Acción llebada (sic) a cabo por órdenes de Uribe”. (Ver correo).

Frente a la tarde de recreo con show mediático que el Fiscal le permitió montar a Uribe en predios de la Fiscalía, queda la impresión de que lo hizo no solo para distraer la atención sobre las dos columnas (la publicada el 11 de febrero y la anunciada para el siguiente domingo) donde Daniel Coronell reveló los correos de don Berna, sino también por el anuncio de nuevas revelaciones que trae el libro de la señora MacFarland, There Are No Dead Here: A Story of Murder and Denial in Colombia (Aquí no hay muertos: una historia de asesinato y negación en Colombia). Allí se hace referencia al asesinato del defensor de derechos humanos Jesús María Valle, en el que al parecer Uribe también resulta implicado. (Ver última columna).

Además de lo anterior, tan maquiavélica visita a la Fiscalía suscita otros interrogantes: ¿puede el Fiscal General de la Nación reunirse con un político cuestionado –e investigado- que anda en campaña electoral, y además recibirle la solicitud de tramitar una rebaja de penas para unos paramilitares presos en Estados Unidos? ¿No debe ser esta una tarea del Estado colombiano?

¿De ahora en adelante cualquier político diferente a Uribe, pero que como él esté siendo acusado o investigado, puede reunirse como cualquier parroquiano con el Fiscal General de la Nación y recibir cubrimiento de los medios?

¿Tuvo que ver en la celebración de dicha reunión que Néstor Humberto Martínez haya sido militante activo de Cambio Radical y que el apoyo de Álvaro Uribe resulte vital para la aspiración presidencial de Germán Vargas Lleras?

¿Ese marcado interés del senador Uribe en que se tramite un convenio con la justicia de EE.UU. para rebajarles penas a unos paramilitares, no corrobora acaso su cercanía con el paramilitarismo? De otro lado, ¿no podían ellos mismos elevar esa solicitud directamente a la Fiscalía, por intermedio de sus abogados? Mejor dicho: ¿utiliza Uribe a esos paras… o esos paras lo utilizan a él?

¿Siendo que Uribe tiene a su hermano Santiago preso, tiene buen recibo que pretenda ahora fungir ante la justicia como negociador de unos presos en EE.UU. a cambio de favorecer a su pariente?

Hablando de parentescos, ¿estuvo varios años preso –sí o no- su ‘parcero’ el primo Mario Uribe por haber llegado al Congreso con los votos conseguidos a sangre y fuego por grupos paramilitares?

Y por último: ¿el Fiscal General del que aquí se habla es el mismo que el 29 de abril de 2015 dijo “el presidente (sic) Uribe es un patriota, juntos trabajamos por Colombia”? (Ver declaración).


DE REMATE: Una parte de los interrogantes aquí expuestos fueron tomados de un audio que circuló en Whatsapp la semana pasada, procedente de alguien que se presenta como periodista pero cuyo nombre no revela. Me parecieron pertinentes y, en tal medida, dieron origen a esta columna.

lunes, 12 de febrero de 2018

Abelardo de la Espriella me quiere matar… del susto


Tres hechos recientes involucran en orden cronológico al abogado –que no jurista- Abelardo de la Espriella y dan origen a estas líneas.

El primero es una columna suya del 3 de febrero en la página uribista Los Irreverentes, titulada De la legítima defensa a la defensa de la patria, donde la mejor defensa que se le ocurre es el atentado personal que ya promovió contra Nicolás Maduro (Muerte al tirano), pero ahora parece hacer extensivo a Gustavo Petro cuando invita “a los colombianos a que no sean indiferentes a la criminalidad, a que pongan el pecho como ordena el deber ser y, si es del caso, a que aprieten el gatillo sin remordimiento. Por abogado no se preocupen: pongo a disposición gratuitamente mi firma para defender a todos aquellos que se rebelen contra los bandidos”. (Ver columna). Puedo estar equivocado, pero tan inusual convocatoria se prestaría incluso para que personas trastornadas se crean con derecho a conformar una banda de asesinos que atienda ese llamado.

Tres días después anunció demanda por difamación contra Daniel Coronell, a raíz de una columna suya titulada El avión, donde el periodista se refirió al jet privado del abogado y a sus relojes de 84.000 dólares. Coronell respondió de manera escueta: “Reto a cualquiera a que encuentre una difamación en mi columna”. (Ver noticia).

El tercer hecho hace referencia a la citación que recibí para comparecer “URGENTE” (sic) a la Fiscalía General de la Nación “con el fin de adelantar diligencia penal” justo el día que sale esta columna, hoy miércoles 14 de febrero de 2018, a las 11 de la mañana. Con carácter perentorio, se me informa que es “ULTIMA OPORTUNIDAD”.

No es fácil entender por qué la PRIMERA citación a una simple audiencia de conciliación constituye “última oportunidad”, pero basta continuar la lectura para constatar que el tono amenazante se mantiene en el resto del citatorio. Más abajo señala que “en caso de no llegar a un acuerdo con la víctima (o sea Abelardo de la Espriella, quien me denuncia por injuria) deberá comparecer acompañado de un profesional del derecho a fin de ser asistido en diligencia de INTERROGATORIO DE PARTE”. Y remata con que en caso de “IMCUMPLIMIENTO (sic), SE HARÁ CONDUCIR POR LOS UNIFORMADOS DE LA POLICÍA NACIONAL”.  Todo en gritonas mayúsculas. (Ver citatorio).

Es obvio que el documento fue redactado con el propósito de infundir miedo, y frente a semejante esperpento solo puedo declararme en DESOBEDIENCIA CIVIL por tratarse de un burdo intento de atropello legal, sobre todo cuando anuncian que si no concilio seré sometido a “INTERROGATORIO DE PARTE”.

Por último, remata así el ucase: “En caso de haber llegado a un acuerdo amistoso con LA VÍCTIMA, deberá informar a este estrado judicial”. Y pregunto: ¿acaso no soy yo la VÍCTIMA de falsa denuncia y fraude procesal? Lo único cierto aquí es que ‘don’ Abelardo se cree inmune a la justicia e investido del derecho a insultar, amenazar y denunciar penalmente a quien le critique sus excentricidades o ese afán exhibicionista de andar mostrando que le sobra la plata.

Su deleznable denuncio se basa en columna titulada “Ante la ‘cagada’ de Uribe en Atenas” (ver columna), donde afirmé que Los irreverentes “es una página sin dirección conocida ni responsable legal, dedicada a calumniar y denigrar de todo lo que no sea uribista. Se dice que es financiada por Abelardo de la Espriella y cuenta con su orientación informativa, la cual comparte con Iván Cancino y José Obdulio Gaviria”. Según el demandante, yo lo califiqué ahí de “calumniador”, y lo llamativo del asunto es que me refería al dueño de la página (Ernesto Yamhure), no al agresivo abogado.

Por tratarse de algo con tan poca fuerza jurídica, mi impresión personal es que al demandante lo que menos le preocupa es si su litigio llega a prosperar. Su único interés radica por un lado en fastidiar a sus detractores obligándolos a asistir a engorrosas citaciones, y por otro en mojar prensa, con base en la consabida estrategia: “que hablen bien o mal de mí, pero que hablen”.

Hay un segundo motivo para no asistir a la amenazante citación que me hace la Fiscalía: justo a esa misma hora (11 a.m.) tengo una cita con mi abogado, a ver si lo convenzo de que me rebaje al menos una pequeña parte de la gruesa suma que pretende cobrarme por asumir el riesgo de defenderme de un sujeto tan peligroso.

Peligroso, sí, teniendo en cuenta que lo suyo son las amenazas y las bravuconadas. El típico personajillo que si no hubiera tenido los recursos para estudiar Derecho, nunca habría pasado de matón de esquina: uno de esos agalludos que en el colegio les pegaban a los chiquitos e hicieron su carrera a la sombra del más perro. Un Juanito alimaña, mejor dicho.


De ahí debe provenir su pinta de rufián de barrio (traje de paño brillante a rayas, pantalón bota-campana, zapatos en gamuza morada y sombrero boyacense) pero no es eso lo que incomoda. Lo que de verdad irrita es ese estilito ramplón del que cree que portándose como un truhan infunde miedo, cuando la reacción que provoca es de desprecio, un desprecio sustentado en la convicción de quien sabe que no existe motivo para temerle a su vulgar matonería, al menos desde lo legal.

Desde lo legal, digo, para abrir la puerta a un esguince: su reiterada incitación al asesinato sí es de temer, pues según su retorcida visión de “la criminalidad”, cualquier persona que piense diferente a él o se atreva a confrontarlo califica como candidato a apretar el gatillo “sin remordimiento”.

Dejo así constancia de las razones que me abrigan para no asistir a la perentoria cita, y de paso advierto: si se llegaren a concretar las ominosas amenazas de las que me declaro víctima, mis lectores podrán deducir quién pudo estar interesado en aniquilarme o hacerme daño.

"Don" Abelardo, un mensaje final: mándeme a los "uniformados" si quiere, mándeme a sus gatilleros perros bravos o al mismísimo Fiscal General de la Nación, pero no me dejaré doblegar por tan ordinaria intimidación, proveniente de un fiscal que sin haberme escuchado anuncia en mayúsculas amenazantes que si no me rindo a sus pies seré sometido a interrogatorio.

A la Fiscalía le anuncio con respeto, pero sin miedo: cuando me cite un fiscal sin tomar partido de antemano en favor del demandante, como ciudadano cumplidor de la Ley concurriré a declarar y a hacer valer mis derechos. Estos por ahora lucen vulnerados o imposibles de defender, ante quien da muestras de estar más interesado en agenciar una vendetta personal que en ejercer justicia.

DE REMATE: Antes de la primera vuelta el Partido Conservador correrá a refugiarse bajo la falda de Germán Vargas Lleras y adherirá a él como su candidato. Esto reforzará las maquinarias de la derecha no uribista y radicalizará la otra orilla ideológica, desplazando votos de Fajardo hacia el petrismo y haciendo casi ‘cantada’ una segunda vuelta Petro versus Vargas.

lunes, 5 de febrero de 2018

Salud y ataúd, ahora en combo dos por uno




En días recientes llegó a mi Whatsapp lo que a primera vista parecía una noticia falsa, donde se hablaba de un “Plan de prevención exequial integral”, promovido entre sus afiliados a medicina prepagada por la  empresa Colsanitas. Venía acompañado de una imagen esperanzadora y bucólica: seis miembros de una misma familia en tres generaciones, los dos padres, dos hijos y dos nietos mirando desde la orilla del mar hacia la inmensidad del universo. (Ver afiche promocional).

El tema atrajo mi atención de periodista, pues despertaba cierta aprehensión –por no decir temor- que una empresa dedicada a preservar la salud de sus pacientes apareciera de pronto ofreciendo servicios funerarios. Cómo así, me preguntaba: ¿cuál tranquilidad brinda una entidad que además de ofrecerle al afiliado el acceso a los mejores especialistas, a servicios de urgencias y a clínicas de alto nivel, le añade a su paquete de servicios la funeraria que lo va a enterrar?

Para salir de toda duda –ética obliga- extrañado pregunté a Colsanitas, y esto respondieron: “Se trata de un beneficio GRATUITO (sic) que la Empresa les otorga, a partir de este año, a todos sus afiliados. Los interesados pueden acceder a ese servicio sin ningún trámite o costo adicional. Para (…) Colsanitas es una prioridad acompañar a sus usuarios durante todas las etapas de su vida y velar tanto por su salud física, como mental. Por esta razón, ha querido incluir este nuevo beneficio entre los convenios que hacen parte de su Programa de Fidelización de Usuarios”.

Vamos por partes, lo primero a considerar es que entre “todas las etapas de la vida” no está la muerte, sino lo contrario: por simple sustracción de materia, la muerte no forma parte de la vida. En segundo lugar, la tal gratuidad no es cierta: no se trata de que los familiares del expaciente no tendrán que pagar un solo peso por servicios como la sala de velación, el ataúd o la cremación, sino que Colsanitas les brinda facilidades de acceso a la empresa encargada de recibir, atender y despachar el cadáver. Lo único gratuito es la inscripción.

Lo que hace Colsanitas es ‘direccionar’ (así se dice en mercadeo) al cliente hacia un proveedor determinado, con el cual establece un convenio de tipo comercial, por supuesto, pues no se ha visto la primera empresa que le guste trabajar a pérdida. Es precisamente en ese contexto donde se entiende la “fidelización”, que consiste en ganarse unos pesos adicionales después de que –motivo defunción- han perdido a su ‘fiel’ cliente. Y que conste, la ética también me obliga a contar que soy afiliado a la EPS Sanitas, y hasta el día presente me declaro por completo satisfecho con la prestación de sus servicios, no puedo quejarme. Me siento a gusto.

Colsanitas está en todo su derecho de brindarle una última ‘atención’ a su cliente después de que se les ha ido, pero es algo que no tiene bonita presentación, considerando que surgen interrogantes como este: ¿es correcto que una empresa dedicada a preservar la salud de sus pacientes, pretenda también lucrarse con la muerte de ellos? De otro lado, ¿qué estarán pensando las demás empresas de medicina prepagada? ¿No se supone que en medio de la crisis del sector salud, lo que se debe entregar es confianza y seguridad en la calidad de sus servicios médicos?

Puesto que hablamos de mercadeo, viene al caso recordar uno de los grandes errores que cometió McDonald’s cuando en 2012 tuvo la ocurrencia de crear en Twitter el hashtag #McDStories, para animar a la gente a contar historias donde el protagonista fuera su amor por la famosa cadena de comida rápida. Sin embargo, les salió el tiro por la culata cuando se les convirtió en el hashtag preferido de los tuiteros para lanzar duros dardos contra la marca. Por ejemplo: “McNuggets was the last meat my wife ever ate. Said it was enough motivation to become a vegetarian. Still veggie after 10+ yrs”. (McNuggets fue la última carne que mi esposa comió. Dijo que era suficiente motivación para ser vegetariana. Todavía vegetariana después de más de 10 años). Ver trino.

Moraleja y conclusión, para McDonald’s y Colsanitas: sean realistas, no expongan su marca en el ojo del huracán innecesariamente. Antes de lanzar una campaña comercial, analicen las posibles consecuencias negativas.

Visto desde un plano estrictamente ético, el negocio de las funerarias y servicios exequiales no debería estar incorporado al Plan de Salud de ninguna empresa cuya misión es prolongar la vida de la gente. Salud sí, muerte no. Que de la muerte se encarguen otros, los especialistas en eso. No se pueden mezclar peras con cenizas de osario.

DE REMATE: La airada rechifla de la semana pasada en Armenia contra Rodrigo Londoño Echeverry es en gran parte el resultado de haber conservado el nombre FARC. Es algo ofensivo e ignominioso para las víctimas. Error y torpeza además cuando ‘Timochenko’ mantiene su alias de combate (Timo, sinónimo de engaño) para lanzarse a la presidencia. La candidata por ese grupo debió ser Imelda Daza, pero prefirieron actuar con talante provocador al preservar en la memoria de los colombianos su pasado guerrerista, en lugar de proyectar un mensaje conciliador. Es posible que los abucheos sean coordinados por una ‘inteligencia superior’, pero es que esa gente de la FARC no se ayuda, sino todo lo contrario. Son como los del ELN, que matan policías humildes para demostrar que están “comprometidos con los pobres de Colombia”. Y después salen a pedir cacao…